Infección urinaria en niños

PorGeoffrey A. Weinberg, MD, Golisano Children’s Hospital
Revisado/Modificado feb 2024
Vista para pacientes

La infección urinaria en niños se define por un recuento 5 × 10 colonias/mL en una muestra de orina obtenida mediante una sonda o, en niños mayores, por un recuento 10 colonias/mL en muestras miccionales repetidas. En los niños más pequeños, las infecciones urinarias se asocian con frecuencia con anomalías del tracto urinario. La infección urinaria puede causar fiebre, retraso de crecimiento, dolor lumbar y signos de sepsis, sobre todo en niños pequeños. El tratamiento consiste en la administración de antibióticos. Se realiza seguimiento mediante estudios por la imagen de la vía urinaria si se sospechan anomalías.

Las infecciones urinarias pueden comprometer los riñones, la vejiga o ambos.

Los mecanismos que mantienen la esterilidad normal de las vías urinarias son la acidez y el flujo libre de la orina, un mecanismo de micción normal, esfínteres vesicoureterales y uretrales idemnes, y las barreras inmunitaria y mucosa. La alteración de cualquiera de estos mecanismos predispone a las infecciones urinarias.

(Para los adultos, véase Introducción a las infecciones urinarias.)

Etiología de la infección urinaria en niños

A la edad de 7 años, el 8% de las niñas y el 2% de los varones han tenido una infección urinaria (1). El pico etario de infección urinaria es bimodal, con un pico en la lactancia y el otro entre los 2 y 4 años de edad (en el momento del entrenamiento en control de esfínteres de muchos niños).

El cociente niñas:varones varía de 1:1 a 1:4 en los primeros 2 meses de vida (las estimaciones varían, probablemente debido a las diferentes proporciones de varones no circuncisos en los grupos de estudio y a la exclusión de lactantes con anomalías urinarias que, ahora, se diagnostican en el útero con mayor frecuencia por ecografía prenatal). El cociente niñas:varones aumenta rápidamente con la edad, y alcanza alrededor de 2:1 entre los 2 meses y el año, 4:1 durante el segundo año y > 5:1 después de los 4 años.

En las niñas, las infecciones suelen ser ascendentes y a menudo causan menos bacteriemia. La marcada preponderancia femenina después de la lactancia se atribuye tanto a la uretra más corta de la mujer como a la circuncisión en los varones.

Otros factores predisponentes en niños más pequeños incluyen

  • Anomalías congénitas del riñón y las vías urinarias

  • Sexo femenino o varón no circuncidado

  • Disfunción intestinal o vesical

  • Reflujo vesicoureteral de alto grado

Los factores predisponentes en los niños más grandes incluyen

  • Diabetes

  • Traumatismo

  • En las mujeres, relaciones sexuales

Anomalías congénitas de las vías urinarias u otras anomalías

Las infecciones urinarias en los niños son un marcador de posibles anomalías congénitas u otras anomalías (p. ej., obstrucción, vejiga neurogénica, duplicación ureteral); es particularmente probable que estas anomalías causen infección recurrente si hay reflujo vesicoureteral. Alrededor del 20 al 30% de los lactantes y los niños entre 12 y 36 meses con infección urinaria presentan reflujo vesicoureteral. Cuanto menor es el niño en la primera infección urinaria, mayor será la probabilidad de reflujo vesicoureteral. El reflujo vesiculouretral se clasifica según el grado (véase tabla Grados de reflujo vesicoureteral*).

La infección urinaria recurrente se asocia con claridad con reflujo vesicoureteral, sobre todo de grados superiores. Esta asociación se debe probablemente a 2 factores: que el reflujo vesicoureteral predispone a la infección y que las infecciones recurrentes puede empeorar el reflujo vesicoureteral. La contribución relativa de cada factor en los niños con infección urinaria recurrente no está clara. Los niños con reflujo más grave pueden correr mayor riesgo de desarrollar hipertensión e insuficiencia renal (causadas por las infecciones reiteradas y la pielonefritis crónica), aunque la evidencia no es definitiva (véase Tratamiento del reflujo vesicoureteral).

Tabla

Microorganismos

Muchos microorganismos causan infección en vías urinarias con anormalidades anatómicas.

