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Hepatitis B, aguda

Por

Sonal Kumar

, MD, MPH, Weill Cornell Medical College

Última revisión completa oct. 2019
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La hepatitis B aguda es una inflamación del hígado que está causada por el virus de la hepatitis B y que dura desde algunas semanas hasta 6 meses.

  • La hepatitis B se transmite por contacto con sangre u otros líquidos corporales de personas infectadas, como al compartir agujas no esterilizadas para inyectarse drogas ilícitas.

  • La hepatitis B causa síntomas típicos de hepatitis vírica (incluyendo pérdida de apetito, una sensación general de enfermedad e ictericia) y puede causar una forma grave de hepatitis llamada hepatitis fulminante.

  • El diagnóstico de la hepatitis B se basa en los análisis de sangre.

  • La vacuna frente a la hepatitis B se recomienda para todos los niños y para los adultos con riesgo de estar expuestos a la infección o a desarrollar complicaciones graves de la infección.

  • No existe un tratamiento específico para la hepatitis B aguda.

  • La mayoría de las personas se recuperan por completo, pero algunas desarrollan hepatitis B crónica.

  • Si aparece hepatitis grave (fulminante), los medicamentos antivíricos pueden ser eficaces, pero la mejor esperanza de supervivencia es el trasplante de hígado.

El virus de la hepatitis B es la segunda causa más frecuente de hepatitis vírica aguda. En Estados Unidos se notificaron en 2016 más de 3000 casos de infección aguda por hepatitis B, una disminución con respecto a los 25 000 casos anuales notificados antes de que se generalizara el uso de la vacuna contra la hepatitis B. Sin embargo, muchos casos no se reconocen o no se comunican. Entonces, la cifra real de nuevas infecciones puede ser mucho mayor. En 2016 se estimó en unas 20.900.

Algunas veces, la infección por hepatitis D coexiste en personas con hepatitis B aguda.

Transmisión de la hepatitis B

La hepatitis B se transmite con menor facilidad que la hepatitis A. La transmisión suele producirse por la reutilización de agujas sin esterilizar, por ejemplo en personas que las comparten para inyectarse drogas o cuando se reutilizan para realizar un tatuaje.

También es posible el contagio en las transfusiones de sangre, pero es raro en los países donde el control de la sangre se realiza de modo rutinario.

La hepatitis B también se transmite a través del contacto con saliva, lágrimas, leche materna, orina, líquido vaginal y semen, pero esto es menos frecuente que la transmisión de sangre a sangre.

La transmisión frecuentemente se produce entre compañeros sexuales, tanto heterosexuales como homosexuales. También es más alto el riesgo en las personas que permanecen en ambientes cerrados (como cárceles u hospitales psiquiátricos) porque la probabilidad de entrar en contacto con los fluidos corporales de otras personas es mayor.

Una mujer embarazada, si está infectada con hepatitis B, puede transmitir el virus a su hijo durante el parto (véase Infección por el virus de la hepatitis B (VHB) en recién nacidos).

Cualquier persona con hepatitis B, incluso las que no tienen síntomas, puede transmitir el virus.

No está comprobado que las picaduras de insectos puedan transmitir este virus.

Muchos casos de hepatitis B son de causa desconocida.

La hepatitis B crónica

En general, alrededor del 5 al 10% de las personas infectadas por el virus de la hepatitis B desarrollan hepatitis B crónica

Cuanto más joven es la persona cuando se produce la hepatitis B aguda, mayor es el riesgo de desarrollar hepatitis B crónica:

  • Infantes: 90%

  • Niños de 1 a 5 años: 25 a 50%

  • Adultos: alrededor del 5%

Síntomas

Por lo general, la hepatitis B es más grave que la hepatitis A, y en ocasiones puede ser mortal, sobre todo en las personas de edad avanzada. La infección puede ser leve o muy grave (denominada hepatitis fulminante). Cuando una persona con hepatitis B padece también hepatitis D, los síntomas son más graves.

La mayoría de las personas con hepatitis B presentan los síntomas característicos de la hepatitis vírica. Estos síntomas son

  • Inapetencia

  • Sensación general de enfermedad (malestar)

  • Fiebre

  • Náuseas y vómitos

  • Ictericia (erupción y coloración amarillenta de la piel y de la esclerótica de los ojos)

La probabilidad de presentar dolores articulares y urticaria con prurito (habones) es mayor en las personas con hepatitis B que en las infectadas por los otros virus de la hepatitis.

Los síntomas duran desde unas pocas semanas hasta 6 meses.

Si aparece hepatitis fulminante, la persona afectada puede ponerse muy enferma de forma muy rápida. Las sustancias tóxicas, eliminadas normalmente por el hígado, se acumulan en la sangre y llegan al cerebro, lo que provoca encefalopatía hepática. La persona afectada puede entrar en coma en cuestión de días o semanas. Sin un trasplante de hígado, la hepatitis fulminante puede ser mortal, especialmente en adultos.

