La sangre lleva a cabo varias funciones esenciales mientras circula por el cuerpo. Transporta oxígeno y nutrientes esenciales (como grasas, azúcares, minerales y vitaminas) a los tejidos del cuerpo. Transporta dióxido de carbono a los pulmones y otros productos de desecho a los riñones para su eliminación del cuerpo. Transporta hormonas (mensajeros químicos) para permitir que varias partes del cuerpo se comuniquen entre sí. Además, transporta componentes que combaten infecciones y detienen el sangrado.
Trastornos de la sangre
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Biología de la sangre
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Síntomas y diagnóstico de los trastornos de la sangre
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Transfusión de sangre
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Exceso de hierro
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Anemia
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Coagulación de la sangre
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Coagulación excesiva
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Trastornos hemorrágicos debidos a trastornos de la coagulación
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Hemorragia debida a vasos sanguíneos anormales
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Trastornos de las plaquetas
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Trastornos de los glóbulos blancos (leucocitos)
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Trastornos de las células plasmáticas
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Leucemias
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Linfomas
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Trastornos mieloproliferativos
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Trastornos esplénicos
Trastornos de la sangre Secciones (A-Z)
Anemia
Biología de la sangre
La sangre está compuesta por plasma (un componente líquido), glóbulos blancos (leucocitos), glóbulos rojos (eritrocitos) y plaquetas. El cuerpo humano contiene unos 5 litros de sangre. Una vez que la sangre es expulsada desde el corazón, tarda de 20 a 30 segundos en recorrer por completo el sistema circulatorio y volver.
Coagulación de la sangre
La hemostasia es la forma en la que el cuerpo detiene la hemorragia de los vasos sanguíneos lesionados. La hemostasia es la coagulación de la sangre. La coagulación excesiva puede obstruir los vasos sanguíneos que no sangran; por consiguiente el organismo posee mecanismos de control para limitar la coagulación y disolver los coágulos que ya no se necesitan. Una anomalía en cualquier parte del sistema que controla el sangrado (hemostasia) puede producir una hemorragia o una coagulación excesivas, siendo ambas situaciones peligrosas. Cuando la coagulación es deficiente, incluso una pequeña lesión sobre un vaso sanguíneo puede causar una hemorragia grave. Por el contrario, en presencia de una coagulación excesiva, los vasos sanguíneos de pequeño calibre (en puntos anatómicos críticos) pueden obstruirse con coágulos. La obstrucción de vasos en el cerebro puede causar accidentes cerebrovasculares, y la obstrucción de los vasos que se dirigen al corazón puede causar infartos. Los coágulos de las venas de las piernas, de la pelvis, o del abdomen pueden viajar a través del torrente sanguíneo hasta los pulmones y allí obstruir las arterias principales (embolia pulmonar).
Coagulación excesiva
Exceso de hierro
El hierro es esencial para la vida, por lo que el cuerpo normalmente controla estrechamente su absorción de los alimentos y lo recicla de los glóbulos rojos (eritrocitos). El organismo pierde pequeñas cantidades de hierro todos los días, y una dieta saludable incluye solamente una pequeña cantidad de este elemento, por lo tanto, rara vez se tiene demasiado hierro en el cuerpo. Entre las causas del exceso de hierro en el cuerpo se incluyen las siguientes:
Hemorragia debida a vasos sanguíneos anormales
Los trastornos de los vasos sanguíneos que causan hemorragia son el resultado de defectos de los vasos sanguíneos que, de forma característica, producen un cambio de color en la piel (de rojiza a púrpura) o hematomas, pero que rara vez causan una pérdida grave de sangre. La hemorragia puede ser consecuencia de trastornos del tejido conjuntivo, carencias vitamínicas, anormalidades de las proteínas sanguíneas, o dolencias que causan la inflamación de los vasos sanguíneos. La hemorragia localizada por debajo de la piel también puede ser más frecuente entre las personas mayores (púrpura senil).