En las vías urinarias relativamente normales, los patógenos más frecuentes son

  • Cepas de Escherichia coli con factores de adhesión específicos para el epitelio de transición de la vejiga y los uréteres

E. coli causa > 85-90% de las infecciones urinarias en todos los grupos etarios pediátricos (2).

Las causas restantes son otras enterobacterias gramnegativas, en especial Klebsiella, Proteus mirabilis y Pseudomonas aeruginosa. Los enterococos y los estafilococos coagulasa-negativos (p. ej., Staphylococcus saprophyticus) son los microorganismos grampositivos implicados con mayor frecuencia. Los microorganismos como Staphylococcus aureus y P. aeruginosa se asocian con mayor frecuencia con infecciones en niños con anomalías congénitas del riñón y las vías urinarias.

Los hongos y las micobacterias son causas muy poco frecuentes y afectan a huéspedes inmunosuprimidos.

Los adenovirus rara vez provocan infecciones urinarias, y cuando lo hacen, el trastorno es predominantemente cistitis hemorrágica en huéspedes inmunodeficientes.

Referencias de la etiología

  1. 1. Hellström A, Hanson E, Hansson S, et al: Association between urinary symptoms at 7 years old and previous urinary tract infection. Arch Dis Child 66(2):232-234, 1991. doi: 10.1136/adc.66.2.232

  2. 2. Tullus K, Shaikh N: Urinary tract infections in children. Lancet 395(10237):1659-1668, 2020. doi: 10.1016/S0140-6736(20)30676-0

Síntomas y signos de infección urinaria en niños

En los recién nacidos, los signos y síntomas de la infección urinaria son inespecíficos y consisten en mala actitud alimentaria, diarrea, retraso de crecimiento, vómitos, ictericia leve (en general por elevación de la bilirrubina directa), letargo, fiebre e hipotermia. Puede sobrevenir sepsis neonatal.

Asimismo, los lactantes y los niños < 2 años de edad con infecciones urinarias pueden presentar escasos signos de localización, como fiebre, síntomas digestivos (p. ej., vómitos, diarrea, dolor abdominal) u orina maloliente. Alrededor de 4 a 10% de los niños febriles sin signos de localización presenta infecciones urinarias.

En los niños> 2 años de edad, puede observarse el cuadro más clásico de cistitis o pielonefritis. Los síntomas de cistitis son disuria, frecuencia, hematuria, retención urinaria, dolor suprapúbico, necesidad imperiosa de orinar, prurito, incontinencia, orina maloliente y enuresis. Los síntomas de pielonefritis son fiebre alta, escalofríos, y dolor a la palpación costovertebral.

Los hallazgos clínicos que sugieren anomalías congénitas asociadas de las vías urinarias incluyen masas abdominales, riñones agrandados, orificio uretral anormal y signos de malformaciones espinales inferiores. La disminución de la fuerza del chorro de orina puede ser el único indicio de obstrucción o vejiga neurogénica.

Diagnóstico de la infección urinaria en niños

  • Análisis de orina y urocultivo

  • A menudo, estudios por la imagen de la vía urinaria

Pruebas en orina

Un diagnóstico fiable de infección urinaria requiere la presencia de piuria en el análisis de orina y urocultivo bacteriano positivo de orina recogida correctamente, antes de administrar un antibiótico (1). Se puede establecer un diagnóstico de probable infección urinaria por la presencia de piuria en el análisis de orina, mientras los resultados del cultivo están pendientes. La mayoría de los médicos obtienen orina por cateterismo transuretral en lactantes y niños pequeños, y reservan la punción suprapúbica de la vejiga para los varones con fimosis de moderada a grave. Ambos procedimientos requieren destreza técnica, pero el cateterismo es menos invasivo, ligeramente más seguro y tiene sensibilidad del 95% y especificidad del 99% en comparación con la aspiración suprapúbica. Las muestras recogidas en colectores no son fiables y no deben utilizarse para el diagnóstico.

Los resultados del urocultivo se interpretan sobre la base del recuento de colonias. Si la orina se obtiene por cateterismo, la infección urinaria se define comúnmente por un recuento 1× 104 colonias/mL (véase también Cómo cateterizar la vejiga en una niña y Cómo cateterizar la vejiga en un niño varón). Si la orina se obtiene por aspiración suprapúbica, un recuento de 1 × 103 colonias/mL define una infección urinaria (véase también Cómo hacer una aspiración suprapúbica de la vejiga en un niño). Las muestras de chorro medio obtenidas al acecho son significativas cuando los recuentos de colonias de un solo patógeno (es decir, no el recuento total de flora mixta) son 1 × 105 colonias/mL. Sin embargo, a veces los niños sintomáticos pueden tener infecciones urinarias pese a recuentos de colonias más bajos en los urocultivos.

