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Trasplante cardíaco

Por Martin Hertl, MD, PhD, Jack Fraser Smith Chair of Surgery and Director of Solid Organ Transplantation, Rush University Medical Center ; Paul S. Russell, MD, John Homans Distinguished Professor of Surgery;Senior Surgeon, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital

El trasplante de corazón se reserva para las insuficiencias cardíacas graves, arteriopatías coronarias u otros trastornos cardíacos graves que no pueden tratarse eficazmente con fármacos o con otras formas de cirugía. En algunos centros médicos, máquinas de circulación pueden mantener con vida a los pacientes durante semanas o meses mientras se espera un corazón compatible. Además, se están utilizando corazones artificiales implantables, recientemente desarrollados, para poder esperar hasta que haya un corazón disponible o, en algunas situaciones experimentales, para ser utilizados como un sustituto a largo plazo. Sin embargo, alrededor de un cuarto de los pacientes fallecen mientras esperan. Los corazones donados deben trasplantarse en un plazo de 4 a 6 horas.

En torno al 95% de los receptores de un trasplante de corazón mejoran considerablemente su capacidad para realizar ejercicio y llevar a cabo las actividades diarias en comparación con el periodo previo al trasplante. Más del 70% vuelven a trabajar toda la jornada. Alrededor de entre el 85 y el 90% de los receptores de trasplantes cardíacos sobreviven por lo menos un año.

La mayor parte del corazón lesionado se extirpa a través de una incisión en el tórax, pero se deja sin extirpar la pared posterior de una de las cavidades superiores del corazón (aurículas). A continuación, se conecta el corazón donado a lo que queda del corazón del receptor. El procedimiento dura aproximadamente de 3 a 5 horas y la estancia hospitalaria tras la intervención suele oscilar entre 7 y 14 días.

Complicaciones

Se deben administrar inmunosupresores para evitar el rechazo del corazón trasplantado. Si aun así se produce rechazo, pueden aparecer debilidad y un ritmo cardíaco alterado o rápido (arritmias). Además, el corazón trasplantado podría no funcionar bien, lo que causa hipotensión arterial y acumulación de líquido tanto en las piernas como, a veces, en el abdomen, lo que a su vez se traduce en hinchazón (edema). También se puede acumular líquido en los pulmones, que produce dificultad para respirar. Sin embargo, el rechazo suele ser leve. En este caso, puede que no se observe ningún síntoma, pero la electrocardiografía (ECG) detectará cambios en la actividad eléctrica del corazón.

Por lo general, si existe sospecha de rechazo, se lleva a cabo una biopsia. Se inserta un catéter en una vena, a través de una incisión en el cuello, y se introduce hasta el corazón. Un dispositivo situado en el extremo del catéter permite extraer una pequeña muestra de tejido cardíaco para su examen al microscopio. Puesto que los efectos de un rechazo pueden ser graves, se realiza una biopsia anual con el fin de detectar rechazos que hasta ese momento no hayan causado síntomas.

La mayoría de las muertes posteriores a un trasplante de corazón se deben a un rechazo que ha tenido lugar poco después de la intervención o a infecciones. Alrededor de una cuarta parte de los receptores de trasplantes cardíacos desarrollan ateroesclerosis en las arterias coronarias.