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Comportamiento suicida en niños y adolescentes

Por

Josephine Elia

, MD, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University

Última revisión completa mar 2019
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Datos clave
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El comportamiento suicida es una acción destinada a lastimarse uno mismo e incluye los gestos de suicidio, los intentos de suicidio y el suicidio consumado. En la ideación suicida existen pensamientos y planes de suicidio. Los intentos de suicidio son actos autolesivos que podrían provocar la muerte, como, por poner un ejemplo, colgarse o ahogarse.

  • Un evento estresante puede conducir al suicidio en niños que sufren trastornos de la salud mental como la depresión.

  • Los niños con riesgo de suicidio están deprimidos o ansiosos, abandonan sus actividades, hablan sobre asuntos relacionados con la muerte o sufren cambios repentinos de comportamiento.

  • Los miembros de la familia y los amigos deben considerar seriamente todas las amenazas o intentos de suicidio.

  • Los profesionales de la salud tratan de determinar la gravedad del riesgo de suicidio.

  • El tratamiento conlleva la hospitalización si el riesgo es alto, la administración de fármacos para tratar otros trastornos mentales y el asesoramiento individual y familiar.

(Véase también Conducta suicida en adultos.)

El suicidio es muy poco frecuente antes de la pubertad y es principalmente un problema asociado a la adolescencia, en particular entre los 15 y los 19 años de edad, y a la vida adulta. No obstante, el suicidio también se da en preadolescentes, y este problema potencial no debe ser subestimado.

En Estados Unidos, el suicido es la segunda o tercera causa de muerte en adolescentes. Se producen unas 2000 muertes al año por esta causa. Y aún debe tenerse en cuenta que probablemente un cierto número de las muertes atribuidas a accidentes, como los de vehículos y armas de fuego, sean en realidad suicidios.

Son muchos más los jóvenes que intentan el suicidio que los que lo logran. Los Centros para el control y la prevención de enfermedades proporcionaron la siguiente información acerca de los estudiantes de secundaria en Estados Unidos en 2015:

  • El 17% de los estudiantes de secundaria consideraron seriamente intentar suicidarse en el año anterior.

  • El 13% elaboró un plan de suicidio el año anterior.

  • El 8% de los estudiantes intentaron suicidarse una o más veces el año anterior.

  • El 29% de los estudiantes lesbianas, gays o bisexuales (LGB) intentaron suicidarse al menos una vez el año anterior, en comparación con el 6% de los estudiantes de secundaria heterosexuales.

Con frecuencia, las tentativas de suicidio implican la existencia de cierta ambivalencia en relación con el deseo de morir y suelen ser una forma de pedir ayuda.

En los adolescentes estadounidenses, los chicos sobrepasan a las chicas en suicidios consumados en una proporción superior a 4 a 1. Sin embargo, las chicas son de 2 a 3 veces más propensas a intentar el suicidio.

¿Sabías que...?

  • El suicidio es la segunda o la tercera causa de muerte en adolescentes en Estados Unidos.

Factores de riesgo

Los pensamientos suicidas no siempre conducen a la conducta suicida, pero son un factor de riesgo para esta última. Varios factores influyen de forma característica en el hecho de que los pensamientos suicidas se transformen en comportamientos suicidas. Con frecuencia hay un problema de salud mental subyacente y un acontecimiento estresante que lo desencadena. Entre los eventos estresantes se encuentran

  • La muerte de un ser querido

  • Un suicidio que ha tenido lugar en el colegio o en cualquier otro grupo de compañeros

  • El fracaso de una relación amorosa

  • Un cambio de entorno familiar o habitual (escuela o vecindario) o el alejamiento de los amigos

  • Ser humillado por familiares o amigos

  • Sufrir acoso en la escuela, especialmente para los estudiantes lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT)

  • El fracaso escolar

  • Problemas con la ley

Sin embargo, ese tipo de eventos estresantes son bastante frecuentes entre los niños, y raramente conducen a comportamientos suicidas si no hay otros problemas subyacentes.

Los problemas subyacentes más frecuentes son los siguientes:

  • Depresión: los niños o los adolescentes con depresión tienen sentimientos de desesperanza y de impotencia que limitan su capacidad para considerar soluciones alternativas a problemas urgentes.

  • Alcohol o consumo de drogas: el abuso de alcohol o el consumo de drogas disminuyen las inhibiciones frente a acciones peligrosas y alteran la anticipación de las consecuencias.

  • Escaso control de los impulsos: los adolescentes, en particular los que presentan un trastorno por comportamiento perturbador, como el trastorno disocial, actúan impulsivamente, sin pensar.

Otros trastornos mentales y físicos también pueden aumentar el riesgo de suicidio. Entre ellos se incluye la ansiedad, la esquizofrenia, los traumatismos craneoencefálicos y el trastorno de estrés postraumático.

A veces, los niños y los adolescentes que intentan suicidarse están enfadados con parientes o amigos, son incapaces de controlar la ira y dirigen su enfado contra sí mismos. Desean manipular o castigar a otras personas («Se arrepentirán después de que yo muera»). Las dificultades de comunicación con los padres pueden contribuir al riesgo de suicidio.