Leucemias
Linfomas
Síntomas y diagnóstico de los trastornos de la sangre
Transfusión de sangre
Trastornos de las células plasmáticas
Los trastornos de las células plasmáticas son poco frecuentes. Comienzan cuando una sola célula plasmática se multiplica en exceso. El grupo resultante de células genéticamente idénticas (clon) produce una gran cantidad de un solo tipo de anticuerpo (inmunoglobulina). Las células plasmáticas se desarrollan a partir de las células B (linfocitos B), un tipo de glóbulo blanco (leucocito) que normalmente produce anticuerpos. Los anticuerpos ayudan al organismo a combatir infecciones. Las células plasmáticas están presentes, principalmente, en la médula ósea y los ganglios linfáticos. Cada una se divide repetidamente para formar un clon. Las células de un clon solo producen un tipo específico de anticuerpo. Debido a que existen miles de clones distintos, el cuerpo puede producir un gran número de anticuerpos diferentes (ver Inmunidad adquirida : Anticuerpos) para luchar contra la gran cantidad de microorganismos infecciosos a los que el cuerpo está expuesto.
Trastornos de las plaquetas
Las plaquetas (en ocasiones denominadas trombocitos) son fragmentos de células que circulan en el torrente sanguíneo y ayudan a la coagulación de la sangre (ver Cómo coagula la sangre). La trombopoyetina, que se produce principalmente en el hígado, estimula la producción de células grandes (megacariocitos) en la médula ósea, a partir del citoplasma de las cuales se forman las plaquetas. Las plaquetas que no intervienen en la formación de coágulos circulan durante 7 a 10 días y luego se destruyen. Alrededor de un tercio están siempre almacenadas en el bazo. El recuento de plaquetas (número de plaquetas circulantes en el torrente sanguíneo) puede disminuir cerca del final del embarazo (trombocitopenia gestacional) y aumentar en respuesta a la inflamación (trombocitosis secundaria o reactiva). Ninguno de estos trastornos es grave, y la mayor parte de las personas afectadas no presentan problemas como consecuencia de ninguno de ellos.
Trastornos de los glóbulos blancos (leucocitos)
Los glóbulos blancos (leucocitos) son una parte importante de la defensa del cuerpo contra microorganismos infecciosos y sustancias extrañas. Para defender adecuadamente al organismo, un número suficiente de glóbulos blancos (leucocitos) debe recibir el aviso de que un microorganismo infeccioso o una sustancia extraña ha invadido el cuerpo, y llegar al lugar donde son necesarios para, a continuación, destruir y digerir el patógeno o la sustancia dañinos (ver Glóbulos blancos o leucocitos y ver figura Sistema linfático: una defensa contra la infección).
Trastornos esplénicos
El bazo es un órgano liso y esponjoso, casi tan grande como el puño de una persona, situado en la parte superior izquierda del abdomen, justo por debajo de la caja torácica. La arteria esplénica le aporta la sangre procedente del corazón. Esta sale del bazo por la vena esplénica, que evacua su contenido en una vena de mayor calibre (la vena porta), que transporta la sangre al hígado. El bazo tiene una cubierta de tejido fibroso (cápsula esplénica) que da soporte a los vasos sanguíneos y linfáticos.
Trastornos hemorrágicos debidos a trastornos de la coagulación
(Ver también Cómo coagula la sangre.)
Trastornos mieloproliferativos
En los trastornos mieloproliferativos (mielo = médula ósea; proliferativos = multiplicación rápida), las células hematopoyéticas (que producen sangre) de la médula ósea (células precursoras) se desarrollan y reproducen en exceso, o se ven reemplazadas por el crecimiento excesivo de tejido fibroso. Por lo general, estos trastornos son adquiridos y no hereditarios, aunque, en algunos casos poco frecuentes, existen familias en las que varios miembros los padecen.
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