Quimioterapia y otros tratamientos para el cáncer sistémico

PorRobert Peter Gale, MD, PhD, DSC(hc), Imperial College London
Revisado/Modificado sept 2022 | Modificado oct 2023
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Datos clave

Los tratamientos sistémicos son aquellos que tienen efectos en todo el cuerpo en lugar de aplicarse directamente sobre el cáncer. La quimioterapia es una forma de tratamiento sistémico que utiliza fármacos para destruir las células cancerosas o detener su crecimiento.

La terapia sistémica contra el cáncer incluye

  • Terapia hormonal

  • Quimioterapia (medicamentos contra el cáncer)

  • Terapia farmacológica dirigida

  • Terapia inmune

  • Terapia génica

  • Varios otros medicamentos para el cáncer

La inmunoterapia es un tratamiento sistémico del cáncer que estimula al sistema inmunológico del cuerpo contra el cáncer (véase Inmunoterapia contra el cáncer).

El número de terapias contra el cáncer aprobadas está aumentando rápidamente. El National Cancer Institute (instituto nacional para el cáncer) mantiene una lista actualizada de los medicamentos empleados para tratar el cáncer. La lista proporciona un breve resumen de los usos de cada medicamento y enlaces a información adicional.

No todos los tipos de cáncer se curan tras administrar quimioterapia. El tipo de cáncer determina qué fármacos deben emplearse, en qué combinación y con qué dosis y pauta de administración. La quimioterapia se utiliza como tratamiento único o combinado con radioterapia, con cirugía o con inmunoterapia (véase también Principios del tratamiento oncológico.).

Terapia hormonal para el cáncer

Las hormonas son proteínas producidas por las glándulas endocrinas que afectan a las actividades de los tejidos y órganos diana. Actúan como mensajeros que controlan y coordinan diversas actividades en todo el organismo. Algunos cánceres crecen y se diseminan más cuando están expuestos a ciertas hormonas. En consecuencia, el hecho de revertir los efectos de estas hormonas puede controlar algunos cánceres dependientes de hormonas. Sin embargo, estos medicamentos también pueden causar síntomas de carencia hormonal.

Por ejemplo, el cáncer de próstata crece más rápido cuando se expone a la hormona sexual masculina testosterona y a otros esteroides androgénicos. Por lo tanto, la terapia antiandrogénica se usa comúnmente para tratar el cáncer de próstata. Algunos fármacos antiandrógenos, como leuprorelina, goserelina y otros, evitan que la hipófisis estimule a los testículos para fabricar testosterona. Otros fármacos de terapia hormonal, como flutamida, bicalutamida y nilutamida, se utilizan para bloquear los efectos de la testosterona. Estos medicamentos de terapia hormonal no curan el cáncer de próstata, pero pueden retrasar el crecimiento y la diseminación del cáncer de próstata. Sin embargo, estos fármacos también pueden causar síntomas de carencia de testosterona, como sofocos, osteoporosis, pérdida de energía, reducción de la masa muscular, aumento de peso por retención de líquidos, disminución de la libido, reducción del vello corporal, disfunción eréctil y aumento del volumen de las mamas.

Algunos cánceres de mama crecen más rápido cuando se exponen a las hormonas sexuales femeninas estrógeno y/o progesterona. Los fármacos como tamoxifeno y raloxifeno se unen a los receptores de estrógeno e inhiben el crecimiento de los cánceres de mama con receptores de estrógeno. Estos medicamentos también reducen el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Los inhibidores de la aromatasa, como el anastrozol, reducen la producción de estrógeno y producen un beneficio similar.

La terapia hormonal se puede usar sola o combinada con otros tipos de terapia contra el cáncer.

Quimioterapia

La quimioterapia conlleva el uso de fármacos para destruir las células cancerosas. Aunque lo ideal sería que los fármacos destruyeran solo las células cancerosas sin dañar las sanas, la mayoría no son tan selectivos. En cambio, los fármacos están preparados de modo que causen más daño a las células cancerosas que a las sanas, por lo general, influyendo en la capacidad de la célula para multiplicarse. El crecimiento rápido e incontrolado es una característica de las células cancerosas. Sin embargo, puesto que las células sanas también necesitan multiplicarse y que algunas lo hacen con mucha rapidez (como las de la médula ósea y las del revestimiento de la boca y de los intestinos), todos los fármacos antineoplásicos afectan a las células sanas y tienen efectos secundarios.

La quimioterapia se utiliza para curar el cáncer. También puede disminuir la posibilidad de que el cáncer regrese, ralentizar el crecimiento de un cáncer o reducir el tamaño de los tumores que causan dolor u otros problemas.

