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Convulsiones febriles

Por Margaret C. McBride, MD, Professor of Pediatrics;Pediatric Neurologist, NeuroDevelopmental Science Center, Northeast Ohio Medical University;Akron Children’s Hospital

Las convulsiones febriles son crisis convulsivas desencadenadas por la fiebre.

Ocurren en una proporción del 2 al 5% de los niños menores de 6 años, pero se dan con más frecuencia en niños de 6 meses a 3 años. Un ataque que se produce en un niño con fiebre y que tiene 6 años o más, no se considera una convulsión febril. Las convulsiones febriles suelen afectar a varios miembros de una misma familia. La mayoría de las convulsiones febriles duran mucho menos de 15 minutos, y cerca de dos tercios de los niños que tienen una convulsión febril nunca tienen otra.

Pueden ser simples o complejas.

  • Convulsión simple: Todo el cuerpo se agita (convulsión generalizada) durante menos de 15 minutos. Más del 90% de las convulsiones febriles son simples.

  • Convulsión compleja: Todo el cuerpo se agita durante más de 15 minutos (de forma constante o con pausas), o bien se agita solo un lado del cuerpo (convulsión parcial) o las convulsiones ocurren al menos 2 veces en 24 horas. Los niños con convulsiones febriles complejas son ligeramente más propensos a desarrollar un trastorno convulsivo en una época posterior de la infancia.

Las convulsiones febriles son resultado de la propia fiebre. Muy a menudo, la fiebre está causada por una infección que, por sí misma, sería menor, como por ejemplo una infección respiratoria vírica o una infección del oído. En estos casos, la infección y la crisis convulsiva son inofensivas. Sin embargo, a veces las infecciones encefálicas potencialmente mortales, como la meningitis (ver Meningitis bacteriana aguda) o la encefalitis (ver Encefalitis), también causan convulsiones (así como fiebre). Dado que los padres no pueden saber si el niño sufre una de estas infecciones encefálicas, si presenta fiebre y una crisis convulsiva por primera vez o está muy enfermo deben llevarlo a urgencias para una valoración clínica. El niño es examinado por un médico y, en función de los hallazgos, en ocasiones se le somete a pruebas para descartar los trastornos mencionados, así como otros trastornos que puedan provocar convulsiones. Estas pruebas pueden incluir una punción lumbar y análisis del líquido que rodea la médula espinal (líquido cefalorraquídeo) y un análisis de sangre para medir los niveles de azúcar (glucosa), calcio, magnesio, sodio, u otras sustancias. Si la convulsión afectó exclusivamente a un lado del cuerpo, pueden realizarse pruebas de imagen del encéfalo por tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética nuclear (RMN).

¿Sabías que...?

  • La mayoría de los niños tienen una única convulsión febril.

Pronóstico

Alrededor de un tercio de los niños presentan otras convulsiones febriles, pero por lo general sólo unas pocas. Los niños son más propensos a tener convulsiones adicionales si tenían menos de 1 año de edad cuando presentaron la primera convulsión febril o si tienen familiares cercanos que hayan tenido convulsiones febriles.

Los niños que hayan sufrido una convulsión febril simple son ligeramente más propensos a desarrollar un trastorno convulsivo no relacionado con la fiebre (como convulsiones no febriles o epilepsia). Si los niños han tenido una convulsión febril compleja o tienen factores de riesgo adicionales (tales como retraso en el desarrollo o una historia familiar de convulsiones), el riesgo es mayor (hasta 10%). En algunos niños, que tienen convulsiones muy prolongadas, se producen alteraciones cerebrales (identificadas mediante la RMN) que pueden dar lugar con posterioridad a convulsiones no febriles. En estos casos, los médicos no están seguros de si el hecho de haber sufrido una convulsión febril prolongada, por sí mismo, hace que sean más probables las convulsiones no febriles, o si algunos factores subyacentes hacen que los niños sean más propensos a tener tanto la convulsión febril prolongada como las convulsiones no febriles posteriores.

Se cree que las convulsiones febriles que no duran mucho tiempo no causan epilepsia ni otras anormalidades neurológicas. Sin embargo, una convulsión febril es a veces el primer signo de un trastorno neurológico no reconocido previamente. A veces los médicos pueden mirar de forma retrospectiva y apreciar signos de este trastorno en los antecedentes clínicos del niño. A veces, no aparecen otros síntomas de este trastorno hasta más tarde. En cualquier caso, no se cree que la convulsión febril cause las anomalías.

Tratamiento

Normalmente, las convulsiones duran menos de 15 minutos y no se prescribe ningún tratamiento salvo los fármacos antipiréticos. Si una convulsión dura 15 minutos o más (lo que se denomina estado epiléptico), los médicos administran fármacos para poner fin a las convulsiones (ver Tratamiento de urgencia).

A los niños que únicamente han presentado unas pocas convulsiones febriles simples por lo general no se les administran los fármacos que se utilizan para prevenir las convulsiones adicionales (anticonvulsivantes, ver Uso de fármacos para tratar las convulsiones en los niños) No obstante, a los niños que han tenido muchas convulsiones febriles o bien convulsiones de larga duración pueden administrárseles dichos fármacos durante cierto periodo de tiempo. Si los niños han tenido una convulsión febril prolongada, el médico puede prescribir que se les aplique gel de diazepam en el recto, si se produce una convulsión posterior que dure más de 5 minutos.

Si los niños han tenido una convulsión febril, los padres deben estar atentos y tratar la fiebre alta, ya que puede desencadenar convulsiones.

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