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Enfermedad por descompresión

Por Alfred A. Bove, MD, PhD, Temple University School of Medicine

La enfermedad por descompresión (mal de descompresión, enfermedad de la cámara hiperbárica o enfermedad del buzo) es un trastorno en el cual el nitrógeno, disuelto en la sangre y los tejidos debido a la alta presión, forma burbujas cuando la presión disminuye.

  • Los síntomas pueden incluir fatiga y dolor en los músculos y las articulaciones.

  • En el tipo más grave, los síntomas pueden ser similares a los de un accidente cerebrovascular, o bien se manifiestan como dificultad para respirar y dolor torácico.

  • La persona es tratada con oxígeno y terapia de recompresión (oxígeno a alta presión o hiperbárico).

  • Para prevenir la enfermedad, es conveniente limitar la profundidad y la duración de las inmersiones y la velocidad de ascenso.

El aire está compuesto principalmente de nitrógeno y oxígeno. Puesto que el aire sometido a presión elevada se comprime, cada inspiración realizada en las profundidades contiene muchas más moléculas que una inspiración en la superficie. Dado que el organismo utiliza continuamente el oxígeno, por lo general el exceso de moléculas de oxígeno inhaladas bajo una presión elevada no se acumula, pero el exceso de moléculas de nitrógeno sí se acumula en la sangre y los tejidos. A medida que va disminuyendo la presión exterior durante el ascenso tras una inmersión o durante la salida de una cámara hiperbárica, el nitrógeno acumulado que no puede espirarse de inmediato forma burbujas en la sangre y los tejidos. Estas burbujas pueden expandirse y lesionar los tejidos o bien obstruir los vasos sanguíneos de varios órganos, ya sea directamente o provocando pequeños coágulos de sangre. Esta obstrucción de vasos sanguíneos causa dolor y varios síntomas más (por ejemplo, síntomas similares a los de un accidente cerebrovascular, debilidad repentina en un lado del cuerpo, dificultad para hablar, mareo o incluso síntomas parecidos a los de la gripe). Las burbujas de nitrógeno también causan inflamación, lo cual produce tumefacción y dolor en los músculos, las articulaciones y los tendones.

El riesgo de sufrir la enfermedad por descompresión se agrava con:

  • Ciertos defectos cardíacos

  • Agua fría

  • Deshidratación

  • Volar después de bucear

  • Esfuerzo

  • Fatiga

  • Aumento de presión (es decir, la profundidad de la inmersión)

  • Tiempo transcurrido en un ambiente presurizado

  • Obesidad

  • Edad avanzada

  • Ascenso rápido

Puesto que el exceso de nitrógeno sigue disuelto en los tejidos corporales durante al menos 12 horas después de cada inmersión, quienes realicen inmersiones repetidas el mismo día tienen más probabilidades de padecer la enfermedad por descompresión que quienes realicen una única inmersión. Un viaje aéreo inmediatamente después de haber realizado una inmersión (como puede suceder al final de unas vacaciones) expone a la persona a una presión atmosférica todavía más baja, lo cual hace que la enfermedad por descompresión sea algo más probable.

Es posible que se formen burbujas de nitrógeno en los vasos sanguíneos pequeños o en los propios tejidos. Los tejidos con un alto contenido graso, como los del cerebro y la médula espinal, son los más afectados, porque el nitrógeno se disuelve en grasa con mucha rapidez.

La enfermedad por descompresión puede afectar diversos órganos, y su carácter puede oscilar entre leve y grave. El tipo I de enfermedad de descompresión tiende a ser leve y afecta principalmente las articulaciones, la piel y los vasos linfáticos. El tipo II, potencialmente mortal, a menudo afecta a sistemas de órganos vitales, entre los que se incluyen el cerebro y la médula espinal, el sistema respiratorio y el sistema circulatorio.

Síntomas

Por lo general, los síntomas de la enfermedad por descompresión se manifiestan de modo más lento que los de la embolia gaseosa y el barotrauma pulmonar. Solo la mitad de las personas con enfermedad por descompresión presentan síntomas al cabo de una hora de salir a la superficie, mientras que un 90% los manifiesta al cabo de 6 horas. Es común que los síntomas comiencen de forma gradual y tarden algún tiempo en alcanzar su punto máximo. Los primeros síntomas pueden ser fatiga, pérdida de apetito, dolor de cabeza y una sensación imprecisa de malestar general.

