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Tumores óseos no cancerosos

Por

Michael J. Joyce

, MD, Cleveland Clinic Lerner School of Medicine at Case Western Reserve University;


Hakan Ilaslan

, MD, Cleveland Clinic Lerner College of Medicine at Case Western Reserve University

Última revisión completa dic 2018
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Los tumores óseos no cancerosos son benignos, lo que significa que no son cancerosos y, en general, nunca o rara vez se diseminan a otras áreas del cuerpo. Sin embargo, pueden causar problemas porque pueden debilitar los huesos, afectar al movimiento de las articulaciones o destruir el tejido sano cercano.

Los tumores benignos pueden ser indoloros, pero a menudo causan dolor en los huesos. El dolor puede ser intenso. El dolor puede presentarse en reposo o por la noche y tiende a empeorar progresivamente.

Condroblastomas

Los condroblastomas son tumores poco frecuentes que crecen en los extremos de los huesos. Suelen presentarse en personas de entre 10 y 20 años de edad. Estos tumores pueden causar dolor, lo que lleva a su descubrimiento.

Para diagnosticar un condroblastoma, los médicos toman radiografías y pueden realizar otras pruebas de diagnóstico por la imagen, como la resonancia magnética nuclear (RMN). Los médicos también toman una muestra de tejido y la examinan al microscopio (biopsia).

Si no se tratan, estos tumores pueden continuar creciendo y destruir el hueso y la articulación. Por lo tanto, el tratamiento consiste en la extracción quirúrgica y el uso de un injerto óseo (trasplante de tejido óseo de un hueso a otro) para rellenar el defecto. El material para el injerto se obtiene de la pelvis de la persona afectada (autoinjerto), pero también puede ser tejido óseo procesado procedente de otra persona (aloinjerto) o un sustituto sintético de hueso. En ocasiones, estos tumores reaparecen después de la intervención quirúrgica.

Condromixofibromas

Los condromixofibromas son tumores muy poco frecuentes que suelen aparecer en personas menores de 30 años. Se suelen localizar cerca de los extremos de los huesos de las extremidades. El dolor es el síntoma habitual.

Para diagnosticar los condromixofibromas se realizan radiografías y resonancia magnética nuclear (RMN). Para confirmar el diagnóstico, los médicos también hacen una biopsia.

El tratamiento de los condromixofibromas consiste en la extirpación quirúrgica, que por lo general proporciona una cura. Sin embargo, estos tumores a veces reaparecen.

Encondromas

Los encondromas pueden producirse a cualquier edad pero tienden a desarollarse en personas de entre 10 y 40 años. Estos tumores se desarrollan en la parte central de un hueso (médula) en los huesos largos.

Estos tumores generalmente no causan síntomas, pero algunos pueden crecer y causar dolor.

Con frecuencia se descubren cuando se realizan radiografías por otros motivos y a menudo los médicos pueden diagnosticarlos por su apariencia radiológica.

Si el tumor no puede ser identificado con certeza en las radiografías o si causa dolor, es necesaria la extracción de una muestra de tejido para examinarla al microscopio (biopsia), confirmar el diagnóstico de encondroma y descartar la posibilidad de un tumor canceroso.

Si no causan dolor, no tienen que ser extirpados ni tratados.

Un encondroma puede convertirse en un tumor óseo canceroso (maligno) llamado condrosarcoma. Este cambio es infrecuente cuando la persona afectada tiene un solo encondroma, pero cuando existen encondromas múltiples (lo que se denomina encondromatosis), el cambio a un tumor canceroso es más común.

Se pueden tomar radiografías de seguimiento para controlar cualquier cambio de tamaño y asegurarse de que el tumor no se convierta en un condrosarcoma.

Displasia fibrosa

La displasia fibrosa es un desarrollo óseo anormal que se presenta durante la infancia. Puede afectar a uno o varios huesos. Los huesos de la pelvis o la cadera suelen ser los más afectados.

Los niños pueden tener marcas de nacimiento y signos de pubertad precoz, que indican un trastorno llamado síndrome de Albright (o síndrome de McCune-Albright). La proliferación de hueso anormal frecuentemente deja de producirse en la pubertad. Es infrecuente que este trastorno se convierta en canceroso (maligno).

