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Accidentes isquémicos transitorios (AIT)

Por

Elias A. Giraldo

, MD, MS, California University of Science and Medicine School of Medicine

Última revisión completa feb. 2018
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Datos clave
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Un accidente isquémico transitorio (AIT) es una alteración temporal de la función cerebral que suele durar menos de 1 hora y que ha sido causada por un bloqueo temporal de la irrigación cerebral.

  • La causa y los síntomas de un accidente isquémico transitorio son los mismos que los de un accidente cerebrovascular isquémico.

  • Los accidentes isquémicos transitorios (AIT) difieren de los accidentes cerebrovasculares isquémicos en que los síntomas desaparecen en menos de 1 hora y no existe daño cerebral permanente.

  • Los síntomas sugieren el diagnóstico, pero también se realizan pruebas de diagnóstico por la imagen del cerebro.

  • También se realizan otras pruebas de diagnóstico por la imagen y análisis de sangre para diagnosticar la causa del AIT.

  • Se recomienda el control de la hipertensión arterial, la regulación de los niveles elevados de colesterol y de glucosa en sangre y dejar de fumar.

  • Para reducir el riesgo de accidente cerebrovascular tras un accidente isquémico transitorio, se utilizan fármacos que reducen la propensión sanguínea a la formación de coágulos y, en algunos casos, la cirugía (endoarterectomía carotídea) o la angioplastia.

Los accidentes isquémicos transitorios son un signo de alarma de un accidente cerebrovascular isquémico inminente. Las personas que han sufrido un accidente isquémico transitorio tienen muchas más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular que quienes no lo han tenido. El riesgo de accidente cerebrovascular es mayor durante las primeras 24 a 48 horas siguientes al AIT. Reconocer un accidente isquémico transitorio e identificar y tratar su causa ayuda a prevenir un accidente cerebrovascular.

Los accidentes isquémicos transitorios son más frecuentes entre las personas de mediana edad y entre los ancianos.

Los accidentes isquémicos transitorios (AIT) son diferentes de los accidentes cerebrovasculares isquémicos porque los AIT no parecen causar daño cerebral permanente. Es decir, los síntomas del AIT se resuelven por completo y rápidamente, y pocas o ninguna célula cerebral muere, al menos no en suficiente número como para causar cambios detectables mediante las pruebas de imagen del cerebro.

Causas

Las causas de los accidentes isquémicos transitorios y de los accidentes cerebrovasculares isquémicos son prácticamente las mismas. La mayoría de los accidentes isquémicos transitorios (AIT) ocurren cuando, debido a la ateroesclerosis, una parte de un coágulo sanguíneo (trombo) o de materia grasa (ateroma o placa) se desprende del corazón o de la pared de una arteria (por lo general en el cuello), viaja a través del torrente sanguíneo (convirtiéndose en un émbolo) y se aloja en una arteria que irriga el cerebro.

Si las arterias que van al cerebro ya se han estrechado (como en sujetos con ateroesclerosis), otras patologías pueden, en ocasiones, causar AIT. Estas incluyen un nivel muy bajo de oxígeno en la sangre (como puede darse por un trastorno pulmonar), una deficiencia de glóbulos rojos severa (anemia), la intoxicación por monóxido de carbono, el aumento de viscosidad de la sangre (como en la policitemia), o una tensión arterial muy baja (hipotensión).

Factores de riesgo

Los factores de riesgo para el accidente isquémico transitorio también son los mismos que los del accidente cerebrovascular isquémico.

Algunos de estos factores de riesgo pueden controlarse o modificarse en cierta medida; por ejemplo, mediante el tratamiento del trastorno que aumenta el riesgo.

Los principales factores de riesgo modificables para los AIT son:

Los factores de riesgo no modificables son

  • Haber sufrido un accidente cerebrovascular previo

  • Ser una persona mayor

  • Tener familiares que han sufrido un accidente cerebrovascular

Síntomas

Los síntomas de un accidente isquémico transitorio evolucionan repentinamente. Son idénticos a los de un accidente cerebrovascular isquémico, pero son temporales y reversibles. Por lo general duran entre 2 y 30 minutos y después desaparecen por completo.