Diagnóstico

  • Análisis de sangre

Los médicos sospechan la hepatitis basándose en síntomas característicos, como la ictericia.

Las pruebas suelen comenzar con análisis de sangre para evaluar el funcionamiento del hígado y determinar si está dañado (pruebas de hepáticas). Las pruebas hepáticas comportan la medida de las concentraciones de enzimas hepáticas y de otras sustancias producidas por el hígado.

Si las pruebas detectan anomalías hepáticas, se realizan otros análisis de sangre para verificar si hay infección por el virus de la hepatitis. Estos análisis de sangre pueden identificar partes de virus específicos (antígenos), anticuerpos específicos producidos por el cuerpo para combatir el virus y, a veces, material genético (ARN o ADN) del virus.

Si el virus de la hepatitis B se confirma y es grave (fulminante), los médicos también realizan pruebas de detección del virus de la hepatitis D, que está presente hasta en el 50% de las personas con hepatitis B fulminante.

Prevención

Se deben evitar los comportamientos de alto riesgo, como compartir agujas para inyectarse drogas y tener varias parejas sexuales.

Todos los donantes de sangre son analizados para descartar la hepatitis B a fin de prevenir la transmisión del virus de la hepatitis B a través de transfusiones. Además, aunque la posibilidad de contraer hepatitis a partir de una transfusión es remota, los médicos realizan transfusiones solo cuando no hay otra alternativa. Estas medidas han reducido drásticamente el riesgo de contraer hepatitis a partir de una transfusión de sangre.

En Estados Unidos, la vacunación contra la hepatitis B se recomienda para

  • Todas las personas de 18 años o menos (comenzando en el nacimiento, véase la figura Vacunación en lactantes y niños)

  • Cualquier adulto que desee protección contra la hepatitis B

  • Todos los adultos no vacunados que corren un mayor riesgo de contraer hepatitis B, incluidas las mujeres embarazadas

  • Las personas afectadas por una enfermedad hepática crónica

La vacunación de todas las personas contra la hepatitis B debería aplicarse en todo el mundo, pero es cara.

Las dosis de refuerzo de la vacuna contra la hepatitis B no se recomiendan para adultos y niños con un sistema inmunológico normal. Sin embargo, la vacuna puede ser menos eficaz en personas con ciertas afecciones, como las personas que también sufren otra enfermedad hepática, las que están recibiendo tratamiento con hemodiálisis o las que están tomando medicamentos que deprimen el sistema inmunológico. En estos casos, los médicos realizan análisis de sangre anuales para medir las concentraciones de anticuerpos contra la hepatitis B y determinar si las personas aún están protegidas contra la hepatitis B. Si las pruebas indican que no están protegidas, reciben otra dosis (de refuerzo) de la vacuna.

Si los familiares y los allegados de las personas afectadas por hepatitis B crónica no han sido vacunados, deben recibir la vacuna contra la hepatitis B.

Si la concentración del virus de la hepatitis B (carga vírica) es elevada en mujeres embarazadas, a menudo se les administran medicamentos antivíricos durante el último trimestre del embarazo para evitar la transmisión del virus de madre a hijo.

A las personas que no están vacunadas y han estado expuestas a la hepatitis B, incluidos los niños nacidos de madres con esta infección, se les administran inmunoglobulinas contra la hepatitis B (mediante inyección intramuscular) y la vacuna. Esta combinación previene la hepatitis B en el 90 al 95% de los casos o bien hace que la enfermedad sea menos grave. La inmunoglobulina contra la hepatitis B contiene anticuerpos obtenidos de la sangre de personas que tienen concentraciones elevadas de anticuerpos contra la hepatitis B.

Si una persona entra en contacto con la sangre de alguien que tiene hepatitis B, se le administra una inyección de hepatitis B inmunoglobulina. Si no ha sido vacunada contra la hepatitis B, también recibe la vacuna. Si ha sido vacunada, se realizan análisis de sangre para determinar si aún está protegida. Si no lo está, recibe la vacuna.

Tratamiento

  • Medidas generales

  • Para la hepatitis grave (fulminante), medicamentos antivíricos y trasplante de hígado

No existe un tratamiento específico para la hepatitis vírica aguda, incluida la hepatitis B.

Las personas con hepatitis B no deberían consumir alcohol porque puede dañar el hígado todavía más. No es necesario evitar ciertos alimentos o limitar la actividad.

La mayoría de las personas pueden regresar al trabajo de manera segura una vez resuelta la ictericia.

El prurito, si aparece, se puede aliviar con colestiramina tomada por vía oral.

Si aparece una hepatitis fulminante, se emplea un medicamento antivírico, generalmente entecavir o tenofovir. Estos fármacos se toman por vía oral. Aumentan las posibilidades de supervivencia.

El trasplante de hígado es el tratamiento más eficaz para la hepatitis B fulminante y representa la única esperanza de supervivencia, sobre todo en adultos.

Más información

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