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Infecciones parasitarias del cerebro

Por

John E. Greenlee

, MD, University of Utah School of Medicine

Última revisión completa mar 2019
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En algunas partes del mundo, las infecciones cerebrales son debidas a gusanos u otros parásitos. Estas infecciones son más frecuentes en los países en desarrollo y en las zonas rurales, y menos frecuentes en los países desarrollados.

Neurocisticercosis

La neurocisticercosis está causada por las larvas de la tenia porcina. De todos los gusanos que causan infecciones cerebrales, la tenia del cerdo es, con diferencia, la responsable de la mayoría de los casos de infecciones cerebrales en el hemisferio occidental.

Cuando una persona ingiere alimentos contaminados por huevos con la larva del cisticerco, las secreciones del estómago hacen que los huevos eclosionen y salgan las larvas. Estas entran en el torrente sanguíneo y son distribuidas por todo el organismo, incluso por el encéfalo y la médula espinal. Las larvas forman quistes (grupos de larvas recubiertos por una membrana protectora). (La infección causada por los quistes se llama cisticercosis o, cuando los quistes se forman en el cerebro, neurocisticercosis). Estos quistes causan muy pocos síntomas hasta que degeneran y las larvas mueren, lo que desencadena inflamación, hinchazón y síntomas como cefaleas, convulsiones, cambios de personalidad y deterioro de las funciones mentales.

A veces los quistes bloquean el flujo del líquido cefalorraquídeo en los espacios del cerebro (ventrículos), lo que ejerce presión sobre el encéfalo. Este trastorno se llama hidrocefalia. El aumento de presión causa cefaleas, náuseas, vómitos y somnolencia.

Los quistes pueden romperse y derramar sus contenidos en el líquido cefalorraquídeo, causando meningitis.

Los médicos sospechan neurocisticercosis en personas que habitan en países en desarrollo o han venido de dichos países y presentan síntomas característicos. En muchos casos, la resonancia magnética nuclear o la tomografía computarizada muestran los quistes. Pero suelen ser necesarios análisis de sangre y punción lumbar para obtener una muestra de líquido cefalorraquídeo y confirmar el diagnóstico.

La infección se trata con albendazol o praziquantel (fármacos utilizados para tratar las infecciones por gusanos parasitarios, denominados medicamentos antihelmínticos). Se administran corticoesteroides para reducir la inflamación que aparece cuando mueren las larvas. Las convulsiones se tratan con medicamentos anticonvulsivos.

En algunos casos, es necesaria la cirugía para colocar un drenaje (derivación) con el fin de extraer el exceso de líquido cefalorraquídeo y reducir la hidrocefalia. La derivación es una pieza tubular de plástico que se instala en los espacios dentro del cerebro. El tubo se pasa bajo la piel, habitualmente hacia el abdomen, donde podrá drenar el exceso de líquido. También es necesaria la cirugía para extirpar los quistes del encéfalo.

Otras infecciones

La equinococosis (enfermedad hidatídica o hidatidosis) y la cenurosis son infecciones en que intervienen otros tipos de larvas de tenias. La equinococosis produce quistes encefálicos grandes. La cenurosis, como la cisticercosis, producen quistes que pueden bloquear el flujo de líquido alrededor del encéfalo.

La esquistosomiasis es una infección con gusanos trematodos de la sangre. En algunos casos de esquistosomiasis, aparecen grupos de células inflamadas (granulomas) en el encéfalo.

La equinococosis, la cenurosis y la esquistosomiasis producen síntomas neurológicos similares a los de la cisticercosis, que incluyen convulsiones, cefaleas, cambios de personalidad y deterioro de las funciones mentales. Los síntomas causados por la equinococosis o la cenurosis pueden tardar años en desarrollarse.

Estas infecciones por lo general se diagnostican basándose en los resultados de una resonancia magnética nuclear o de una tomografía computarizada, pero a veces es necesaria una punción lumbar. El líquido cefalorraquídeo puede mostrar un gran número de glóbulos blancos denominados eosinófilos.

Estas tres infecciones por lo general se tratan con fármacos antihelmínticos, como albendazol, mebendazol, praziquantel y pamoato de pirantel. Sin embargo, en la equinococosis y la cenurosis, los quistes a menudo deben ser extirpados quirúrgicamente.

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