Se pueden sufrir varios de estos accidentes en un mismo día o solo dos o tres en varios años.

Los sistomas pueden consistir en

  • Debilidad repentina o parálisis en un lado del cuerpo (por ejemplo, la mitad de la cara, un brazo o una pierna, o la totalidad de un lado)

  • Pérdida repentina de la sensibilidad o sensaciones anómalas en un lado del cuerpo

  • Dificultad repentina para hablar (como, por ejemplo, un habla farfullante)

  • Confusión repentina, con dificultad para comprender el lenguaje hablado

  • Oscurecimiento súbito de la visión, vista borrosa o pérdida de la visión, particularmente en un solo ojo

  • Mareo repentino o pérdida de equilibrio y coordinación

Diagnóstico

  • Resolución rápida de los síntomas

  • Tomografía computarizada y, cuando esté disponible, resonancia magnética nuclear

  • Pruebas para determinar la causa

Quienes presentan un síntoma repentino similar a alguno de los del accidente cerebrovascular deben acudir de inmediato a un centro de urgencias. Un síntoma de este tipo sugiere un accidente isquémico transitorio (AIT). Sin embargo, otros trastornos, como las convulsiones, los tumores cerebrales, las jaquecas y los niveles de glucosa en sangre anormalmente bajos (hipoglucemia), producen síntomas similares, por lo que es necesario realizar exámenes más detallados.

Los médicos sospechan un AIT si se desarrollan los síntomas de un accidente cerebrovascular, en especial, si se resuelven en menos de 1 hora. Los médicos pueden no ser capaces de determinar si se produce un accidente cerebrovascular a partir de un AIT antes de que desaparezcan los síntomas. Evalúan rápidamente a aquellas personas que tienen síntomas de un AIT o de un accidente cerebrovascular. Los sujetos que han sufrido un AIT generalmente ingresan en el hospital, al menos por un corto periodo de tiempo, para hacer pruebas y ver si se produce un accidente cerebrovascular poco después de un AIT.

Los médicos investigan los factores de riesgo de un accidente cerebrovascular interrogando a la persona afectada, revisando su historial médico y con ayuda de análisis de sangre.

Se realizan pruebas de diagnóstico por la imagen como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN) para buscar indicios de accidente cerebrovascular, hemorragias y tumores cerebrales. Un tipo especial de resonancia magnética nuclear, denominada resonancia magnética nuclear ponderada por difusión, puede mostrar áreas de tejido cerebral que están gravemente dañadas y no están funcionando. La resonancia magnética ponderada por difusión con frecuencia puede ayudar a los médicos a diferenciar un AIT de un accidente cerebrovascular isquémico. Sin embargo, la resonancia magnética nuclear ponderada por difusión no siempre está disponible.

Se realizan pruebas para determinar la causa del AIT. Las pruebas incluyen

  • Electrocardiografía (ECG), que incluye monitorización mediante ECG continua, para detectar arritmias

  • Ecocardiografía para examinar el corazón buscando coágulos de sangre, anomalías en el bombeo, problemas estructurales y valvulopatías

  • Otras pruebas de diagnóstico por la imagen

  • Análisis de sangre para verificar la presencia de trastornos como anemia y policitemia y de factores de riesgo como concentraciones elevadas de colesterol o diabetes

Otras pruebas de diagnóstico por la imagen ayudan a determinar si una arteria que va al cerebro esta obstruida, cuál es la arteria obstruida y el grado de obstrucción. Estas pruebas proporcionan imágenes de las arterias que transportan la sangre a través del cuello hasta el cerebro (arterias carótidas internas y arterias vertebrales) y de las arterias del cerebro (como las arterias cerebrales). Ellos incluyen una ecografía Doppler en color (utilizada para evaluar el flujo sanguíneo en las arterias), una angiografía por resonancia magnética y una angiografía por tomografía computarizada (TC).

¿Sabías que...?

  • Incluso si los síntomas de un accidente cerebrovascular se resuelvan en pocos minutos, las personas afectadas deben acudir a urgencias inmediatamente.