En ocasiones, el comportamiento suicida se presenta cuando el niño imita las acciones de otras personas. Por ejemplo, un suicidio al que se ha dado mucha publicidad, como el de una persona célebre, a menudo viene seguido de otros suicidios o intentos de suicidio. De igual modo, los suicidios por imitación ocurren en las escuelas o institutos.

El suicidio es más probable en familias en las que los trastornos del estado de ánimo son frecuentes, especialmente si existen antecedentes familiares de suicidio u otro comportamiento violento.

Diagnóstico

  • Identificación del riesgo por parte de los padres, médicos, maestros y amigos

Padres, médicos, profesores y amigos ocupan una posición en la que es posible identificar a los niños propensos a intentar el suicidio, particularmente los que han tenido algún cambio de comportamiento reciente. Los niños y adolescentes con frecuencia solo confían en sus compañeros, que deben ser fuertemente alentados a no guardar un secreto que pueda conducir a la trágica muerte del niño suicida. Los niños que expresan abiertamente pensamientos de suicidio tales como «Ojalá no hubiera nacido» o «Quisiera dormir y no despertar» representan un riesgo pero, de la misma manera, los niños con signos más sutiles, como retraimiento social, retroceso en el nivel escolar o acciones de desprendimiento de posesiones favoritas, también sufren un riesgo potencial.

Los profesionales de la salud representan dos papeles clave:

  • Valoración de la seguridad del niño suicida y de la necesidad de hospitalización

  • Tratamiento de los trastornos subyacentes, como la depresión o el consumo de drogas

Prevención

Preguntar directamente al niño en riesgo sobre sus ideas de suicidio puede sacar a la luz aspectos importantes que estén contribuyendo al malestar del niño. La identificación de estos aspectos, puede, a su vez, propiciar intervenciones significativas.

En algunas comunidades existen líneas telefónicas de información y asistencia directa con servicio ininterrumpido (ver Intervención en suicidios: Red nacional de prevención del suicidio (en Estados Unidos, National Suicide Prevention Lifeline)) que proporcionan acceso rápido a una persona amable y comprensiva que puede dar un consejo inmediato y asistencia para obtener más ayuda. Aunque es difícil comprobar que estos servicios realmente reducen el número de muertes por suicidio, son útiles para orientar a los niños y a sus familias a la hora de obtener los recursos adecuados.

Las siguientes estrategias pueden contribuir a reducir el riesgo de suicidio:

  • Obtener atención eficaz para los trastornos mentales y físicos, y para el consumo de sustancias

  • Ser capaz de acceder fácilmente a los servicios de salud mental

  • Conseguir el apoyo de la familia y de la comunidad

  • Aprender formas de resolver pacíficamente los conflictos

  • Limitar el acceso por parte de los medios de comunicación al contenido relacionado con el suicidio

  • Poseer creencias culturales y religiosas que rechacen el suicidio

Los programas de prevención del suicidio pueden ayudar. Los programas más efectivos son aquellos que intentan asegurarse de que el niño tenga lo siguiente:

  • Un ambiente de crianza alentador

  • Un fácil acceso a los servicios de salud mental

  • Una escuela u otra institución social que promueva el respeto por las diferencias individuales, raciales y culturales

En Estados Unidos, el Suicide Prevention Resource Center (Centro de Recursos para la Prevención del Suicidio) enumera algunos de los programas, y la National Suicide Prevention Lifeline (1-800-273-TALK) (Teléfono Nacional de Ayuda para la Prevención del Suicidio) ofrece intervención de urgencia para personas que amenazan con suicidarse.

Tabla
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Identificación de los niños y adolescentes en riesgo de suicidio

Tipo

Factores específicos

Factores de riesgo de suicidio

Enfermedades que afectan al cerebro

Antecedentes familiares

Antecedentes familiares de suicidio

Una madre con un trastorno del estado de ánimo

Un padre con antecedentes de problemas con la policía

La falta de comunicación con los padres

Eventos desencadenantes

Las dificultades en la escuela, incluyendo las sanciones disciplinarias o los suspensos

La pérdida de un ser querido (como un novio o novia), especialmente por suicidio

La separación de los padres

La falta de contactos sociales, a veces debido a que no tienen trabajo o no van a la universidad

Ser víctima de acoso escolar

Informaciones sobre suicidios en los medios de comunicación, que pueden generar un efecto llamada

Situación

Acceso a armas de fuego o a fármacos administrados bajo prescripción médica

Un intento previo de suicidio

Las barreras encontradas al tratar de acceder a los servicios de salud mental y/o la sensación de que existe un estigma asociado a la búsqueda de este tipo de ayuda

