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Trastorno disocial

Por Josephine Elia, MD, Division of Pediatric Behavioral Health, Department of Pediatrics, A.I. DuPont Hospital for Children

El trastorno disocial consiste en un patrón de comportamiento repetitivo en el que se violan los derechos fundamentales de los demás.

  • Los niños con trastorno disocial son egoístas e insensibles a los sentimientos de los otros y pueden acosar, causar daños a la propiedad, mentir o robar sin sentirse culpables.

  • Los médicos basan el diagnóstico en el historial del comportamiento del niño.

  • La psicoterapia puede ser de ayuda, pero el tratamiento más eficaz para estos casos consiste en separar a los niños de un entorno problemático y proporcionarles un ambiente estrictamente estructurado, como por ejemplo el de una institución de salud mental.

Aunque algunos niños tienen mejor comportamiento que otros, los que de forma repetida y persistente violan las reglas y los derechos de los demás de manera inadecuada para su edad presentan un trastorno disocial. Este trastorno suele comenzar al final de la infancia o al principio de la adolescencia y es más frecuente entre los varones que entre las niñas.

La herencia genética y el entorno probablemente influyen en el desarrollo del trastorno disocial. Los padres de los niños afectados a menudo sufren también algún trastorno de salud mental, como abuso de sustancias, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno del estado de ánimo, esquizofrenia o trastorno antisocial de la personalidad. Sin embargo, algunos niños afectados pueden proceder de familias sanas que funcionan bien.

Síntomas

En general, los niños con trastorno disocial son solitarios, egoístas, no tienen buenas relaciones con los demás y carecen de sentimiento de culpa. Son insensibles a los sentimientos y al bienestar del prójimo. Tienden a malinterpretar el comportamiento de las otras personas como una amenaza y reaccionan de forma agresiva. Emprenden acciones intimidatorias, amenazas, peleas frecuentes y son crueles con los animales. Algunos niños dañan bienes, especialmente ocasionando incendios. Mienten o roban.

El trastorno afecta a niños y a niñas de manera diferente. Las niñas tienen menos probabilidades de ser agresivas físicamente. En cambio, suelen fugarse, mentir, abusar de sustancias y algunas veces prostituirse. Los niños tienden a meterse en peleas, robar o realizar actos de vandalismo.

Es frecuente que violen gravemente las reglas, lo que incluye fugarse de casa y ausentarse frecuentemente de la escuela. Estos niños son propensos al consumo y abuso de drogas y tienen dificultades en la escuela. Es posible que tengan pensamientos suicidas y hay que considerarlos seriamente.

Cerca de dos tercios de los niños dejan atrás el comportamiento inadecuado al llegar a la edad adulta. Cuanto más temprano aparece el trastorno disocial, más probabilidades hay de que persista en la vida adulta. Si el comportamiento se mantiene durante la vida adulta a menudo conduce a problemas legales, violación pertinaz de los derechos de los otros y, frecuentemente, al diagnóstico de un trastorno antisocial de la personalidad (ver Trastorno de personalidad antisocial). Algunos de estos adultos desarrollan trastornos del estado de ánimo, ansiedad u otros trastornos mentales.

Diagnóstico

  • Descripción de la conducta

Los médicos basan su diagnóstico en el comportamiento del niño. Los síntomas y el comportamiento deben ser lo bastante problemáticos para afectar al funcionamiento en las relaciones personales, el colegio o el trabajo.

El entorno social también se toma en consideración. Si la mala conducta se desarrolla como una adaptación a un entorno estresante (como pueden ser áreas devastadas por la guerra o zonas de conflictos civiles), no se considera un trastorno disocial.

Tratamiento

  • A menudo se desplaza a los niños de su entorno con problemas a un entorno estrictamente estructurado

  • Psicoterapia

El tratamiento es muy difícil porque los niños con trastorno disocial raramente perciben que haya algo malo en su comportamiento. Por lo tanto, regañarles e instarles a que se comporten mejor no ayuda y se debe evitar. Con frecuencia, el tratamiento más efectivo consiste en separar a los niños de un ambiente problemático y proporcionarles un ambiente muy estructurado, como en un centro de reeducación o un reformatorio.

La psicoterapia puede mejorar la autoestima del niño y el autocontrol, lo que les permite controlar mejor su comportamiento.

Algunos fármacos pueden tener cierta eficacia, especialmente si el trastorno disocial coexiste con otros trastornos como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o la depresión. El tratamiento de estos trastornos coexistentes ayuda a disminuir los síntomas del trastorno disocial.