Tipo I (menos grave)

El tipo menos grave (o forma musculoesquelética) de la enfermedad de descompresión (a menudo denominada enfermedad del buzo), por lo general produce dolor, que suele afectar las articulaciones de los brazos o las piernas, la espalda o los músculos; en ocasiones es difícil localizar la zona concreta. El dolor puede ser leve o intermitente al principio, pero es posible que después se intensifique con rapidez y sea intenso; puede ser punzante o bien, como a veces se describe, «profundo» o como «si algo estuviera perforando el hueso». Empeora con el movimiento. Los síntomas menos comunes son prurito, erupción cutánea, inflamación de los nódulos linfáticos y fatiga extrema. Estos síntomas no son potencialmente mortales, pero pueden preceder a problemas más peligrosos.

Tipo II (más grave)

El tipo más grave de enfermedad por descompresión (tipo II) suele producir síntomas neurológicos, que van desde un leve entumecimiento hasta parálisis y la muerte. La médula espinal es especialmente vulnerable. Cuando la médula espinal está afectada, los síntomas incluyen entumecimiento, hormigueo, debilidad o una combinación de los anteriores, y puede darse en los brazos, en las piernas o en las cuatro extremidades. Una debilidad leve u hormigueo puede progresar en cuestión de horas hasta una parálisis irreversible. También puede producirse una incapacidad para controlar la orina o defecar. Es frecuente el dolor en el abdomen y la espalda. Los síntomas de afectación cerebral son en su mayoría similares a los de la embolia gaseosa: cefalea, confusión, dificultad para hablar y visión doble. La pérdida de consciencia es poco habitual.

Los nervios del oído interno pueden resultar afectados y causar vértigo intenso, ruidos y pérdida de audición. Las burbujas de gas que viajan a través de las venas hacia los pulmones producen tos, dolor torácico y empeoran progresivamente la dificultad para respirar (sofocamiento). Los casos graves, que son infrecuentes, pueden acabar en choque (shock) y muerte.

Efectos tardíos

Los efectos tardíos de la enfermedad por descompresión incluyen la destrucción de tejido óseo (osteonecrosis disbárica, necrosis ósea avascular), especialmente en el hombro y la cadera, lo que provoca un dolor persistente y una discapacidad grave. Estas lesiones no se dan entre los buzos recreativos, sino, más bien, en las personas que trabajan en un ambiente de aire comprimido y en los buzos que trabajan en un entorno submarino. Estos trabajadores están expuestos a una presión elevada durante periodos prolongados y pueden padecer la enfermedad sin detectar dolor músculoesquelético. Los buzos técnicos, que bucean a más profundidad que los buzos recreativos, sufren mayor riesgo que estos. Las lesiones óseas y de las articulaciones pueden progresar gradualmente a lo largo de meses o años hasta convertirse en una artritis grave e incapacitante. Cuando se produce una lesión articular grave, el único tratamiento posible es la sustitución de la articulación.

Los problemas neurológicos crónicos, como la parálisis parcial, suelen deberse a que el tratamiento de los síntomas de la médula espinal fue postergado o inadecuado. Sin embargo, en ciertos casos la lesión es tan grave que no puede ser corregida, ni siquiera con un tratamiento apropiado. Los tratamientos reiterados con oxígeno en una cámara de alta presión parecen ayudar a algunas personas a recuperarse de las lesiones de médula espinal.

Diagnóstico

La enfermedad por descompresión se reconoce por la naturaleza de los síntomas y por su aparición relacionada con el buceo. Pruebas como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN) a veces muestran anomalías en el encéfalo o la médula espinal, pero no son fiables. Sin embargo, la terapia de recompresión debe iniciarse antes de saber los resultados de la TC o la RMN, excepto cuando el diagnóstico no está claro o cuando el estado del buzo es estable. Para diagnosticar la osteonecrosis disbárica es necesario realizar radiografías.

