La aspergilosis es una infección, principalmente de los pulmones, causada por el hongo Aspergillus.
La inhalación de esporas del hongo provoca la infección.
En los pulmones o en los senos paranasales puede formarse una bola de micelios (fibras micóticas), coágulos de sangre y glóbulos blancos (leucocitos).
Los afectados pueden no tener síntomas o presentar expectoración de sangre, fiebre, dolor torácico y dificultad respiratoria.
Si los hongos se extienden al hígado o a los riñones, pueden producir disfunción en dichos órganos.
El diagnóstico generalmente se basa en los resultados del cultivo de una muestra de material infectado y en una tomografía computarizada (TC) del tórax.
Se realiza un tratamiento con fármacos antifúngicos, y en algunos casos es necesaria la cirugía para extirpar las bolas de hongos.
(Véase también Introducción a las infecciones fúngicas.)
Los aspergillos son muy frecuentes en el entorno, tanto interior como exterior, y frecuentemente están presentes en los montones de abono, en los conductos de ventilación y en partículas de polvo suspendidas en el aire. El contacto con estos hongos resulta, por tanto, inevitable.
Por lo general, la aspergilosis es causada por la inhalación de esporas de Aspergillus. La mayoría de personas inhalan estas esporas todos los días sin ningún tipo de problema. Pero si el sistema inmunitario está debilitado, la infección es más probable, dado que la aspergilosis es una infección fúngica oportunista (es decir, un tipo de infección que se produce aprovechando que el sistema inmunitario se encuentra deprimido). El sistema inmunitario puede debilitarse por lo siguiente:
Trastornos que afectan el sistema inmunitario (incluida la infección avanzada por VIH [también llamada sida] y algunos trastornos hereditarios)
Cáncer
Fármacos como los corticoesteroides (si se toman dosis altas durante mucho tiempo), quimioterapia contra el cáncer, o medicamentos que se usan para prevenir el rechazo de un órgano trasplantado.
La aspergilosis puede adoptar varias formas:
Aspergilosis pulmonar crónica: la aspergilosis suele afectar a los espacios abiertos del organismo, como las cavidades que se forman en los pulmones debido a enfermedades pulmonares preexistentes. En los pulmones, la aspergilosis puede manifestarse como una masa redondeada (aspergiloma) compuesta por fibras micóticas enmarañadas, coágulos de sangre y glóbulos blancos. La masa de hongos aumenta progresivamente de tamaño, destruyendo el tejido pulmonar durante el proceso, pero no suele extenderse a otras zonas.
Aspergilosis sinusal: la infección también puede desarrollarse en los senos paranasales. En los senos paranasales, la aspergilosis suele desarrollarse como un aspergiloma.
Aspergilosis invasiva: con menor frecuencia, la aspergilosis es muy agresiva y rápidamente se extiende por los pulmones y a menudo a través del torrente sanguíneo hacia el encéfalo, el corazón, el hígado y los riñones. Esta rápida diseminación aparece principalmente en personas con deficiencias graves del sistema inmunitario.
Aspergilosis broncopulmonar alérgica: algunas personas con asma o con fibrosis quística desarrollan una reacción alérgica crónica con tos, sibilancias y fiebre si Aspergillus coloniza el revestimiento de sus vías aéreas.
Aspergilosis superficial: esta forma es poco frecuente. Puede aparecer en quemaduras, bajo los vendajes, después de una lesión ocular o en los senos paranasales, la boca, la nariz o el conducto auditivo.
Síntomas de la aspergilosis
Aspergilosis pulmonar crónica
La masa micótica localizada en los pulmones puede no causar ningún síntoma y ser descubierta en una radiografía de tórax realizada por otras razones, o bien puede provocar expectoración persistente de sangre y rara vez una insuficiencia respiratoria grave, incluso mortal. Otros síntomas incluyen tos, dolor en el pecho y dificultad respiratoria.
Aspergilosis sinusal
La aspergilosis de los senos paranasales causa sensación de congestión y a veces dolor, hemorragias o secreciones nasales. Los afectados pueden presentar fiebre, dolor de cabeza y secreción nasal. Pueden aparecer úlceras en la nariz o los senos paranasales, o en las encías o el paladar. Las personas que tienen una infección grave también pueden desarrollar un coágulo de sangre (trombosis) en el seno cavernoso (una vena grande situada en la base del cráneo).
Aspergilosis invasiva
Esta forma es una infección rápidamente invasiva en los pulmones suele producir tos, fiebre, dolor torácico y dificultad respiratoria. Sin tratamiento, la aspergilosis invasiva es mortal.
La aspergilosis que se extiende a otros órganos produce una enfermedad grave, cuyos síntomas incluyen fiebre, escalofríos, choque (shock), delirio y coágulos de sangre. El paciente puede sufrir insuficiencia renal o hepática (dando lugar a ictericia), y dificultad respiratoria. Este tipo de infección puede ser rápidamente mortal.
Diagnóstico de la aspergilosis
Examen, análisis y cultivo de una muestra de material infectado
Tomografía computarizada (TC) del tórax
Prueba de detección de antígenos
Prueba de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR)
Los médicos sospechan aspergilosis basándose en los síntomas de una persona.
Para identificar el hongo, el médico por lo general tiene que obtener una muestra de material infectado y enviarla al laboratorio para realizar un cultivo, examinarlo y proceder a su análisis. Puede utilizarse un tubo de visualización (broncoscopio o rinoscopio) para obtener el material de los pulmones o de los senos paranasales. En algunos casos se necesita una biopsia para obtener una muestra.
Una tomografía computarizada (TC) del tórax también proporciona pistas para establecer el diagnóstico.
Se pueden analizar muestras de sangre u otros especímenes de los pulmones para buscar antígenos (moléculas de organismos extraños que pueden desencadenar una respuesta inmunitaria en el cuerpo) producidos por el hongo.
Se pueden realizar pruebas que detectan material genético de microorganismos, como la prueba PCR. La prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés) se utiliza para producir muchas copias de un gen procedente de un hongo, lo que hace que dicho hongo sea mucho más fácil de identificar.
Tratamiento de la aspergilosis
Medicamentos antifúngicos
En algunos casos es necesaria cirugía para extraer los aspergilomas.
La aspergilosis presente solo en un seno paranasal o en una única zona del pulmón requiere tratamiento, pero no supone un peligro inmediato porque progresa lentamente. Sin embargo, si la infección es generalizada o la persona se encuentra gravemente enferma o tiene un sistema inmunitario debilitado, el tratamiento se inicia de inmediato.
La aspergilosis invasiva se trata con los medicamentos antifúngicos voriconazol, isavuconazonium o posaconazol. Los tratamientos alternativos son la anfotericina B o una combinación de medicamentos.se trata con los medicamentos antifúngicos voriconazol, isavuconazonium o posaconazol. Los tratamientos alternativos son la anfotericina B o una combinación de medicamentos.
Siempre que sea posible, se debe corregir cualquier afección que debilite el sistema inmunitario. Por ejemplo, los médicos pueden aconsejar el abandono del tratamiento con corticoesteroides (que deprimen el sistema inmunitario).
Las bolas de hongos en los pulmones o en los senos paranasales (aspergilomas) no desaparecen una vez que las personas comienzan a tomar medicamentos antifúngicos. Si las bolas causan sangrado (lo que hace que las personas afectadas puedan toser sangre) u otros síntomas, es posible que se tengan que extirpar quirúrgicamente. La cirugía cura la infección, pero a menudo es arriesgada porque muchas personas con aspergilomas sufren además otros trastornos.
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