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Introducción a las lesiones torácicas

Por Thomas G. Weiser, MD, MPH, Department of Surgery, Section of Trauma & Critical Care, Stanford University School of Medicine

Los traumatismos torácicos afectan con mayor frecuencia a las costillas, la parte superior del abdomen, los pulmones, los vasos sanguíneos, el corazón, los músculos, las partes blandas y el esternón. A veces también se lesiona el esófago, la clavícula o la escápula.

En los Estados Unidos, los traumatismos torácicos causan alrededor del 25% de las muertes debidas a un traumatismo grave. Muchas de las lesiones que pueden causar la muerte en los primeros minutos u horas después del traumatismo pueden ser tratadas o estabilizadas en el servicio de urgencias sin necesidad de realizar una intervención quirúrgica mayor.

Causas

Las lesiones en el tórax pueden estar causadas por contusiones (como en accidentes de tráfico, caídas y lesiones deportivas), o por un objeto que penetre en su interior (como una bala o un cuchillo).

Los traumatismo torácicos suelen ser graves o constituyen un peligro inminente para la vida debido a que interfieren con la respiración o la circulación. Algunos traumatismos lesionan los nervios y los músculos del tórax (pared torácica) lo suficiente como para que sea difícil que los pulmones se llenen de aire con normalidad. La lesión pulmonar por sí misma interfiere con el intercambio de gases, la principal función de los pulmones mediante la cual se toma oxígeno y se elimina dióxido de carbono (ver Intercambio de oxígeno y dióxido de carbono). Los traumatismos torácicos pueden causar problemas circulatorios si ocasionan un sangrado importante. El sangrado a menudo se produce en el interior de la cavidad torácica, lo que también interfiere con la respiración. Además, la lesión cardíaca puede afectar a la circulación interfiriendo con la capacidad del corazón para bombear sangre hacia el cuerpo.

Entre las lesiones torácicas frecuentes o potencialmente graves se incluyen las siguientes:

¿Sabías que...?

  • Determinados tratamientos simples, como la introducción de agujas o tubos en el tórax después de un traumatismo pueden salvar la vida.

Síntomas

La zona lesionada suele ser sensible al tacto o estar dolorida. El dolor es peor cuando se llena el pecho de aire. Puede haber hematomas en el tórax. A veces el paciente tiene sensación de falta de aire. Si la lesión es grave, es posible que tenga dificultad respiratoria, somnolencia o confusión, y la piel puede estar fría, sudorosa o azul. Estos síntomas pueden desarrollarse cuando los pulmones tienen una disfunción grave (fracaso- respiratorio ver Insuficiencia respiratoria) o el paciente está en estado de shock (ver Choque (shock)). Si el sujeto está en estado de shock por lo general tiene la presión arterial peligrosamente baja y percibe cómo su corazón se acelera.

Otros síntomas dependen de la lesión torácica específica. Por ejemplo, a veces el aire se acumula por debajo de la piel en personas con neumotórax. La zona crepita y burbujea al comprimirla. Las venas del cuello a veces aumentan de tamaño si se acumula sangre o líquido en el saco que contiene al corazón y se altera la capacidad del corazón para bombear la sangre (taponamiento cardíaco ver Taponamiento cardíaco) o si se desarrolla un neumotórax a tensión (ver Neumotórax a tensión).

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen

Por lo general, es evidente la lesión torácica. Sin embargo, la gravedad de las lesiones torácicas no se puede determinar sin la evaluación de un médico.

En primer lugar, el médico usa un fonendoscopio para determinar si todas las partes de los pulmones reciben aire, y examina cuidadosamente el cuello y el tórax en busca de lesiones. Cuando el paciente tiene dificultad para respirar, se coloca un sensor en el dedo (pulsioxímetro) para medir la cantidad de oxígeno en la sangre. En ocasiones el médico mide la cantidad de oxígeno y dióxido de carbono en la sangre mediante un análisis de sangre (gasometría arterial).

Casi siempre se realiza una radiografía de tórax. La radiografía de tórax pone de manifiesto la mayoría de los casos de neumotórax, hemotórax y fracturas de clavícula, así como algunas fracturas costales. Sin embargo, normalmente se necesita una ecografía para mostrar las posibles lesiones cardíacas. Se puede hacer una tomografía computarizada (TC), una ecografía y/o una aortografía (angiografía de la aorta) si se sospecha una lesión de la aorta (ver Introducción a las pruebas de diagnóstico por la imagen).

A veces también se hacen análisis de sangre y una electrocardiografía (ECG).

Tratamiento

  • Medidas de apoyo a la respiración y a la circulación

  • Tratamiento de la lesión específica

Las lesiones con riesgo vital evidente se tratan tan pronto como sea posible. El tratamiento específico depende de la lesión.

En cualquier lesión, si es necesario, el médico toma medidas para apoyar la respiración y la circulación. Se puede administrar oxígeno (por ejemplo, mediante gafas nasales, mascarilla, o por medio de un tubo de respiración) y líquidos por vía intravenosa o, en ocasiones, transfusiones de sangre. Las personas con lesiones torácicas graves requieren ingreso hospitalario.

Pueden administrarse medicamentos para aliviar el dolor (analgésicos) a la persona afectada.

En algunas lesiones, en necesario colocar un tubo en el interior del tórax (toracotomía o tubo de drenaje torácico, ver Inserción de un drenaje torácico) para extraer la sangre (hemotórax) o el aire (neumotórax). Este procedimiento ayuda a que los pulmones colapsados se expandan. El tubo se coloca normalmente utilizando sólo anestesia local.

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