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Obtención de muestras de tejido y células

Por Bradley D. Figler, MD, Assistant Professor of Urology, University of North Carolina

Biopsia de riñón

La biopsia renal (en la que se extrae una muestra de tejido del riñón que se examina al microscopio) se utiliza principalmente para ayudar al médico a diagnosticar los trastornos que afectan a los vasos sanguíneos especializados del riñón (glomérulos) y a los túbulos, así como causas poco corrientes de lesión renal aguda (ver Lesión renal aguda). Suele hacerse una biopsia en un riñón trasplantado para detectar signos de rechazo.

Para una biopsia renal, la persona se acuesta boca abajo y se le inyecta un anestésico local en la piel y en los músculos de la espalda localizados por encima del riñón. Se utiliza una ecografía o una tomografía computarizada (TC) para localizar la parte del riñón donde se hallan los glomérulos y evitar, así, los grandes vasos sanguíneos. Se introduce a través de la piel la aguja para biopsias y se hace avanzar hasta el riñón.

Este procedimiento no suele practicarse en personas que padezcan hipertensión arterial incontrolada, trastornos hemorrágicos, infecciones activas de las vías urinarias o en quienes tengan un solo riñón (excepto en el caso de un riñón trasplantado). Entre las complicaciones derivadas se incluyen hemorragia en la orina alrededor del riñón y formación de pequeñas fístulas arteriovenosas (comunicaciones anómalas entre arterias y venas muy pequeñas) en el interior del riñón.

Biopsia de vejiga

La biopsia de vejiga se hace sobre todo para diagnosticar el cáncer de vejiga. A veces también se hace para diagnosticar otros trastornos, incluyendo la cistitis intersticial (ver Cistitis intersticial:) y, en raras ocasiones, para el diagnóstico de infecciones como la esquistosomiasis, que son muy poco frecuentes en los países desarrollados. A veces los médicos usan la biopsia de vejiga para valorar la respuesta de una persona al tratamiento (denominada vigilancia). En personas con trastornos hemorrágicos (como la hemofilia), por lo general, la biopsia de vejiga no se realiza o se realiza sólo cuando se llevan a cabo precauciones especiales. Si una persona tiene una infección de las vías urinarias, la biopsia de vejiga normalmente no se realiza hasta después de que la infección haya sido tratada.

Las biopsias se pueden hacer en el consultorio del médico con anestesia local o en un quirófano con anestesia general. Si se extirpa una gran cantidad de tejido o existe riesgo de hemorragia después del procedimiento, se puede dejar un tubo de drenaje (catéter) en la vejiga para eliminar la sangre y los coágulos y evitar así la obstrucción de la uretra.

Tras realizar una biopsia de próstata

La biopsia de próstata se utiliza para diagnosticar el cáncer de próstata (por ejemplo, si a un hombre se le detecta un alto nivel de antígeno prostático específico o si el médico palpa un nódulo al hacer un tacto rectal). Las complicaciones de la biopsia de próstata son muy poco frecuentes y consisten en sangrado rectal excesivo e infección generalizada (septicemia). Por lo tanto, la biopsia de próstata no se suele realizar si el hombre sufre un trastorno hemorrágico o una infección de las vías urinarias. Antes de proceder a la biopsia, la persona afectada debe dejar de tomar medicamentos que afecten a la coagulación de la sangre (como la aspirina o ácido acetilsalicílico).

Algunos médicos prescriben antibióticos orales o inyectados en los días previos a la realización de la biopsia y otros recomiendan un enema antes de la biopsia. Los médicos insertan en el recto una sonda de ecografía que proporciona imágenes de la próstata para guiar la colocación de la aguja de la biopsia. Se suele administrar un anestésico local y luego, a través de la sonda de ecografía, se inserta una aguja en la próstata, con la que se toman diversas muestras de tejido. Estas muestras de tejido se analizan en el laboratorio para buscar signos de cáncer.

Estudio citológico de la orina

El estudio citológico de la orina (un examen microscópico de la orina con el fin de detectar posibles células cancerosas) es útil, en algunas ocasiones, para diagnosticar cáncer de los riñones y de las vías urinarias. En las personas de alto riesgo, como fumadores, trabajadores de la industria petroquímica y personas con hemorragias indoloras, la citología urinaria permite detectar la presencia de cáncer (ver Diagnóstico de cáncer : Cribado). Este método también se usa en el control posterior de las personas sometidas a extirpación de un tumor en la vejiga o el riñón. Sin embargo, los resultados pueden a veces indicar la presencia de un cáncer aun siendo este inexistente, o pueden fallar al no indicar un cáncer que sí existe, en especial cuando este es muy reciente o crece de forma lenta.