Signos de alarma del suicidio

Síntomas mentales y físicos

Preocupación por temas morbosos

Depresión

Un sentimiento de desesperanza

Autoestima baja

Cambios bruscos de humor

Cambios en el apetito

Trastornos del sueño

Tensión, ansiedad o nerviosismo

Control escaso de los impulsos

Cambio de hábitos

Higiene escasa y descuido del aspecto personal (especialmente si se produce como un cambio brusco)

Retirada de las interacciones sociales

Ausentarse de la escuela (hacer novillos)

Empeoramiento del rendimiento académico

Aumento del comportamiento violento

Regalar las posesiones favoritas

Conversación

Manifestación de sentimientos de culpa

Expresiones que sugieren el deseo de estar muerto, como: «Me gustaría no haber nacido» o «Me gustaría irme a dormir y no despertarme nunca»

Amenazas directas o indirectas de suicidio

Tratamiento

  • A veces la hospitalización

  • Precauciones para prevenir futuros intentos

  • El tratamiento de cualquier trastorno que contribuya al riesgo de suicidio

  • La remisión a un psiquiatra y la psicoterapia

Los niños que expresan pensamientos relacionados con el deseo de hacerse daño a sí mismos o que intentan suicidarse necesitan una valoración urgente en el servicio de urgencias del hospital. Cualquier tipo de intento de suicidio debe tomarse en serio, porque un tercio de los suicidios consumados han tenido un intento de suicidio previo, en ocasiones aparentemente trivial, como, por ejemplo, haciéndose arañazos superficiales en la muñeca o tomando unos cuantos comprimidos. Cuando los padres o las personas responsables minimizan un intento de suicidio fracasado, los niños pueden considerar esta respuesta como un desafío y el riesgo de un suicidio subsiguiente aumenta.

Una vez que la amenaza mortal ha sido superada, el médico decide si es necesaria la hospitalización del niño. Esta decisión depende del riesgo que corre al permanecer en casa y de la capacidad de la familia para proporcionar apoyo y seguridad física al niño. La hospitalización es la manera más segura de proteger al niño y por lo general se indica si los médicos sospechan que el niño tiene un trastorno de salud mental grave, como la depresión.

El grado de seriedad de un intento de suicidio puede estimarse mediante diversos factores, entre los cuales se encuentran los siguientes:

  • Cuando el intento de suicidio no fue algo espontáneo, sino cuidadosamente planeado (por ejemplo, el dejar una nota póstuma indica un intento planeado)

  • Cuando se tomaron medidas para evitar ser descubierto

  • El tipo de método empleado; por ejemplo, el uso de un arma significa mayor probabilidad de muerte que la ingestión de pastillas

  • Cuando efectivamente hubo lesión

  • Qué estado mental tenía el niño cuando intentó suicidarse

Es de vital importancia distinguir el intento de suicidio de sus consecuencias reales; por ejemplo, el adolescente que ingiere píldoras inofensivas que él cree mortales debe considerarse en riesgo extremo.

Si la hospitalización no es necesaria, las familias de los niños que regresan a casa deben asegurarse de no tener armas de fuego en el hogar y de que los fármacos (incluidos los fármacos sin receta médica) y los objetos punzantes se encuentren en un sitio seguro o bajo llave. Incluso con estas precauciones, evitar un suicidio es muy difícil, y no existen medidas comprobadas para un prevención satisfactoria.

Los médicos tratan cualquier trastorno que pueda tener el niño y que contribuya al riesgo (como la depresión o el trastorno bipolar). Pero dicho tratamiento no puede eliminar el riesgo de suicidio. Aunque ha habido preocupaciones referentes a que el tratamiento con antidepresivos pueda aumentar el riesgo de suicidio en algunos adolescentes (ver Fármacos antidepresivos y suicidio), no tratar la depresión probablemente sea igual o más peligroso. Los médicos controlan cuidadosamente a los niños que toman antidepresivos y prescriben sólo pequeñas cantidades que no serían letales si se toman todas al mismo tiempo.

Por lo general remiten al niño a un psiquiatra, que puede proporcionar el tratamiento farmacológico adecuado y a un terapeuta, que puede proporcionar psicoterapia, así como terapia cognitivo-conductual. El tratamiento es más eficaz si el médico de atención primaria sigue participando.

Si el suicidio se consuma

Los familiares de niños y adolescentes que se han suicidado tienen reacciones complejas, como el duelo, la culpa o la depresión. Sienten que sus actividades cotidianas no tienen ya ningún propósito ni esperanza. Les resulta difícil continuar viviendo. El asesoramiento o el consejo les ayudará a entender el contexto psiquiátrico del suicidio y a reflexionar y reconocer las dificultades del niño antes del suicidio. Entonces, podrán entender que el suicidio no fue culpa suya.

Después de un suicidio, el riesgo de suicidio puede aumentar en otras personas de la comunidad, especialmente en los amigos y compañeros de clase de la persona que cometió suicidio. Se dispone de recursos (como a toolkit for schools) para ayudar a las escuelas y comunidades después de un suicidio. Funcionarios de la escuela y de la comunidad pueden organizar que estén disponibles profesionales de la salud mental para consulta e información.

Más información

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