Es preciso analizar y cultivar la orina lo antes posible o conservarla a 4° C si se prevé una demora de > 10 min. En ocasiones, puede ocurrir una infección urinaria pese a recuentos de colonias más bajos que los estipulados en las guías, quizás debido a antibioticoterapia previa, orina muy diluida (densidad < 1,003) u obstrucción del flujo de orina con infección evidente en la macroscopia. Por lo general, los cultivos estériles descartan infección urinaria, a menos que el niño esté recibiendo antibióticos o que la orina esté contaminada con agentes antibacterianos utilizados para limpiar la piel.

El examen microscópico de la orina es muy útil, pero no definitivo. La piuria (definida como > 5 campos de glóbulos blancos (leucocitos)/campo de alta potencia en sedimento de orina centrifugado) tiene una sensibilidad de alrededor del 96% para la infección urinaria y una especificidad del 91%. En la actualidad, muchos laboratorios utilizan instrumentos automáticos que informan piuria en la forma de leucocitos/campo de gran aumento utilizando orina no centrifugada, resultado que parece aproximarse a los recuentos basados en orina centrifugada examinada con un microscopio. Un recuento de leucocitos (realizado con un hemocitómetro) > 10/mcL (0,01 × 109/L) en orina no centrifugada tiene mayor sensibilidad (90%), pero muchos laboratorios no utilizan esta prueba. La presencia de bacterias en el análisis de orina fresca centrifugada o no centrifugada tiene una sensibilidad aproximada de entre 80 y 90%, pero con una especificidad de solo 66%; la tinción de Gram de la orina para detectar la presencia de bacterias tiene una sensibilidad aproximada de 80% y una especificidad de 80%.

Suelen efectuarse pruebas de tiras reactivas en orina para detectar bacterias gramnegativas (prueba de nitritos) o glóbulos blancos (prueba de esterasa leucocítica) en forma conjunta; si ambas pruebas son positivas, la sensibilidad diagnóstica para infección urinaria es de alrededor del 93 al 97% y la especificidad oscila entre 72 y 93%. La sensibilidad es menor para cada prueba individual, especialmente para la prueba de nitrito (alrededor del 50% de sensibilidad), ya que el metabolismo bacteriano puede tardar varias horas para producir nitritos, y la micción frecuente en los niños puede impedir la detección de nitrito. La especificidad de la prueba de nitritos es bastante alta (alrededor del 98%); un resultado positivo en una muestra de orina recién emitida es altamente predictiva de infección urinaria. La sensibilidad de la prueba de esterasa leucocítica es de 83 a 96% y la especificidad es del 78 al 90%.

En un análisis multicéntrico reciente de lactantes con fiebre, el hallazgo en el análisis de orina de piuria, esterasa leucocítica positiva o nitritos reveló ina sensibilidad del 94% y una especificidad del 91% específicos para infección urinaria; en la población estudiada, esto arrojó un valor predictivo positivo del 43% y un valor predictivo negativo del 100% (2).

Puede ser difícil diferenciar una infección urinaria alta de una baja. La fiebre elevada, la sensibilidad del ángulo costovertebral y la piuria macroscópica con cilindros indican pielonefritis; una concentración elevada de proteína C reactiva o de procalcitonina también tiende a asociarse con pielonefritis. Sin embargo, muchos niños sin estos signos y síntomas tienen una infección urinaria alta. En la mayoría de los contextos clínicos, no están indicadas pruebas para distinguir infección alta de infección baja porque el tratamiento no se modifica.

Análisis de sangre

Un hemograma completo y pruebas para detectar inflamación (p. ej., eritrosedimentación, proteína C reactiva) pueden ayudar a diagnosticar infección en niños con hallazgos urinarios límite.

Algunos especialistas determinan el nitrógeno ureico y la creatinina séricos en la primera infección urinaria.

Los hemocultivos son apropiados en lactantes con infección urinaria y en niños > 1-2 años de edad con aspecto tóxico.

