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Pruebas para el diagnóstico de trastornos musculoesqueléticos

Por

Alexandra Villa-Forte

, MD, MPH, Cleveland Clinic

Última revisión completa mar. 2020
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El médico suele diagnosticar un trastorno musculoesquelético basándose en el historial médico y en los resultados de la exploración física. Las pruebas de laboratorio, las pruebas de diagnóstico por la imagen u otros procedimientos diagnósticos son a veces necesarios como ayuda para confirmar el diagnóstico.

Pruebas de laboratorio

Las pruebas de laboratorio son con frecuencia útiles para hacer el diagnóstico de una enfermedad musculoesquéletica. Por ejemplo, la velocidad de sedimentación globular (VSG) es un análisis que mide la velocidad a la que los glóbulos rojos sedimentan al llegar al fondo de un tubo de ensayo que contiene sangre. La VSG suele estar aumentada en presencia de inflamación. Sin embargo, debido a que la inflamación se presenta en numerosos procesos, la VSG por sí misma no permite establecer un diagnóstico.

También se determinan los niveles de creatinquinasa (una enzima del músculo normal que se filtra y es liberada al torrente sanguíneo cuando se daña el músculo). Cuando se está produciendo una amplia destrucción de músculo, los niveles de esta enzima aumentan.

En la artritis reumatoide, un análisis de sangre para identificar el factor reumatoide o el anticuerpo contra el péptido citrulinado anticíclico (anti-PCC) ayuda a establecer el diagnóstico.

En el lupus eritematoso sistémico (SLE o lupus), los análisis de sangre para identificar anticuerpos autoinmunitarios (autoanticuerpos), tales como los anticuerpos antinucleares y los anticuerpos contra el ácido desoxirribonucleico bicatenario (ADN) ayudan a establecer el diagnóstico.

Se puede realizar un análisis de sangre para identificar a las personas que tienen un gen determinado (HLA-B27). Los sujetos que poseen este gen tienen un mayor riesgo de desarrollar espondiloartritis, un grupo de trastornos que pueden causar inflamación de la espalda y otras articulaciones, así como otros síntomas, como dolor ocular y enrojecimiento y erupciones cutáneas.

Ciertas pruebas de laboratorio también suelen ser útiles para ayudar a evaluar el progreso del tratamiento. Por ejemplo, la velocidad de sedimentación globular es muy útil para ayudar en la evaluación del progreso del tratamiento en la artritis reumatoide o la polimialgia reumática. Una disminución de la VSG sugiere que el tratamiento está actuando para reducir la inflamación.

Pruebas de diagnóstico por la imagen

Los médicos pueden emplear diversos tipos de pruebas de diagnóstico por la imagen para diagnosticar trastornos musculoesqueléticos.

Radiografías

Por regla general, las radiografías se hacen en primer lugar. Los rayos X son muy útiles para detectar anomalías en el hueso; se utilizan para evaluar zonas óseas que presenten dolor, deformidades o en las que se sospeche alguna anomalía. Con frecuencia, las radiografías ayudan a diagnosticar fracturas, tumores, traumatismos, infecciones y deformaciones (como la displasia del desarrollo de la cadera). También, a veces las radiografías son útiles para mostrar las alteraciones que confirman que un persona tiene una determinada clase de artropatía (por ejemplo, artritis reumatoide o artrosis). La radiografía simple no muestra los tejidos blandos, como músculos, bolsas sinoviales, ligamentos, tendones o nervios. Para ayudar a determinar si la articulación ha sido dañada por una lesión, el médico puede usar una radiografía ordinaria (sin esfuerzo) o una tomada con la articulación bajo esfuerzo causado por ciertas posturas (radiografía de esfuerzo).

La artrografía es un procedimiento radiológico que consiste en la inyección de una sustancia radiopaca en el espacio articular para señalar sus estructuras, como los ligamentos interiores de la articulación. Se utiliza para visualizar ligamentos desgarrados y la presencia de fragmentos de cartílago en la articulación. Sin embargo, en la actualidad suele utilizarse la resonancia magnética nuclear (RMN) con preferencia a la artrografía.

