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Introducción al dolor

Por

James C. Watson

, MD, Mayo Clinic

Última revisión completa oct 2018
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El dolor es una sensación desagradable que indica un daño real o posible.

El dolor es el motivo más frecuente de consulta al médico.

El dolor puede ser agudo o leve, intermitente o constante, pulsátil o estable. A veces el dolor es muy difícil de describir. Se siente en un solo sitio o sobre un área extensa, y su intensidad varía de leve a insoportable.

La tolerancia al dolor difiere considerablemente en cada persona. Algunas no toleran el dolor de un pequeño corte o golpe, y otras aguantan el causado por un accidente grave o una herida por arma blanca. La capacidad para soportar el dolor varía según el estado de ánimo, la personalidad y las circunstancias de cada uno. Un deportista puede no notar una lesión grave producida durante la competición, pero sí sentirá el dolor después del partido, sobre todo si han derrotado a su equipo.

Edad y salud: dolor

El dolor es frecuente en las personas mayores. Sin embargo, con la edad, las personas se quejan menos del dolor. La razón puede ser una disminución en la sensibilidad del cuerpo al dolor o una actitud más estoica hacia el dolor. Algunas personas mayores piensan equivocadamente que el dolor es una parte inevitable del envejecimiento, y en consecuencia lo minimizan o no lo notifican.

La causa más común es un trastorno musculoesquelético. Sin embargo, muchas personas mayores tienen dolor crónico, que puede tener muchas causas.

Los efectos del dolor pueden ser más graves para las personas mayores:

  • El dolor crónico puede hacerlos menos hábiles y más dependientes de otras personas.

  • Pueden perder sueño y por ello agotarse.

  • Pueden perder apetito, y por ello presentar desnutrición.

  • El dolor puede impedir que las personas interaccionen con otras y salgan al exterior. Como resultado, pueden aislarse y deprimirse.

  • El dolor puede hacer que las personas sean menos activas. La falta de actividad puede dar lugar a la pérdida de fuerza y flexibilidad muscular, haciendo que la actividad sea más dificultosa y que el riesgo de caídas aumente.

Analgésicos para personas mayores

Al ingerir analgésicos, las personas mayores son más propensas que las jóvenes a tener efectos secundarios, algunos de los cuales pueden ser graves. Estos medicamentos pueden permanecer en el cuerpo más tiempo, y las personas de edad avanzada pueden ser más sensibles a ellos. Muchas personas mayores toman varios medicamentos, aumentando las posibilidades de que un fármaco interaccione con el analgésico. Estas interacciones pueden reducir la eficacia de uno de estos fármacos o aumentar el riesgo de efectos secundarios.

Las personas mayores son más propensas a tener trastornos que aumentan el riesgo de efectos secundarios de los analgésicos.

La administración de antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como ibuprofeno o naproxeno, puede tener efectos secundarios. El riesgo de varios de los efectos secundarios es mayor en las personas de edad avanzada, especialmente si sufren otros trastornos o están tomando AINE en dosis elevadas. Por ejemplo, las personas de edad avanzada son más propensas a sufrir un trastorno cardíaco o vascular (trastorno cardiovascular) o a presentar factores de riesgo para trastornos cardiovasculares. Para las personas con estos trastornos o factores de riesgo, tomar AINE aumenta el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular y de desarrollar coágulos de sangre en las piernas o insuficiencia cardíaca.

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) pueden dañar los riñones. Este riesgo es más elevado para las personas mayores porque los riñones tienden a no funcionar tan bien a medida que se envejece. Este riesgo también es mayor en personas con trastorno renal, insuficiencia cardiaca o un trastorno hepático, los cuales son más frecuentes entre las personas de edad avanzada.

Las personas mayores son más propensas a desarrollar úlceras o hemorragia digestiva cuando toman AINE. Los médicos pueden prescribir un medicamento que ayuda a proteger el aparato digestivo de estos daños. Estos medicamentos son los Inhibidores de la bomba de protones (como omeprazol) y misoprostol. Las personas mayores que toman AINE deben informar de ello a su médico, quien luego los valora periódicamente en búsqueda de efectos secundarios.

Es más probable que los opiáceos causen problemas en las personas de edad avanzada, ya que parecen ser más sensibles a estos fármacos que las personas más jóvenes. Cuando algunas personas mayores toman un opiáceo durante un breve periodo de tiempo, el dolor se reduce y ello les permite una mejor funcionalidad física, pero la funcionalidad mental puede verse perjudicada, causando a veces confusión. Los opiáceos también aumentan el riesgo de caídas y dan lugar a estreñimiento y retención urinaria, que tienden a causar más problemas en las personas mayores.

Muchas personas mayores están comprensiblemente preocupadas por los riesgos de la adicción a opiáceos. Sin embargo, el riesgo es bajo cuando una persona toma opiáceos según lo prescrito, se prescriben dosis bajas y el uso de opiáceos es controlado por un solo profesional de la salud o un equipo de profesionales que brinda atención coordinada a la persona. El riesgo es mayor si la persona ha sido adicta o tiene un familiar cercano que ha sido adicto al alcohol, los opiáceos u otras drogas o fármacos.

Para reducir el riesgo de efectos secundarios, sobre todo cuando se prescriben opiáceos, los médicos dan a los ancianos una dosis baja al principio. La dosis se aumenta lentamente a medida que sea necesario, y sus efectos son monitorizados. Para la gente mayor se utilizan analgésicos que prácticamente no tengan efectos secundarios. Por ejemplo, el paracetamol (acetaminofeno) se prefiere generalmente a los AINE para el tratamiento del dolor crónico leve a moderado sin inflamación. Ciertos AINE (indometacina y ketorolaco) y algunos opiáceos (como la pentazocina) por lo general no se utilizan en las personas mayores debido al riesgo de efectos secundarios.