Estudios por la imagen de la vía urinaria

En la actualidad, muchas anomalías renales o urológicas importantes se diagnostican en el útero mediante la ecografía prenatal sistemática, pero un resultado normal no excluye por completo la posibilidad de anomalías anatómicas. Por lo tanto, normalmente se indica ecografía renal y vesical en niños < 3 años después de la primera infección urinaria febril (3). Algunos médicos obtienen estudios de diagnóstico por imágenes en niños de hasta 7 años o mayores.

La ecografía renal y vesical ayuda a excluir la obstrucción, la hidronefrosis y las anomalías congénitas del riñón y las vías urinarias en niños con infecciones urinarias febriles y se hace normalmente dentro de la semana posterior al diagnóstico de la infección urinaria en lactantes. La ecografía se realiza dentro de las 48 h si los niños no responden rápidamente a los antibióticos o si su enfermedad es inusualmente grave. Más allá de la lactancia, la ecografía se puede realizar pocas semanas después del diagnóstico de infección de la infección urinaria.

La cistouretrografía miccional (CUGM) y lacistografía con radionúclidos (CRN) son mejores que la ecografía para detectar reflujo vesicoureteral y anormalidades anatómicas y anteriormente fueron recomendados para la mayoría de los niños después de una primera infección urinaria. Sin embargo, la CUGM y la CRN implican el uso de radiación y son más incómodas que la ecografía. Además, el papel que el reflujo vesicoureteral juega en el desarrollo de la enfermedad renal crónica se está reevaluando, por lo que el diagnóstico inmediato del reflujo vesicoureterales menos urgente. Por lo tanto, se recomienda CUGM ya no de forma rutinaria después de la primera infección urinaria en los niños, especialmente si la ecografía es normal y si los niños responden rápidamente al tratamiento con antibióticos. La CUGM se reserva para niños con los siguientes:

  • Anomalías ecográficas (p. ej., cicatrices, hidronefrosis significativa, anomalías congénitas del riñón y las vías urinarias, evidencia de uropatía obstructiva o sugerencia de reflujo vesicoureteral)

  • Infección urinaria compleja (es decir, fiebre alta y persistente, microorganismo distinto E. coli)

  • Infecciones urinarias febriles recurrentes

Si se va a realizar una CUGM, se debe efectuar lo antes posible después de la respuesta clínica, en general hacia el final del tratamiento, cuando la reactividad vesical ha cedido y se ha recuperado la esterilidad de la orina. Si no se programa el estudio por la imagen hasta después de completar el tratamiento, los niños deben continuar con antibióticos en dosis profilácticas hasta que se descarte el reflujo vesicoureteral.

La gammagrafía con radionúclidos ahora se utiliza principalmente para detectar cicatrices renales. Se realiza con ácido dimercaptosuccínico (DMSA, por sus siglas en inglés) marcado con tecnecio-99m, que produce imágenes del parénquima renal. La gammagrafía con DMSA no es una prueba de rutina, pero se puede hacer si los niños tienen factores de riesgo como resultados anormales de ecografía, fiebre alta, y los microorganismos distintos de E. coli o infecciones urinarias febriles recurrentes (1, 3).

Referencias del diagnóstico

  1. 1. Tullus K, Shaikh N: Urinary tract infections in children. Lancet 395(10237):1659-1668, 2020. doi: 10.1016/S0140-6736(20)30676-0

  2. 2. Tzimenatos L, Mahajan P, Dayan PS, et al: Accuracy of the urinalysis for urinary tract infections in febrile infants 60 days and younger. Pediatrics 141(2):e20173068, 2018. doi: 10.1542/peds.2017-3068

  3. 3. Mattoo YK, Shaikh N, Nelson CP: Contemporary management of urinary tract infection in children. Pediatrics 147:e2020012138, 2021. doi: 10.1542/peds.2020-012138

Tratamiento de la infección urinaria en niños

  • Antibióticos

  • En el reflujo vesicoureteral grave, a veces profilaxis antibiótica y reparación quirúrgica

El objetivo del tratamiento de la infección urinaria es erradicar la infección aguda, prevenir la urosepsis y preservar la función del parénquima renal. Se inicia tratamiento presuntivo con antibióticos en todos los niños con aspecto tóxico y en aquellos no tóxicos con infección urinaria probable (prueba de esterasa leucocítica, de nitritos o piuria). Otros pueden esperar los resultados del urocultivo, que son importantes tanto para la confirmación del diagnóstico de infección urinaria, como para conocer los resultados de la susceptibilidad antimicrobiana (1).