Aunque un solo fármaco antineoplásico sea eficaz contra algunos tipos de cáncer, a menudo se administran varios al mismo tiempo (poliquimioterapia).

Quimioterapia de dosis altas

En un intento de mejorar el efecto antitumoral de los fármacos antineoplásicos, puede aumentarse la dosis. A veces se puede reducir el periodo de descanso entre ciclos de quimioterapia. La quimioterapia de dosis elevadas, con periodos de descanso más cortos, se utiliza de forma sistemática en muchos tipos de cáncer, como leucemias, linfomas, cánceres de pulmón, cánceres de páncreas, cánceres del sistema digestivo, cánceres de mama y otros.

La quimioterapia de dosis altas se utiliza a veces para tratar las recidivas después de un tratamiento antineoplásico con la dosis normal, sobre todo, para el mieloma, el linfoma y la leucemia. Sin embargo, la quimioterapia de dosis altas puede causar lesiones en la médula ósea que ponen en peligro la vida. Por lo tanto, este tipo de quimioterapia se suele combinar con estrategias que protegen la médula ósea. En el tratamiento de rescate de la médula ósea, antes de la quimioterapia se extraen células de la médula ósea que se vuelven a inyectar después de la quimioterapia. En algunos casos, estas células se aíslan del torrente sanguíneo y no de la médula ósea, y se infunden de nuevo después de la quimioterapia para que la médula ósea recupere su funcionalidad.

Fármacos diana

Uno de los enfoques para aumentar la eficacia consiste en la utilización de fármacos que se dirigen a mutaciones específicas de las células cancerosas. Estos fármacos controlan las células cancerosas dirigiéndose a vías y procesos específicos vitales para el crecimiento y la supervivencia de dichas células cancerosas. Imatinib y otros fármacos que inhiben la enzima tirosina quinasa son muy eficaces para la leucemia mieloide crónica y ciertos tipos de cáncer del tubo digestivo. Erlotinib, gefitinib y osimertinib se dirigen a mutaciones en el receptor del factor de crecimiento epidérmico y se utilizan para tratar los cánceres de pulmón con esta mutación. Se ha demostrado que los fármacos con diana molecular son eficaces para el tratamiento de diversos tipos de cáncer, como otras leucemias y cánceres de mama y riñón.

Terapia génica

Dado que los cambios (mutaciones) de los genes causan cáncer, los investigadores están buscando formas de manipular los genes para combatir el cáncer.

Una de las formas de terapia génica consiste en modificar genéticamente los linfocitos T (un tipo de célula inmunitaria) (véase también Células T modificadas). Los médicos extraen los linfocitos T de la sangre de una persona y los modifican genéticamente para identificar el cáncer específico de esa persona. Cuando los linfocitos T modificados, llamados células receptoras de antígenos quiméricos o células CAR-T, se vuelven a colocar en el torrente sanguíneo de la persona, atacan el cáncer. Las células CAR-T pueden utilizarse en personas con leucemia linfoblástica aguda, mieloma múltiple y linfoma.

Las nuevas técnicas, aún experimentales, permiten a los científicos introducir nuevos genes en las células, desconectar genes anómalos o aumentar la actividad de genes útiles (véase también Terapia génica). Los médicos esperan que estas técnicas puedan ser útiles algún día para tratar el cáncer.

Otros fármacos

Las células cancerosas son inmaduras y crecen rápidamente, por lo que un tipo de fármaco promueve la maduración (diferenciación) más rápida de las células cancerosas para retrasar el crecimiento del tumor. Estos medicamentos diferenciadores solo pueden ser efectivos durante un breve periodo de tiempo, por lo que a menudo se usan en quimioterapia combinada.

Los fármacos antiangiogénicos evitan que un tumor forme nuevos vasos sanguíneos. Si se impide el crecimiento de los vasos sanguíneos, el cáncer carecerá del suministro de sangre necesario para crecer. Algunos fármacos bloquean la formación de vasos sanguíneos de las células cancerosas. El bevacizumab es un anticuerpo monoclonal que bloquea un factor de crecimiento que necesitan los vasos sanguíneos. Es eficaz contra el cáncer de riñón y el cáncer de colon. Otros fármacos, como sorafenib y sunitinib, bloquean el receptor del factor de crecimiento de los vasos sanguíneos. Estos fármacos pueden ser eficaces contra los cánceres de riñón e hígado.

Otros medicamentos apuntan a las vías que utilizan las células cancerosas para indicar que se formen o crezcan células adicionales.

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