Algunos tratamientos no farmacológicos y el apoyo de los cuidadores y familiares a veces pueden ayudar a las personas mayores a controlar el dolor y reducir la necesidad de tomar analgésicos.

Las vías del dolor

El dolor producido por una lesión comienza por la estimulación de un receptor del dolor de todos los que hay repartidos por el cuerpo. Estos receptores del dolor transmiten señales como impulsos eléctricos a lo largo de los nervios de la médula espinal y luego hacia arriba hasta el cerebro. En ocasiones, la señal provoca una respuesta refleja (véase figura Arco reflejo: sin pensar). Cuando la señal llega a la médula espinal, se manda otra señal de vuelta a lo largo de los nervios motores hasta el punto donde se originó el dolor, haciendo que los músculos se contraigan sin la participación del cerebro. Esto es lo que sucede cuando al tocar algo muy caliente inadvertidamente, nos apartamos de inmediato de la fuente de calor. Esta reacción refleja es útil para evitar un daño permanente. La señal de dolor también es enviada al cerebro. Solo cuando el cerebro procesa la señal y la interpreta como dolor, la persona toma conciencia de este.

Los receptores del dolor y sus vías nerviosas difieren según las distintas partes del cuerpo. Por este motivo, la sensación de dolor varía según el tipo de lesión y su localización. Por ejemplo, los receptores cutáneos del dolor son numerosos y capaces de transmitir una información precisa, incluyendo tanto la localización de la lesión como la causa de la agresión: cortante, como la herida de un cuchillo, o sorda, como presión, calor, frío o picor. En cambio, los receptores del dolor en los órganos internos, como el intestino, son limitados e imprecisos. Así, el intestino se puede pinchar, cortar o quemar sin generar ninguna señal de dolor. Sin embargo, el estiramiento y la presión en el intestino provocan un dolor intenso, incluso por algo tan inocuo como una burbuja de gas atrapada. El cerebro no puede identificar la localización exacta del dolor intestinal, de manera que resulta difícil de localizar y se suele sentir sobre un área extensa.

Arco reflejo: sin pensar

Un arco reflejo es la vía de transmisión que sigue un reflejo nervioso, como el reflejo rotuliano.

  • 1. Un pequeño golpe en la rodilla estimula los receptores sensitivos, lo que genera una señal nerviosa. La señal viaja a lo largo de un nervio hasta alcanzar la médula espinal.

  • 2. En la médula espinal, la señal se transmite desde el nervio sensitivo a un nervio motor.

  • 3. El nervio motor envía la señal de regreso a un músculo situado en el muslo.

  • 4. El músculo se contrae, haciendo que la pierna se extienda bruscamente.

  • 5. La totalidad del reflejo se produce sin la intervención del cerebro.

Arco reflejo: sin pensar

A veces se siente dolor en una zona del cuerpo que no representa exactamente el sitio del problema, pues se trata de un dolor reflejo desde otra parte del cuerpo. Esto se produce cuando las señales nerviosas procedentes de varias zonas del cuerpo recorren la misma vía nerviosa en la médula espinal y el cerebro. Por ejemplo, el dolor producido por un infarto de miocardio se siente en el cuello, la mandíbula, los brazos o el abdomen. El dolor de un cólico biliar se siente en la parte posterior del hombro.

¿En qué consiste el dolor referido?

Sentir dolor en una zona determinada del organismo no significa siempre que el problema que lo causa esté localizado en dicha zona, ya que el dolor puede ser referido desde otro lugar. Por ejemplo, el dolor debido a un infarto de miocardio se siente como si viniera del brazo, porque la información sensitiva procedente del corazón y la procedente del brazo viajan por las mismas vías nerviosas de la médula espinal.

¿En qué consiste el dolor referido?

Dolor agudo frente a dolor crónico

El dolor puede ser agudo o crónico. El dolor agudo comienza repentinamente y no suele durar mucho tiempo (días, semanas o, algunas veces, unos pocos meses). El dolor crónico dura meses o años.

Cuando es intenso, el dolor agudo causa ansiedad, aceleración de la frecuencia cardíaca, aumento de la frecuencia respiratoria, elevación de la presión arterial, sudoración y dilatación de las pupilas. Aunque no suele tener estos efectos, el dolor crónico causa otros problemas como depresión, alteraciones del sueño, disminución de la energía, poco apetito, pérdida de peso, disminución del deseo sexual y pérdida de interés en algunas actividades.

Causas

Los distintos tipos de dolor tienen diferentes causas.

El dolor nociceptivo es consecuencia de la estimulación de los receptores del dolor. Está causado por una lesión en los tejidos corporales. La mayor parte de los dolores, en particular el dolor agudo, son de tipo nociceptivo.

El dolor neuropático es consecuencia del daño o de la disfunción del encéfalo o de la médula espinal (sistema nervioso central), o de los nervios situados fuera del encéfalo y la médula espinal (sistema nervioso periférico). Puede ocurrir cuando

El dolor nociceptivo o el dolor neuropático o ambos pueden estar relacionados con el dolor agudo o crónico. Por ejemplo, el dolor lumbar crónico y la mayoría de los dolores oncológicos (debidos al cáncer) están causados principalmente por la estimulación continua de los receptores del dolor (dolor nociceptivo). Pero, en estos trastornos, el dolor también puede ser consecuencia del daño a los nervios (dolor neuropático).

Los factores psicológicos también pueden contribuir al dolor. Los factores psicológicos afectan a menudo al modo en que la persona siente el dolor y a lo intenso que le parece, pero estos factores rara vez son la única causa del dolor.

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