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Enfermedad renal ateroembólica

Por

Zhiwei Zhang

, MD, Loma Linda University

Última revisión completa ene 2020
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Datos clave
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En la enfermedad renal ateroembólica, numerosos fragmentos de material graso (ateroémbolos) se desplazan desde las arterias situadas por encima de los riñones hasta las ramificaciones más pequeñas de las arterias renales y las obstruyen, con lo que provocan insuficiencia renal.

  • Por lo general la ateroembolia se produce como una complicación de la cirugía o de una intervención en una aorta ateroesclerótica.

  • Se pueden desarrollar síntomas de insuficiencia renal, dedos de los pies azulados, o un coloración purpúrea y en forma de encaje en la piel de los pies y de las piernas.

  • Para confirmar el diagnóstico se obtiene y analiza una muestra de tejido renal (biopsia).

Causas

Minúsculos fragmentos de material graso compacto se adhieren a la pared indurada (ateroesclerótica) de algunos vasos sanguíneos, por lo general, de la aorta, se rompen y se desplazan por el torrente sanguíneo convertidas en émbolos (ateroémbolos). Algunos émbolos llegan hasta las arterias renales más pequeñas y obstruyen en algunas zonas el flujo sanguíneo a los riñones. Por lo general, este proceso afecta a ambos riñones más o menos por igual y al mismo tiempo. Los ateroémbolos también pueden viajar a otros órganos y obstruir el flujo sanguíneo en los mismos.

El material graso se puede romper espontáneamente cuando existe una ateroesclerosis aórtica grave. Frecuentemente esto se produce como una complicación de una intervención quirúrgica, de una angioplastia o de la aplicación de pruebas de diagnóstico por la imagen relacionadas con la aorta, como una arteriografía, que provocan la rotura accidental de los fragmentos de material graso adheridos a las paredes del vaso. La enfermedad renal ateroembólica es mucho más frecuente en personas de edad avanzada.

Síntomas

Por lo general, la enfermedad renal ateroembólica provoca la incapacidad de los riñones para filtrar los residuos metabólicos de la sangre (insuficiencia renal), sea aguda o de evolución lenta. Si la obstrucción de las arterias es consecuencia de una intervención quirúrgica o de un procedimiento relacionado con la aorta, puede producirse un fallo súbito de los riñones. La producción de orina suele disminuir.

A medida que la duración y la gravedad de la insuficiencia renal aumentan, aparecen varios síntomas de lesión renal aguda, empezando con cansancio, náuseas, inapetencia, prurito y falta de concentración. Los síntomas reflejan trastornos musculares, cerebrales, nerviosos, cardíacos, digestivos y cutáneos derivados de la insuficiencia renal.

Los ateroémbolos pueden provocar síntomas en otros órganos. Cuando se desplazan a los brazos o las piernas, aparecen síntomas tales como un color azulado en los dedos de los pies o una coloración violácea y en forma de encaje en la piel, pudiendo incluso producirse gangrena. Los fragmentos de ateroémbolos que se desplazan hasta el ojo pueden causar ceguera repentina.

Diagnóstico

  • Análisis de sangre y de orina

  • En ocasiones, una biopsia renal

Los médicos sospechan enfermedad renal ateroembólica en una persona cuyos análisis de sangre indican una disminución de la funcionalidad renal después de una intervención en la que se ha visto comprometida la aorta. También se realizan análisis de orina rutinarios. La biopsia de riñón es la mejor manera para confirmar el diagnóstico de la enfermedad renal ateroembólica, pero no suele ser necesaria. Una muestra de tejido examinada al microscopio muestra indicios característicos de la presencia de material graso en las arterias más pequeñas. El examen de muestras de piel o de músculo también ayuda a establecer el diagnóstico. En algunas ocasiones, es necesario realizar una ecografia de la aorta para determinar la procedencia de los émbolos.

Tratamiento

  • Tratamiento de la causa que origina los émbolos

  • Tratamiento de la hipertensión arterial

  • A veces, diálisis

En el pasado, las personas con enfermedad renal ateroembólica morían en cuestión de semanas o meses. Sin embargo, más recientemente, el tratamiento ha mejorado. La mayoría de las personas viven al menos un año. Alrededor de la mitad viven 4 años o más.

A veces, el origen de los émbolos se puede tratar para que no se formen nuevos, pero no existe ningún tratamiento directo para eliminar los ateroémbolos existentes. El tratamiento consiste en mantener a la persona en el mejor estado posible. Por ejemplo, se trata la hipertensión arterial. La diálisis puede ser necesaria durante la insuficiencia renal, pero a veces los riñones acaban por recuperar su función.

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