En lactantes y los niños de > 2 meses con toxicidad, deshidratación o imposibilidad de retener la ingesta oral, se indican antibióticos parenterales, en general una cefalosporina de tercera generación (p. ej., ceftriaxona). Puede administrarse una cefalosporina de primera generación (p. ej., cefazolina) si se sabe que los patógenos locales habituales son sensibles. Los aminoglucósidos (p. ej., gentamicina), aunque potencialmente nefrotóxicos, pueden ser útiles en las infecciones urinarias complejas (p. ej., anomalías de la vía urinaria, sondas permanentes, infecciones urinarias recurrentes) para tratar bacilos gramnegativos posiblemente resistentes, p. ej., Pseudomonas.

Si los hemocultivos son negativos y la respuesta clínica es buena, puede indicarse una antibiótico oral apropiado (p. ej., cefixima, cefalexina, trimetoprima/sulfametoxazol [TMP/SMX], cotrimoxazol, amoxicilina/ácido clavulánico o, en determinados niños como aquellos > 1 año con infección urinaria complicada causada por E. coli, P. aeruginosa, u otras bacterias gramnegativas resistentes a múltiples fármacos, una fluoroquinolona) seleccionado en función del antibiograma para completar un curso de 7 a 10 días. Una escasa respuesta clínica (p. ej., fiebre que persiste > 72 horas) sugiere un microorganismo resistente o una lesión obstructiva y justifica la evaluación urgente con ecografía y la repetición del urocultivo.

En lactantes y niños sin deshidratación ni aspecto tóxico que pueden retener la ingesta, el tratamiento inicial puede consistir en antibióticos orales. Los medicamentos de elección son SMX-TMP, cefalosporinas (p. ej., cefixima, cefalexina) o amoxicilina/ácido clavulánico. Se modifica el tratamiento sobre la base de los resultados de los cultivos y el antibiograma. El tratamiento se continúa en forma típica durante 7 a 10 días, aunque se evalúan cursos de tratamiento más breves. El tratamiento puede administrarse hasta por 14 días si se sospecha pielonefritis y la respuesta clínica es lenta. El análisis de orina seriado o el urocultivo sistemáticos no son necesarios a menos que la eficacia no sea clínicamente evidente.

Reflujo vesicoureteral

Desde hace tiempo se considera que la profilaxis antibiótica reduce las recurrencias de infección urinaria y previene el daño renal, por lo que debe iniciarse después de la primera o la segunda infección urinaria febril en niños con reflujo vesicoureteral. Sin embargo, esta conclusión no se basó en ensayos clínicos controlados con placebo a largo plazo (importante porque se ha observado que tanto el reflujo vesicoureteral disminuye con el tiempo como los niños maduran). Un ensayo clínico de gran envergadura, aleatorizado y controlado, el Randomized Intervention for Children with Vesicoureteral Reflux (RIVUR) trial (ensayo clínico para la intervención aleatorizada en niños con reflujo vesicoureteral) (2), mostró que la profilaxis antibiótica utilizando SMX-TMP reduce las recurrencias de infección urinaria en un 50% (de 25 a 13%) en comparación con el placebo, pero no halló una diferencia en la incidencia de cicatrices renales a 2 años (8% en cada grupo). Además, los niños participantes en el ensayo RIVUR (ensayo clínico para la intervención aleatorizada en niños con reflujo vesicoureteral, por sus siglas en inglés) que desarrollaron infección urinaria mientras tomaban antibióticos profilácticos tenían más probabilidades de infectarse con microorganismos resistentes, pero esta probabilidad disminuyó con el tiempo. Un estudio adicional puede mostrar que la profilaxis antibiótica proporciona cierta protección renal pero con el riesgo de las infecciones más resistentes a los antibióticos. En consecuencia, la estrategia óptima sigue siendo algo incierta. La profilaxis parece ser muy beneficiosa en los niños con RVU y disfunción vesicointestinal y tal vez también en aquellos con mayor riesgo de cicatrización (p. ej., aquellos con infecciones urinarias febriles recurrentes).

