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Introducción al sueño

Por

Richard J. Schwab

, MD, University of Pennsylvania, Division of Sleep Medicine

Última revisión completa may 2019
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El sueño es algo necesario para sobrevivir y gozar de buena salud, pero todavía no se sabe por qué es necesario ni cómo nos beneficia exactamente. Uno de los beneficios del sueño es su efecto reparador sobre la capacidad de las personas para funcionar normalmente durante el día.

Las necesidades individuales de sueño son muy variables y por lo general están entre 6 y 10 horas diarias. La mayoría de las personas duermen por la noche. Sin embargo, muchas deben dormir durante el día para adaptarse a sus horarios de trabajo, lo cual ocasiona trastornos del sueño.

¿Sabías que...?

  • Nadie sabe exactamente por qué se necesita dormir.

La duración del sueño y la sensación de descanso tras despertar están influenciadas por muchos factores, entre los cuales se cuentan los siguientes:

  • El nivel de excitación o estrés emocional

  • Edad

  • La dieta

  • El consumo de fármacos

Por ejemplo, algunos fármacos producen somnolencia y otros dificultan el sueño. Algunos componentes o aditivos alimentarios como la cafeína, los condimentos fuertes y el glutamato monosódico alteran el sueño. Las personas mayores tienden a dormirse temprano, despertar temprano y ser menos tolerantes a los cambios en los hábitos de sueño.

Los ronquidos pueden perturbar el sueño, tanto de la persona que ronca como del compañero de cama de la persona que ronca.

Ciclo del sueño

El sueño no es siempre igual. Hay dos tipos principales de sueño:

  • Sueño con movimiento ocular rápido (rapid eye movement, REM)

  • Sueño con movimiento ocular lento (no-REM, por sus siglas en inglés), que tiene tres fases

En general, se pasa de forma cíclica por las tres fases de sueño no-REM (fases N1 a N3), seguidas habitualmente por un breve intervalo de sueño REM, cada 90 o 120 minutos, o varias veces cada noche. A lo largo de la noche, una persona se despierta brevemente (llamada fase W), pero no suele ser consciente de estar despierta.

  • Sueño no-REM: representa entre el 75 y el 80% del total del sueño en los adultos. El sueño progresa de la fase 1 (el nivel más superficial, en el que es fácil despertarse) hasta la fase 3 (el nivel más profundo, en que es difícil despertarse). En la fase 3, la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria están disminuidas al máximo. La gente percibe la fase 3 del sueño como sueño de alta calidad.

  • Sueño REM: durante esta fase, la actividad eléctrica en el cerebro es excepcionalmente alta, semejante a la del estado de vigilia. Los ojos se mueven rápidamente y determinados músculos están paralizados, por lo que es imposible realizar movimientos voluntarios. Sin embargo, puede haber espasmos musculares involuntarios. La frecuencia y la profundidad de la respiración aumentan.

Los sueños más vívidos se producen durante el sueño REM. El hecho de hablar durante el sueño, los terrores nocturnos y el sonambulismo suelen producirse durante la fase 3, que corresponde a sueño no-REM.

Fases del ciclo del sueño

Las personas pasan normalmente por distintas fases del sueño en intervalos que van de 90 a 120 minutos a lo largo de la noche: tres fases de sueño con movimiento ocular lento (N) y una con movimiento ocular rápido (REM).

En la fase N1 (sueño superficial) se pasa relativamente poco tiempo. La mayoría del tiempo se pasa en la fase N2. El sueño profundo (fase N3) se produce principalmente durante la primera mitad de la noche. A medida que esta avanza se está más tiempo en fase REM. A lo largo de la noche se producen despertares breves (llamados fase W), pero casi siempre la persona no es consciente de ellos.

Fases del ciclo del sueño

Trastornos del sueño

Los trastornos del sueño afectan a la capacidad para conciliar el sueño, dormir de forma continua o permanecer despierto, o bien tener comportamientos extraños durante el sueño, como el sonambulismo. El sueño puede verse afectado por muchos factores, entre los que se encuentran: la irregularidad en la hora de acostarse y despertarse, las actividades que se realizan antes de dormir, el estrés, la dieta, las enfermedades y el consumo de algunos fármacos.

Los síntomas más frecuentes de los trastornos del sueño son

Cuando se tiene insomnio, es difícil conciliar el sueño y mantenerse dormido, y al despertar se tiene la sensación de no haber descansado. Puede que la persona afectada se despierte temprano. La falta de sueño produce somnolencia, cansancio e irritabilidad durante el día.

Las personas con somnolencia diurna excesiva tienden a quedarse dormidas durante las horas de vigilia. Algunos trastornos del sueño hacen que la persona no pueda evitar quedarse dormida durante el día.

Algunos trastornos del sueño comportan movimientos involuntarios de las extremidades u otros comportamientos poco frecuentes durante el sueño (como pesadillas, terrores nocturnos o sonambulismo). Los movimientos y comportamientos inusuales durante el sueño se denominan parasomnias.