Este trastorno se detecta a menudo cuando se realizan radiografías por otros motivos. Si los resultados de la radiografía no son claros, los médicos solicitan una biopsia.

Los bifosfonatos administrados por vía intravenosa pueden contribuir a aliviar el dolor. Las deformaciones se corrigen mediante intervención quirúrgica, así como las fracturas que no consolidan con la escayola o el dolor óseo que no puede aliviarse de otro modo.

Tumores benignos de células gigantes

Los tumores benignos (no cancerosos) de células gigantes o gigantocelulares suelen aparecer en personas en la veintena o en la treintena. Estos tumores se originan habitualmente en los extremos de los huesos y pueden extenderse a los tejidos adyacentes. Pueden causar dolor.

Para diagnosticar tumores benignos de células gigantes, los médicos solicitan en primer lugar radiografías. Debido a que en algunas ocasiones (si bien de forma muy poco frecuente) estos tumores se propagan (producir metástasis) a los pulmones, los médicos pueden indicar una tomografía computarizada (TC) del tórax. Los médicos también solicitan una biopsia para asegurarse de que el tumor sea benigno.

El tratamiento de los tumores benignos de células gigantes depende del tamaño del tumor. Es posible extirparlo quirúrgicamente y rellenar el hueco resultante con un injerto óseo, con un injerto óseo sintético o con un cemento óseo (polimetilmetacrilato) para preservar la estructura del hueso. En ocasiones, los tumores muy extensos requieren la extirpación del segmento de hueso afectado y la reconstrucción de la articulación. El tratamiento más habitual es un procedimiento quirúrgico denominado legrado óseo, en el cual el tumor se raspa enérgicamente con un instrumento en forma de pala y la cavidad se vacía seguidamente empleando una fresa de alta velocidad. Luego, los médicos pueden tratar la cavidad con un producto químico denominado fenol o congelarla con nitrógeno líquido y llenarla con cemento óseo sintético. Estos tratamientos ayudan a reducir el riesgo de recurrencia del tumor. Después de este tratamiento, alrededor del 10% de los tumores reaparecen. Los tumores de células gigantes rara vez se convierten en cancerosos.

Fibroma no osificante (defecto cortical fibroso, fibroxantoma)

Un fibroma no osificante es una anomalía que se produce cuando parte de un hueso no se endurece normalmente y en su lugar se llena con tejido fibroso en lugar de tejido óseo. Un fibroma no osificante de tamaño muy pequeño se denomina defecto cortical fibroso. Los fibromas no osificantes son frecuentes en los niños. Se producen con frecuencia cerca de los extremos de los huesos de las piernas.

La mayoría de los fibromas no osificantes se acaban endureciendo, a veces más que el hueso normal. Los fibromas no osificantes de pequeño tamaño no causan síntomas. Sin embargo, algunos fibromas pequeños crecen y pueden causar dolor y aumentar el riesgo de una rotura (fractura).

Los fibromas no osificantes se suelen detectar cuando se realiza una radiografía por otro motivo.

Los fibromas no osificantes de pequeño tamaño no requieren tratamiento. Sin embargo, los fibromas que causan dolor o que han aumentado mucho de tamaño se extirpan y se realiza un injerto óseo para rellenar el defecto.

Osteoblastomas

Los osteoblastomas son tumores no cancerosos (benignos) muy poco frecuentes. Algunos médicos simplemente los consideran osteomas osteoides. Los osteoblastomas son mucho más frecuentes en los hombres y suelen desarrollarse entre los 10 y los 35 años de edad. Estos tumores se desarrollan en los huesos de la columna vertebral, las piernas, las manos y los pies. Crecen lentamente, destruyen el hueso normal y son dolorosos.

Para diagnosticar los osteoblastomas, los médicos realizan radiografías y otras pruebas de diagnóstico por la imagen como tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética nuclear (RMN). Para confirmar el diagnóstico de osteoblastoma, los médicos toman una muestra de tejido y lo examinan al microscopio (biopsia).