Para los niños con reflujo vesicoureteral grado IV o V, suele recomendarse la reparación a cielo abierto o la inyección endoscópica de agentes poliméricos que aumentan el volumen, con frecuencia con prolilaxis antibiótica hasta completar la reparación. Para los niños con grados menores de reflujo vesicoureteral, se requiere más investigación. Puesto que las complicaciones renales son probablemente infrecuentes después de solo 1 o 2 infecciones urinarias, en espera de nuevas investigaciones una estrategia aceptable puede ser la de vigilar a estrechamente los niños tras una infección urinaria, tratarlos en la medida que ocurran, y luego reconsiderar la profilaxis antimicrobiana en aquellos niños con infecciones recurrentes (en especial los que tienen infecciones urinarias febriles recurrentes, reflejo vesicoureteral más grave o disfunción intestinal o vesical).

Si se desea profilaxis, los medicamentos comúnmente utilizados para la misma son nitrofurantoína o SMX-TMP una vez al día (3), en general al acostarse.

Referencias del tratamiento

  1. 1. Mattoo YK, Shaikh N, Nelson CP: Contemporary management of urinary tract infection in children. Pediatrics 147:e2020012138, 2021. doi: 10.1542/peds.2020-012138

  2. 2. The RIVUR Trial Investigators: Antimicrobial prophylaxis for children with vesicoureteral reflux. NEJM 370:2367–2376, 2014. doi: 10.1056/NEJMoa1401811

  3. 3. Nelson CP, Hoberman A, Shaikh N, et al: Antimicrobial resistance and urinary tract infection recurrence. Pediatrics 137(4):e20152490, 2016. doi: 10.1542/peds.2015-2490

Pronóstico de la infección urinaria en niños

Los niños tratados de manera apropiada rara vez progresan a insuficiencia renal, a menos que presenten anomalías de la vía urinaria que no pueden ser corregidas. Sin embargo, se considera (aunque no está demostrado) que la infección reiterada, sobre todo en presencia de reflujo vesicoureteral, causa cicatrización renal, que puede llevar a la hipertensión y la nefropatía terminal. En niños con reflujo vesicoureteral de alto grado, la tasa de cicatrización a largo plazo detectada es de 4 a 6 veces más alta que en aquellos con reflujo vesicoureteral de bajo grado y de 8 a 10 veces más alta que en los niños sin reflujo vesicoureteral. El riesgo de formación de cicatrices después de una infección urinaria recurrente (≥ 2 episodios febriles) es tan alto como del 25%, o 10 a 15 veces mayor que en los niños con una sola infección febril; sin embargo, pocos niños tendrán infecciones urinarias febriles recurrentes.

Conceptos clave

  • Las infecciones urinarias en los niños se asocian con frecuencia con anomalías congénitas de los riñones y las vías urinarias, obstrucción, vejiga neurogénica y duplicación ureteral).

  • El pico etario de la infección urinaria es bimodal, un pico en la lactancia y el otro entre los 2 y 4 años en general en el momento del entrenamiento para el control de esfínteres de muchos niños.

  • E. coli causa la mayoría de las infecciones urinarias en todos los grupos de edad pediátrica; las causas restantes son generalmente enterobacterias gramnegativas (p. ej., Klebsiella, P. mirabilis, P. aeruginosa) y los microorganismos grampositivos implicados con frecuencia son enterococos y estafilococos coagulasa negativos (p. ej., S. saprophyticus).

  • Los recién nacidos y los niños < 2 años con síntomas y signos inespecíficos (p. ej., mala alimentación, diarrea, retraso de la maduración, vómitos) pueden tener una infección urinaria; los niños > 2 años generalmente se presentan con síntomas y signos de cistitis o pielonefritis.

  • Se inicia tratamiento presuntivo con antibióticos en todos los niños con aspecto tóxico y en aquellos no tóxicos con evidencias de pruebas positivas de esterasa leucocítica, nitritos o piuria.

  • Para los niños con reflujo vesicoureteral de alto grado, la profilaxis antibiótica se indica hasta que se lleva a cabo la corrección quirúrgica; con menores grados de reflujo vesicoureteral, el beneficio de los antibióticos profilácticos es poco claro y la vigilancia estrecha de la infección urinaria recurrente puede ser una estrategia de manejo aceptable para niños selectos.

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