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Hepatitis B, crónica

Por

Sonal Kumar

, MD, MPH, Weill Cornell Medical College

Última revisión completa oct 2019
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La hepatitis B crónica es la inflamación del hígado causada por el virus de la hepatitis B y que ha durado más de 6 meses.

  • La mayoría de las personas con hepatitis B crónica no presentan síntomas, pero algunas tienen malestar general, cansancio y pérdida de apetito.

  • El hecho de sufrir hepatitis B crónica aumenta el riesgo de cáncer de hígado.

  • Los médicos diagnostican la hepatitis B basándose en análisis de sangre y en ocasiones hacen una biopsia del hígado para determinar la extensión del daño hepático.

  • No todos los pacientes con hepatitis B crónica necesitan tratamiento, pero si la hepatitis B crónica está dañando el hígado (causando inflamación o cicatrización), se inicia un tratamiento con un medicamento antivírico.

  • El tratamiento con medicamentos antivíricos puede ayudar a eliminar el virus, prevenir una mayor inflamación y cicatrización en el hígado y permitir que se curen las áreas ya dañadas.

Se estima que entre 850 000 y 2,2 millones de personas en Estados Unidos y cerca de 257 millones de personas en todo el mundo sufren hepatitis B crónica.

En Extremo Oriente y en ciertas partes de África, el virus de la hepatitis B es responsable de muchos de los casos de hepatitis crónica, cirrosis (cicatrización grave del hígado) y cáncer de hígado.

En general, alrededor del 5% al 10% de las personas con hepatitis B aguda desarrollan hepatitis B crónica. Cuanto más joven es la persona cuando se produce la hepatitis B aguda, mayor es el riesgo de desarrollar hepatitis B crónica:

  • Lactantes: 90%

  • Niños de 1 a 5 años: 25 a 50%

  • Adultos: alrededor del 5%

Si la concentración del virus de la hepatitis B (carga vírica) es elevada en mujeres embarazadas, a menudo se les administran medicamentos antivíricos durante el último trimestre del embarazo para evitar la transmisión del virus de madre a hijo.

La hepatitis B aguda se vuelve crónica en aproximadamente el 40% de las personas que están siendo tratadas con hemodiálisis y hasta en el 20% de las personas con un sistema inmunológico debilitado.

La hepatitis B crónica tiende a empeorar, a veces rápidamente, pero en ocasiones a lo largo de décadas, dando lugar a una cirrosis. La hepatitis B crónica también aumenta el riesgo de cáncer de hígado. Alrededor del 20% de las personas con hepatitis B crónica desarrollan cirrosis o cáncer de hígado y pueden morir prematuramente.

Algunas personas con hepatitis B crónica también tienen hepatitis D crónica. Sin tratamiento, la combinación causa cirrosis en el 70% de las personas afectadas como máximo.

Síntomas

Los síntomas de la hepatitis B crónica varían según la gravedad del daño hepático.

Muchas personas con hepatitis B crónica, en especial los niños, no presentan síntomas. Las personas que presentan síntomas por lo general se sienten enfermas y cansadas y pierden el apetito. Algunas personas presentan febrícula y malestar en la parte superior del abdomen. Algunas personas con hepatitis B crónica presentan ictericia (coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos).

A menudo, los primeros síntomas específicos se producen cuando la enfermedad hepática ha evolucionado y hay evidencia de cirrosis. Los síntomas pueden incluir

  • Agrandamiento del bazo

  • Capilares en forma de araña visibles en la piel (llamados angiomas aracnifoides)

  • Enrojecimiento de las palmas de las manos

  • Acumulación de líquido dentro del abdomen (ascitis)

  • Tendencia a sangrar (coagulopatía)

  • Ictericia (erupción y coloración amarillenta de la piel y del blanco de los ojos [esclerótica])

  • Deterioro de la funcionalidad cerebral debido a una disfunción hepática (encefalopatía hepática)

Las función mental se deteriora porque las sustancias tóxicas se acumulan en la sangre y llegan al cerebro. En condiciones normales, el hígado las elimina de la sangre, las descompone y posteriormente las excreta a la bilis o a la sangre como subproductos inocuos. El hígado gravemente dañado es menos capaz de eliminarlas.

La persona afectada tiene tendencia a sangrar porque el hígado dañado ya no puede sintetizar la cantidad suficiente de proteínas que intervienen en la coagulación de la sangre.

La ictericia y el picor aparecen porque el hígado dañado no puede eliminar la bilirrubina de la sangre como lo hace normalmente. La bilirrubina entonces se acumula en la sangre y se deposita en la piel. (La bilirrubina es un pigmento amarillo que se produce como desecho durante la degradación normal de los glóbulos rojos sanguíneos.) Las heces son de color claro porque el flujo de bilis fuera del hígado está bloqueado, por lo que se elimina menos bilirrubina en las heces. La bilirrubina es lo que le da a las heces su color marrón característico.