El tratamiento de los osteoblastomas requiere cirugía. Normalmente los tumores se extirpan y a continuación se realiza un injerto óseo (trasplante de tejido óseo de un hueso a otro) para rellenar el defecto. En ocasiones estos tumores reaparecen después de la intervención quirúrgica, si bien no se diseminan (no hacen metástasis) a otras partes del cuerpo.

Osteocondromas

Los osteocondromas (exostosis osteocartilaginosas) son el tipo más frecuente de tumor óseo no canceroso y suelen desarrollarse en personas de 10 a 20 años de edad. Estos tumores son proliferaciones en la superficie de un hueso que protruyen como bultos duros. Una persona puede tener uno o varios osteocondromas. La predisposición a desarrollar varios puede presentarse en diferentes miembros de una misma familia.

En algún momento de su vida, alrededor del 10% de las personas que tienen más de un osteocondroma (denominado osteocondromatosis múltiple) desarrolla un tumor óseo canceroso (maligno) denominado condrosarcoma (presumiblemente formado a partir de un osteocondroma ya existente). Las personas con osteocondromatosis deben acudir a su médico para someterse a exploraciones periódicas. Sin embargo, es improbable que las personas que tienen solo un osteocondroma desarrollen un condrosarcoma. Por lo tanto, la extirpación de un osteocondroma simple generalmente no es necesaria a menos que cause síntomas.

El médico realiza radiografías para visualizar las proliferaciones en la superficie del hueso. La mayoría de los osteocondromas se diagnostican mediante radiografías. También se llevan a cabo pruebas de diagnóstico por la imagen, como resonancia magnética nuclear (RMN) o, algunas veces, tomografía computarizada (TC), especialmente si los hallazgos radiológicos no están claros.

La extirpación quirúrgica de un osteocondroma se realiza, por regla general, si aumenta de tamaño o causa nuevos síntomas. Por ejemplo, si el tumor perturba el crecimiento del hueso, provoca dolor o presiona los nervios, músculos, vasos sanguíneos o estructuras circundantes, debe ser extirpado.

Osteomas osteoides

Los osteomas osteoides son tumores muy pequeños que habitualmente se desarrollan en personas de edades comprendidas entre los 10 y los 35 años. Son más frecuentes en los huesos largos de las piernas (el fémur y la tibia) aunque pueden aparecer en cualquier hueso.

Generalmente estos tumores causan un dolor que empeora por la noche y se alivia con dosis bajas de aspirina (ácido acetilsalicílico) u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE). En ocasiones, los músculos que rodean al tumor se estropean (atrofian) porque el dolor hace que las personas afectadas permanezcan inactivas. Este proceso puede mejorar tras la extirpación del tumor. Si el tumor se desarrolla cerca de la placa de crecimiento (la zona de un hueso a partir de la cual se produce el crecimiento en los niños), se sobreestimula el crecimiento óseo. Esta sobreestimulación hace que las extremidades crezcan de modo desigual una de otra.

Para diagnosticar los osteomas osteoides, se realizan radiografías. Las gammagrafías óseas con trazadores radiactivos también se realiza para ayudan a determinar la localización exacta del tumor. A veces la localización del tumor es difícil, por lo que es necesario practicar pruebas adicionales, como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN). Si los resultados de las pruebas de diagnóstico por la imagen no son claros, el médico extrae una muestra de tejido pulmonar para su examen al microscopio (biopsia). Algunas veces la biopsia se puede hacer cuando se trata el tumor.

Para tratar el tumor de forma definitiva, el médico suele puncionar la piel e insertar en el interior del tumor una sonda parecida a una aguja, utilizando la TC como guía para la colocación. Luego se aplica un pulso de radiofrecuencia, que calienta la sonda (parecida a una aguja), para destruir el tumor. Mientras se realiza esto, la persona está bajo anestesia general, anestesia epidural o bloqueo nervioso anestésico. El pronóstico es bueno y el dolor suele desaparecer. Otra forma de eliminar permanentemente el dolor consiste en extirpar quirúrgicamente el tumor. Algunas personas prefieren tomar analgésicos de forma indefinida como alternativa en lugar de someterse a la operación quirúrgica. El dolor puede desaparecer finalmente sin tratamiento.

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