Otros síntomas consisten en problemas relacionados con la memoria, la coordinación y las emociones. Se rinde menos en el colegio o en el trabajo. El riesgo de sufrir un accidente de tráfico o desarrollar un trastorno cardíaco aumenta.

Generalmente, la descripción detallada del problema, a veces con la elaboración de un diario del sueño, sugiere el diagnóstico, pero pueden ser necesarias pruebas específicas en una unidad del sueño. Entre estas pruebas se encuentra la polisomnografía.

Aspectos esenciales para las personas mayores: sueño

Hasta la mitad de las personas mayores dicen que no duermen tan bien como quisieran. Aunque las causas pueden ser las mismas que para los más jóvenes, los cambios relacionados con la edad también pueden contribuir a un sueño de mala calidad.

Cambios relacionados con la edad

Cuando las personas envejecen, es posible que participen en menos actividades y acaben estando menos activas físicamente, por lo que conciliar el sueño y mantenerlo resulta más difícil.

Si una persona mayor tiene que trasladarse a casa de un familiar o a una residencia de ancianos, es posible que no tenga control sobre temas como la temperatura y los niveles de ruido. El malestar resultante puede hacer que el sueño sea más difícil.

Es posible que las personas mayores salgan menos y pasen menos tiempo al aire libre, con lo que la exposición a la luz solar disminuye. Si los ojos no están suficientemente expuestos a la luz solar, el reloj (biológico) interno del cuerpo puede no estar sincronizado con el ciclo de luz y oscuridad terrestre. En ese caso, las personas afectadas pueden tener dificultades para dormir cuando se supone que deben hacerlo (por la noche).

Además, con la edad, el cuerpo produce menos melatonina y menos hormona del crecimiento. Este cambio afecta al sueño, ya que ambas hormonas favorecen el sueño profundo.

Las personas mayores tienden a dormirse y a despertarse más temprano que los adultos jóvenes y los niños. También disminuye la cantidad de sueño profundo (que puede ayudar al cuerpo a recuperarse de las actividades diarias) en comparación con las personas más jóvenes. Una vez se han dormido, se despiertan más a menudo y con mayor facilidad. Como resultado, se sienten menos descansados cuando se despiertan, a pesar de que pueden haber pasado mucho tiempo en la cama. Generalmente, estos cambios por sí solos no indican un trastorno del sueño en las personas mayores, pero sí pueden indicar un trastorno si los cambios dificultan el funcionamiento diario.

Las personas mayores tienden a ser menos tolerantes a los cambios en los hábitos de sueño. Por ejemplo, pueden ser más propensas a padecer el síndrome por desfase horario (jet lag) y los problemas asociados a los trabajos por turnos.

Trastornos en personas de edad avanzada

Las personas mayores son más propensas a sufrir trastornos orgánicos y emocionales que pueden alterar el sueño.

Esta alteración puede producirse de varias maneras:

  • Porque causan dolor (como ocurre en la artritis)

  • Porque producen dificultad respiratoria (como ocurre en los trastornos cardíacos o pulmonares)

  • Porque producen un aumento de la frecuencia de la micción, lo cual lleva a tener que despertarse varias veces durante la noche para orinar (como ocurre en la hiperplasia benigna de próstata, la diabetes y la insuficiencia cardíaca)

La depresión, que es frecuente entre las personas mayores, también afecta al sueño.

Fármacos en las personas mayores

Las personas mayores son más propensas a tomar medicamentos que afectan al sueño. Algunos (como los diuréticos para la insuficiencia cardíaca) aumentan la necesidad de orinar y, por tanto, interrumpen el sueño. Otros fármacos causan somnolencia durante el día o, por el contrario, estimulación. De cualquier manera, dormir por la noche puede resultar más difícil.

Personas mayores y siesta

Las personas mayores tienden a dormir la siesta porque no duermen bien por la noche. Dormir la siesta durante el día puede compensar el hecho de no dormir por la noche, pero también puede hacer que esto último sea más difícil. Aparece una mayor tendencia a dormir la siesta porque con el envejecimiento se reduce la capacidad corporal para regular la presión arterial. Por ejemplo, después de una comida copiosa, la presión arterial disminuye y es necesario bombear más sangre hacia la cabeza. Con la edad, el cuerpo tiene menos capacidad para realizar este ajuste. La consecuencia es que las personas mayores se tumban más, lo que hace más probable la siesta.

Medidas para mejorar el sueño en las personas mayores

En general, las personas mayores necesitan dormir tanto como cuando eran jóvenes y no deben aceptar la falta de sueño como parte del envejecimiento. Se pueden tomar medidas para mejorar el sueño, como las siguientes:

  • Mantenerse activo.

  • Pasar tiempo al aire libre.

  • Evitar los alimentos y bebidas (como las que contienen cafeína o alcohol) que pueden afectar al sueño.

  • Asegurarse de que el dormitorio sea propicio para el sueño.

  • Acostarse y, lo que es más importante, despertarse a horas regulares.

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