Prevención

Habitualmente, el buzo puede evitar la enfermedad por descompresión restringiendo la cantidad total de gas que absorbe su organismo. Dicha cantidad se puede restringir limitando la profundidad y la duración de las inmersiones, hasta el punto de que no sea necesario hacer paradas de descompresión durante el ascenso (lo que se conoce entre los buzos como límites sin paradas), o bien ascendiendo con paradas de descompresión tal como se especifica en los textos autorizados, como por ejemplo en la tabla de descompresión del United States Navy Diving Manual. En estos textos se detalla un patrón de ascenso que, por lo general, permite expulsar el exceso de nitrógeno sin causar lesiones. Muchos buzos llevan consigo una computadora portátil sumergible que rastrea continuamente la profundidad y el tiempo de permanencia. La computadora calcula la pauta de descompresión para un retorno seguro hasta la superficie e indica cuándo hay que hacer las paradas para descompresión.

Además de guiarse por un gráfico o por pautas computarizadas para el ascenso, muchos buzos hacen una parada de seguridad durante unos minutos, aproximadamente a 4,5 m de la superficie.

Sin embargo, seguir estos procedimientos no elimina el riesgo de sufrir la enfermedad por descompresión. Son pocos los casos en que la enfermedad por descompresión se debe a inmersiones sin paradas, pero la incidencia de la descompresión no ha disminuido a pesar del uso extendido de computadoras sumergibles. La incapacidad de eliminar el trastorno por descompresión puede ser debida a que las tablas y los programas existentes no tienen en cuenta todos los factores de riesgo entre distintos buzos, o bien a que algunas personas no respetan las recomendaciones de las tablas o de las computadoras.

También son necesarias otras precauciones:

  • Tras varios días de inmersiones, suele recomendarse pasar un periodo de 12 a 24 horas en la superficie antes de hacer un viaje aéreo o de trasladarse a una zona de más altitud.

  • Las personas que se han recuperado por completo de un trastorno por descompresión moderada deben abstenerse de practicar submarinismo por lo menos durante un periodo de 2 semanas.

  • Las personas que han sufrido una descompresión, a pesar de haber seguido las recomendaciones de la tabla de inmersión o de la computadora, no deben volver a bucear hasta haberse sometido a una evaluación médica meticulosa para detectar factores subyacentes de riesgo, como un defecto cardíaco.

La red de alerta para buceadores (www.diversalertnetwork.org, en Estados Unidos) ofrece la posibilidad de realizar consultas las 24 horas de problemas relacionados con el buceo.

Tratamiento

Alrededor del 80% de las personas se recuperan completamente.

Los buzos que solo experimentan prurito, erupción cutánea y fatiga por lo general no necesitan someterse a recompresión, pero deben permanecer bajo observación porque pueden aparecer síntomas más graves. La respiración de oxígeno puro a través de una mascarilla bien ajustada puede proporcionar cierto alivio.

Terapia de recompresión

Cualquier otro síntoma del trastorno por descompresión indica la necesidad de tratamiento en una cámara de alta presión (de recompresión o de oxígeno hiperbárico) porque la recompresión restaura la circulación sanguínea normal y el oxígeno en los tejidos afectados. Después de la recompresión, la presión se reduce gradualmente con pausas preestablecidas para dar tiempo a que el exceso de gases abandone el organismo sin causar daños. Puesto que los síntomas pueden reaparecer o empeorar al cabo de 24 horas, se somete a tratamiento incluso a las personas que solo presentan dolor moderado o transitorio, o síntomas neurológicos.

La terapia de recompresión es beneficiosa hasta 48 horas después del buceo y debe ser aplicada aun cuando llegar a la cámara más próxima requiera hacer un viaje importante. Durante el tiempo de espera y durante el transporte debe administrarse oxígeno con una mascarilla facial muy bien ajustada y proporcionar líquidos por vía oral o intravenosa. Los retrasos prolongados en el tratamiento aumentan el riesgo de que las lesiones resulten permanentes.

¿Sabías que...?

  • Volar durante las 15 horas posteriores al buceo (lo que puede ser habitual cuando se está de vacaciones) aumenta el riesgo de sufrir trastornos por descompresión.

Recursos en este artículo