Una siringe es una cavidad llena de líquido que se desarrolla en la médula espinal (llamada siringomielia), en el tronco del encéfalo (llamada siringobulbia), o en ambos.
Las siringes pueden estar presentes al nacer o desarrollarse más tarde debido a una lesión o un tumor.
Las personas se pueden volver menos sensibles al dolor y a la temperatura, y experimentan debilidad en las manos y en las piernas, o tienen vértigo y problemas con el movimiento ocular, el gusto y el habla.
La resonancia magnética puede detectar una siringe.
Se puede realizar una intervención quirúrgica para drenar la siringe, pero es posible que no corrija el problema.
(Véase también Introducción a los trastornos de la médula espinal.)
Las siringes son poco frecuentes. En aproximadamente la mitad de las personas que tienen una siringe, esta se encuentra presente al nacer y luego, por razones poco conocidas, aumenta de tamaño durante la adolescencia o los primeros años de la edad adulta. Con frecuencia, los niños que tienen una siringe al nacer también presentan otras anomalías estructurales del encéfalo, de la médula espinal o de la unión entre el cráneo y la columna vertebral (anomalías de la unión craneocervical).
Por lo general, las siringes que se desarrollan más tarde en la vida se deben a lesiones o tumores. Aproximadamente un tercio de los tumores que se originan en la médula espinal finalmente producen una siringe.
Las siringes que crecen en la médula espinal la comprimen desde el interior. Tienden a afectar primero a las fibras nerviosas que llevan información sobre el dolor y la temperatura desde el cuerpo hasta el cerebro. Más tarde, afectan a las fibras que transportan las señales desde el cerebro para estimular el movimiento muscular.
Las siringes pueden aparecer en cualquier lugar a lo largo de la médula espinal. Pero a menudo comienzan en el cuello y pueden extenderse hacia abajo para afectar toda la médula. Las siringes que se extienden o comienzan en la parte inferior del tronco del encéfalo pueden comprimir vías en la médula espinal (que transportan los impulsos nerviosos entre el encéfalo y otras partes del cuerpo) y nervios craneales (que van directamente desde el encéfalo a otras partes de la cabeza y el cuello).
Síntomas de la siringe de la médula espinal o del tronco encefálico
Los síntomas de una siringe suelen iniciarse sutilmente entre la adolescencia y alrededor de los 45 años de edad.
Los quistes en el cuello (siringomielia) a menudo hacen que las personas sean menos sensibles al dolor y a la temperatura, particularmente en los brazos, la parte superior de la espalda, la parte inferior del cuello y las manos. Por ello, son frecuentes los cortes y las quemaduras en los brazos y en las manos. Las personas pueden no darse cuenta de esta disminución de la sensibilidad durante años. A medida que un quiste se expande y se alarga, puede causar debilidad y atrofia de los músculos, que por lo general comienza en las manos. Más tarde aparecen debilidad y espasmos en las piernas. Los síntomas pueden ser más intensos en un lado del cuerpo.
Los quistes en el tronco del encéfalo (siringobulbia) pueden causar vértigo, nistagmo (movimiento rápido de los ojos en una dirección seguido de una desviación más lenta a la posición original), pérdida de sensibilidad en la cara (en uno o los dos lados), pérdida del gusto, dificultad para hablar, ronquera y dificultad para tragar. Los músculos de la lengua pueden debilitarse y consumirse. Las siringobulbias son poco frecuentes.
Diagnóstico de la siringomielia de la médula espinal o del tronco encefálico
Resonancia magnética nuclear (RMN)
Los médicos pueden sospechar la presencia de un quiste en un niño o un adolescente que presenta los síntomas característicos.
La RMN de la totalidad de la médula espinal y del cerebro se hace después de inyectar un agente de contraste paramagnético, como gadolinio. El gadolinio destaca el quiste (y el tumor si está presente) y ayuda a los médicos a identificarlo.
Tratamiento de la siringomielia de la médula espinal o del tronco encefálico
Cirugía
Tratamiento de la causa siempre que sea posible
Un neurocirujano puede abrir un orificio en un quiste para drenarlo y evitar su expansión, pero la cirugía no siempre corrige el problema. Incluso si se drena la cavidad, el sistema nervioso puede estar ya dañado de forma irreversible. Es posible que los síntomas no se alivien, o que el quiste reaparezca.
Siempre que sea posible se corregirán los trastornos que han contribuido a la aparición de la siringomielia o que la han causado (como anomalías estructurales o tumores vertebrales).