Gammagrafía ósea

La gammagrafía ósea (un tipo de gammagrafía) es un método de diagnóstico por imagen que se utiliza en algunos casos para diagnosticar una fractura, en particular si otras pruebas, como la radiografía simple y la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN), no la han descubierto. La gammagrafía ósea implica utilizar una sustancia radiactiva (tecnecio 99 marcado con pirofosfato) que es absorbida por cualquier hueso que esté en proceso de cicatrización. Este procedimiento también se utiliza cuando se sospecha infección en el hueso o un tumor que se ha extendido desde un cáncer que se encuentra en cualquier otra parte del organismo. Aunque la gammagrafía ósea puede detectar problemas óseos, no es capaz de diferenciar entre una fractura, un tumor o una infección. La sustancia radiactiva se administra por vía intravenosa y se detecta mediante un dispositivo que explora el hueso y crea una imagen de este que puede ser observada en una pantalla de computadora.

Tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética nuclear (RMN)

La tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética nuclear (RMN) ofrecen mucho más detalle que las radiografías convencionales y pueden llevarse a cabo para comprobar la extensión y localización exacta de una lesión. Estas pruebas también se pueden emplear para detectar fracturas que no son evidentes en las radiografías.

La RMN es especialmente valuosa sobre todo para el diagnóstico por imagen de los músculos, los ligamentos y los tendones y puede utilizarse cuando se piensa que la causa del dolor es una alteración grave en los tejidos blandos (por ejemplo, la rotura de un ligamento o tendón principal o el daño de estructuras importantes en el interior de la articulación de la rodilla).

Una TC es útil si la RMN no es recomendable en el caso en cuestión o no está disponible. La TC expone al sujeto a radiaciones ionizantes (véase Riesgos de la radiación en pruebas de diagnóstico por la imagen). La tomografía computarizada (TC) suele ser la mejor opción para obtener imágenes óseas. Sin embargo, para obtener imágenes de algunas anomalías óseas, como pequeñas fracturas de cadera y pelvis, la RMN es preferible a la TC. La cantidad de tiempo que se emplea para llevar a cabo una TC es mucho menor que para la RMN. La RMN es más cara que la TC y, salvo cuando se realiza en aparatos abiertos, muchas personas sienten claustrofobia dentro del aparato de RMN.

Densitometría ósea (DMO)

El procedimiento más exacto para evaluar la densidad ósea, lo cual es necesario cuando se quiere detectar o diagnosticar osteopenia u osteoporosis, es la densitometría ósea o DMO (DEXA o DXA, por sus siglas en inglés). Las densitometría ósea (DXA) también se utiliza para predecir el riesgo de fractura de una persona y también puede ser útil para monitorizar la respuesta al tratamiento. Esta prueba es rápida e indolora e implica muy poca radiación.

En esta prueba se utilizan rayos X para determinar la densidad ósea en la parte inferior de la columna vertebral, la cadera, la muñeca o todo el cuerpo. Las mediciones de la densidad ósea son muy exactas en estas localizaciones. Cuando realizan el cribado para la osteoporosis, los médicos prefieren realizar mediciones de la columna lumbar y de la cadera. Para ayudar a diferenciar la osteoporosis (la causa más frecuente de resultados anómalos en una densitometría ósea, DXA) de otros trastornos óseos, el médico necesita tener en cuenta, además de los resultados de la DXA, los síntomas de la persona en cuestión, las enfermedades que padece, los fármacos que toma y determinados resultados de análisis de sangre o de orina.