Tratamiento

  • Control de los factores de riesgo para los AIT

  • Fármacos que disminuyen la probabilidad de coagulación de la sangre

  • A veces, cirugía con o sin stent

El tratamiento de los accidentes isquémicos transitorios se dirige a la prevención de un accidente cerebrovascular. Es el mismo que tratamiento después de un accidente cerebrovascular isquémico.

El primer paso para prevenir un accidente cerebrovascular es controlar, si es posible, los factores de riesgo principales:

Fármacos o sustancias

La persona afectada puede recibir un medicamento para hacer que la sangre no se coagule (un antiagregante plaquetario o un anticoagulante).

La toma de un antiagregante plaquetario, como la aspirina (ácido acetilsalicílico), o un comprimido combinado de dosis bajas de aspirina más dipiridamol, clopidogrel, o clopidogrel más aspirina, reducen la posibilidad de que se formen los coágulos causantes de un accidente isquémico transitorio (AIT) o de un accidente cerebrovascular isquémico. Los antiagregantes plaquetarios hacen menos probable que las plaquetas se agrupen y formen coágulos. (Las plaquetas son unas pequeñas partículas parecidas a células que se encuentran en la sangre y que ayudan a coagularla en respuesta a la lesión de los vasos sanguíneos.)

Tomar clopidogrel más aspirina (ácido acetilsalicílico) parece reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares futuros más que tomar aspirina sola, pero solo durante los primeros 3 meses después de un accidente cerebrovascular. Después, la combinación no supone ninguna ventaja frente a tomar aspirina (ácido acetilsalicílico) sola. Además, el tratamiento con clopidogrel más aspirina aumenta ligeramente el riesgo de sangrado.

Si un coágulo de sangre del corazón produjo el AIT, se administran anticoagulantes, como la warfarina, para hacer que la sangre sea menos propensa a coagularse. El dabigatrán, el apixaban y el rivaroxaban son nuevos anticoagulantes que a veces se utilizan en lugar de la warfarina. Estos anticoagulantes más nuevos son más fáciles de usar porque, a diferencia de la warfarina, no requieren una monitorización regular con análisis de sangre para medir cuánto tiempo tarda la sangre en coagularse. Además, no se ven afectados por los alimentos y es poco probable que interactúen con otros fármacos. Pero los nuevos anticoagulantes presentan algunos inconvenientes. Dabigatrán y apixabán deben tomarse dos veces al día. (La warfarina se toma una vez al día). Además, la persona no debe saltarse la toma de ninguna dosis de los medicamentos más nuevos para que éstos sean eficaces, y estos medicamentos son significativamente más caros que la warfarina.

Cirugía

El grado de estrechamiento de las arterias carótidas ayuda a los médicos a estimar el riesgo de un accidente cerebrovascular o de accidentes isquémicos transitorios posteriores y, por tanto, a determinar la necesidad de tratamiento adicional. Si se cree que la persona es de alto riesgo (por ejemplo, si la arteria carótida está estrechada al menos en un 70%), se lleva a cabo, para atenuar dicho riesgo, una intervención llamada endoarterectomía carotídea que consiste en ensanchar la arteria. La endoarterectomía carotídea suele eliminar depósitos de grasa (ateromas, o placas) debidos a la ateroesclerosis y coágulos instalados en la arteria carótida interna. Sin embargo, la operación puede desencadenar un accidente cerebrovascular por la posibilidad de que, durante la misma, se desprenda un coágulo u otro material que pueda viajar a través del torrente sanguíneo y obstruir una arteria. Sin embargo, después de la intervención, el riesgo de un accidente cerebrovascular es, durante varios años, menor que con el uso de fármacos.

Prótesis intravasculares

Si la salud de la persona en cuestión no es lo bastante buena como para someterse a cirugía, puede llevarse a cabo una angioplastia con prótesis endovascular (stent, ver figura Qué es la intervención coronaria percutánea). En este procedimiento, se introduce un catéter con un balón en su extremo hacia el interior de la arteria estrechada. A continuación, se infla el balón durante varios segundos para dilatar la arteria. Para mantener la arteria abierta, el médico implanta en ella un tubo hecho de una malla de alambre (un stent).

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