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Linfadenitis

Por A. Damian Dhar, MD, JD

La linfadenitis es la infección de uno o más ganglios linfáticos que, por lo general, se hinchan y se vuelven muy sensibles.

La linfadenitis casi siempre está provocada por una infección, que puede ser debida a bacterias, virus, protozoos u hongos. Por lo general la infección se extiende hasta un ganglio linfático a partir de una infección de la piel, el oído, la nariz o los ojos, o como consecuencia de infecciones como mononucleosis infecciosa, infección por citomegalovirus, infección estreptocócica, tuberculosis o sífilis. La infección puede afectar a numerosos ganglios linfáticos o únicamente a los que están localizados en una zona determinada del cuerpo.

Síntomas y diagnóstico

Los ganglios linfáticos infectados aumentan de tamaño y suelen ser hipersensibles y dolorosos. En ciertos casos, la piel que los cubre está inflamada, tiene un color rojizo y se nota caliente. Algunas personas pueden tener celulitis (ver Celulitis). Las personas afectadas con frecuencia tienen fiebre, y en algunas ocasiones se forman bolsas llenas de pus (abscesos). Los ganglios linfáticos aumentados de tamaño que no producen dolor, sensibilidad ni enrojecimiento pueden indicar la presencia de una enfermedad grave, como un linfoma, una tuberculosis o un linfoma de Hodgkin. Estos ganglios linfáticos requieren atención médica.

Por lo general, la linfadenitis puede diagnosticarse a partir de los síntomas, y su causa es una infección cercana evidente. Cuando la causa no puede ser identificada con facilidad, es necesario realizar una biopsia (extracción quirúrgica y examen de una muestra de tejido al microscopio) y un cultivo (se envía una muestra al laboratorio y se sitúa en un medio de cultivo que permite que el microorganismo crezca), y a partir de ahí es posible confirmar el diagnóstico e identificar el agente causante de la infección.

Tratamiento

El tratamiento depende del microorganismo que produce la infección. En el caso de una infección bacteriana, se administra habitualmente un antibiótico por vía intravenosa u oral. Las compresas calientes y humedecidas pueden contribuir a aliviar el dolor de los ganglios linfáticos inflamados. Por lo general, cuando la infección ha sido tratada, los ganglios linfáticos disminuyen lentamente de tamaño y el dolor desaparece. En algunas ocasiones, los ganglios que han aumentado de tamaño siguen duros pero ya no son dolorosos a la palpación. Los abscesos deben drenarse quirúrgicamente.