Diagnóstico

  • Análisis de sangre

Los médicos pueden sospechar hepatitis B crónica cuando

  • La persona presenta los síntomas característicos.

  • Los análisis de sangre (realizados por otros motivos) detectan enzimas hepáticas anormalmente elevadas.

  • La persona ha recibido un diagnóstico previo de hepatitis B aguda.

Las pruebas de la hepatitis crónica suelen comenzar con análisis de sangre para evaluar el funcionamiento del hígado y determinar si está dañado (pruebas hepáticas). Las pruebas hepáticas comportan la medida de las concentraciones de enzimas hepáticas y de otras sustancias producidas por el hígado. Estas pruebas pueden ayudar a determinar la gravedad del daño hepático.

Si las pruebas sugieren hepatitis, los médicos solicitan otros análisis de sangre para detectar los virus de la hepatitis B y C. Ambos pueden causar hepatitis crónica. Estos análisis de sangre pueden identificar partes de virus específicos (antígenos), anticuerpos específicos producidos por el cuerpo para combatir el virus y, a veces, material genético (ARN o ADN) del virus. Si los médicos tienen fuertes sospechas únicamente de hepatitis B, pueden solicitar análisis de sangre solo para ese virus.

Los médicos solicitan análisis de sangre para medir la carga viral, que es la cantidad de material genético (ADN) del virus de la hepatitis B que está presente.

Si se confirma la hepatitis B crónica, los médicos también verifican la existencia de anticuerpos contra la hepatitis D que, también pueder se presente y contra la infección por VIH y hepatitis C, porque estas infecciones se transmiten a menudo de la misma manera (a través del contacto con líquidos corporales, como sangre o semen).

Se puede realizar una biopsia hepática para determinar la extensión del daño hepático.

Cribado del cáncer de hígado

Las personas con hepatitis B crónica deben someterse cada 6 meses a una prueba de cribado para el cáncer hepático. A continuación se realiza lo siguiente:

  • Ecografía

  • A veces, medición de las concentraciones de alfa-fetoproteína

una proteína producida normalmente por las células hepáticas inmaduras de los fetos y que permite la detección de cáncer hepático ya que su nivel suele aumentar cuando existe dicho cáncer.

Tratamiento

  • Medicamentos antivirales

  • En algunas ocasiones, trasplante de hígado

Los medicamentos antivíricos se emplean cuando la persona afectada presenta una de las características siguientes o una combinación de las mismas:

  • Niveles anormalmente elevados de enzimas hepáticas

  • Una carga viral (la cantidad de ADN del virus de la hepatitis B en la sangre) elevada

  • Síntomas de empeoramiento de la enfermedad

  • Resultados de la biopsia que indican que el daño hepático continúa

El tratamiento de la hepatitis B con medicamentos antivíricos puede prevenir un mayor daño al hígado y permitir que se curen las áreas ya dañadas. La mayoría de las personas que reciben tratamiento para la hepatitis B crónica deben recibirlo de forma indefinida.

Detener el tratamiento de forma prematura puede provocar una recaída, que puede ser grave. Sin embargo, si los análisis de sangre ya no detectan ninguna infección activa por el virus de la hepatitis B, el tratamiento puede interrumpirse.

Se utiliza en primer lugar uno de los fármacos antivíricos siguientes:

  • Entecavir

  • Tenofovir (dos formas disponibles)

  • Interferón alfa pegilado

Estos fármacos se administran por vía oral, son muy eficaces y tienen pocos efectos secundarios.

Otros de los fármacos que se emplean algunas veces son adefovir, lamivudina y telbivudina. Sin embargo, estos medicamentos ya no se usan como primera elección porque presentan un riesgo mayor de efectos secundarios y pueden perder su efectividad (lo que se denomina resistencia a los fármacos).

Si la funcionalidad hepática está gravemente alterada, se debe considerar un trasplante de hígado. Es más probable que el hígado trasplantado sobreviva y es menos probable que se repita la hepatitis B si

  • Las personas con hepatitis B crónica han estado tomando medicamentos antivíricos durante mucho tiempo.

  • Se tratan con inmunoglobulina contra la hepatitis antes y, con frecuencia, después del trasplante.

La inmunoglobulina contra la hepatitis B se obtiene de la sangre de personas con concentraciones elevadas de anticuerpos contra la hepatitis B. Se administra mediante inyección en un músculo o en una vena. Ayuda al organismo a combatir la infección.

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