Ecografía

La ecografía se utiliza cada vez con mayor frecuencia para identificar la inflamación en y alrededor de las articulaciones y roturas o inflamación en los tendones. La ecografía también se utiliza como guía para introducir una aguja en una articulación (por ejemplo, para inyectar fármacos o extraer líquido de las articulaciones). Como alternativa a la tomografía computarizada (TC) y a la resonancia magnética nuclear (RMN), la ecografía es menos costosa desde el punto de vista económico y, a diferencia de la TC, no implica exposición a la radiación.

Otros procedimientos diagnósticos

A veces se necesitan otros procedimientos y pruebas para ayudar a los médicos a diagnosticar trastornos musculoesqueléticos.

Artroscopia

La artroscopia es una técnica que requiere la introducción de un pequeño visor de fibra óptica (del diámetro de un lápiz) en el espacio articular, gracias al cual el médico puede ver el interior de la articulación y proyectar la imagen en un monitor de vídeo. La incisión en la piel es muy pequeña. Este procedimiento se realiza en un hospital o centro quirúrgico. A la persona se le suministra anestesia local, epidural o general, o una combinación de las anteriores. Durante la artroscopia, los médicos toman una muestra de tejido (por ejemplo cartílago de la articulación o de la cápsula articular) para su análisis (biopsia) y, si es necesario, realizan una intervención quirúrgica para corregir la afección. Entre los trastornos más frecuentes que se detectan durante la artroscopia se incluyen la inflamación del revestimiento sinovial de la articulación (sinovitis), desgarros de los ligamentos, de los tendones o del cartílago y fragmentos no fijados de hueso o cartílago. Estos trastornos afectan a personas con artropatías o lesiones articulares previas y a los deportistas. Durante la artroscopia es posible reparar todas estas lesiones o extraer los fragmentos desprendidos. Con este procedimiento existe un riesgo muy pequeño de infección articular.

La recuperación después de una artroscopia es mucho más rápida que después de una cirugía tradicional. La mayoría de los pacientes no necesitan pasar la noche en el hospital.

Aspiración articular (artrocentesis)

La aspiración articular se utiliza para diagnosticar ciertos problemas articulares. Por ejemplo, es la forma más directa y precisa para determinar si el dolor y la inflamación de las articulaciones está producido por una infección o una artritis por cristales (como la gota). Con este procedimiento, el médico inyecta primero un anestésico para adormecer el área. Luego, el médico inserta una aguja más grande en el espacio articular (a veces guiada por ecografía), extrae (aspira) el líquido articular (líquido sinovial) y lo examina al microscopio. El médico extrae la mayor cantidad de líquido posible y toma nota de su color y transparencia. Se realizan otras pruebas en el líquido, como el recuento de glóbulos blancos y el cultivo. El médico suele establecer el diagnóstico después de analizar el líquido. Por ejemplo, una muestra de líquido puede contener bacterias, lo que confirma el diagnóstico de infección. O, puede contener ciertos cristales. Por ejemplo, el hallazgo de cristales de ácido úrico confirma el diagnóstico de gota, y el de cristales de pirofosfato cálcico dihidratado confirma el diagnóstico de la artritis por pirofosfato cálcico (seudogota). Por lo general, este procedimiento suele efectuarse en la consulta médica o en el área de urgencias y es rápido, fácil y relativamente indoloro. El riesgo de infección articular es mínimo.

Pruebas nerviosas y musculares

Los estudios de conducción nerviosa ayudan a determinar si los nervios que inervan los músculos funcionan normalmente. La electromiografía, que suele realizarse al mismo tiempo que los estudios de conducción neurológica, es una prueba en la que se registran los impulsos eléctricos de los músculos para determinar la eficacia con que dichos impulsos nerviosos alcanzan la conexión entre nervios y músculos (unión neuromuscular) y cómo los impulsos llegan posteriormente a los músculos desde la unión neuromuscular.

Los estudios de conducción nerviosa, junto con la electromiografía, ayudan a determinar si hay un problema principalmente en

Los estudios de conducción neurológica son especialmente útiles para diagnosticar trastornos de los nervios periféricos, como el síndrome del túnel carpiano y la parálisis del nervio cubital.

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