Trastornos convulsivos

Revisión completa: mar 2026 PorBola Adamolekun, MD, University of Tennessee Health Science Center | Revisión de colegas realizada porMichael C. Levin, MD, College of Medicine, University of Saskatchewan
Última actualización: mar 2026
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Vista para pacientes

Una crisis convulsiva es una descarga eléctrica anormal desordenada que sucede en el interior de la sustancia gris cortical cerebral e interrumpe transitoriamente la función encefálica normal. En los casos típicos, una crisis produce una alteración de la consciencia, sensaciones anormales, movimientos involuntarios focales o convulsiones (la contracción involuntaria violenta y difusa de los músculos voluntarios). El diagnóstico se basa en la anamnesis y el examen físico y puede incluir los resultados de neuroimágenes, pruebas de laboratorio y electroencefalografía (EEG) para la evaluación de convulsiones de reciente aparición o la evaluación de los niveles de fármacos antiepilépticos (anticonvulsivos) para los trastornos convulsivos previamente diagnosticados. El tratamiento incluye la eliminación de la causa si es posible, fármacos antiepilépticos y cirugía (si los fármacos son ineficaces).

(Véase también Convulsiones febriles y Trastornos convulsivos neonatales.)

Aproximadamente del 8 al 10% de la población tendrá una convulsión en algún momento de su vida; entre el 2 y el 3% de ellos tendrá epilepsia (1).

Definiciones

La terminología relacionada con las convulsiones puede ser confusa.

La epilepsia (también denominada trastorno comicial epiléptico) es un trastorno encefálico crónico caracterizado por crisis convulsivas no provocadas (es decir, no relacionadas con factores estresantes reversibles) recurrentes ( 2) separadas por > 24 h. Una sola convulsión no se considera una epilepsia. A menudo, la epilepsia es idiopática, pero distintos trastornos encefálicos, como malformaciones, accidentes cerebrovasculares y tumores, pueden producir epilepsia sintomática.

La epilepsia sintomática es aquella debida a una causa conocida (p. ej., lesión cerebral prenatal o perinatal, trastornos metabólicos agudos, tumor encefálico, accidente cerebrovascular). Las crisis que causa se llaman crisis epilépticas sintomáticas. Estas crisis son más frecuentes entre los neonatos y los adultos mayores.

La epilepsia criptogénica es la epilepsia que se supone el resultado de una causa específica, pero cuya etiología específica es actualmente desconocida.

Las crisis no epilépticas son provocadas por un trastorno o un factor estresante transitorio (p. ej., trastornos metabólicos, infecciones del sistema nervioso central, trastornos cardiovasculares, toxicidad o abstinencia de fármacos). En los niños, la fiebre puede provocar una convulsión (convulsiones febriles).

Las crisis no epilépticas psicógenas o crisis funcionales (antes denominadas seudocrisis) son síntomas que simulan crisis convulsivas en pacientes con trastornos psicológicos o psiquiátricos pero que no involucran una descarga eléctrica anormal en el encéfalo.

Referencia general

  1. 1. Gavvala JR, Schuele SU. New-Onset Seizure in Adults and Adolescents: A Review. JAMA. 2016;316(24):2657-2668. doi:10.1001/jama.2016.18625

Etiología de los trastornos convulsivos

Las causas frecuentes de crisis convulsivas (véase tabla ) varían según la edad de inicio:

La causa de la convulsión se desconoce en el 50% de las convulsiones en adultos.

En la epilepsia refleja, un trastorno raro, las crisis se desencadenan de forma predecible por un estímulo externo, como sonidos repetitivos, luces centelleantes, videojuegos, música o incluso al tocar ciertas partes del cuerpo (1).

Una causa rara pero cada vez más identificada de convulsiones consideradas criptogénicas es la encefalitis antirreceptor de NMDA (N-metil-d-aspartato), especialmente en las mujeres jóvenes. Este trastorno también causa síntomas psiquiátricos, cinetosis y pleocitosis del líquido cefalorraquídeo. El teratoma ovárico se produce en casi el 60% de las mujeres mayores de 18 años que tienen encefalitis antirreceptor de NMDA (2). Estas crisis suelen ser refractarias a la terapia convencional; la extirpación del teratoma, si existe, y la inmunoterapia controlan las crisis de manera más eficaz que los anticonvulsivos.

Tabla
Tabla

Referencias de la etiología

  1. 1. Stephenson JBP. Reflex Epilepsies: Progress in Understanding, Collection: Current Problems in Epilepsy. Wolf P, Inoue Y, Zifkin B, eds. Eur J Paediatr Neurol. 9(5):373-374, 2005. DOI:10.1016/j/ejpn.2005.03.004

  2. 2. Florance NR, Davis RL, Lam C, et al. Anti–N-methyl-D-aspartate receptor (NMDAR) encephalitis in children and adolescents. Ann Neurol. 66(1):11–18, 2009. doi: 10.1002/ana.21756

Clasificación de los trastornos convulsivos

La clasificación inicial de las convulsiones es por tipo de inicio según las guías internacionales de 2025 (1):

  • Inicio generalizado

  • Inicio focal

  • Desconocido (sea de inicio focal o generalizado)

  • No clasificado

Las convulsiones de inicio focal y las de inicio desconocido (ya sea focal o generalizado) se clasifican luego según si la conciencia está preservada o alterada. La conciencia se define operacionalmente por la percepción y la capacidad de respuesta. El nivel de consciencia no se usa para clasificar las convulsiones de inicio generalizado porque la mayoría de estas convulsiones (pero no todas) afectan la consciencia.

La clasificación destaca que las convulsiones de inicio focal o desconocido pueden progresar a convulsiones tónico-clónicas bilaterales; las convulsiones que fueron generalizadas al inicio se denominan convulsiones tónico-clónicas generalizadas.

Las convulsiones de inicio generalizado se clasifican en (1):

  • Crisis de ausencia

  • Convulsiones tonicoclónicas generalizadas

  • Otras convulsiones generalizadas

Las convulsiones de inicio focal se clasifican en:

  • Convulsión focal con conciencia preservada (FPC)

  • Convulsión focal con alteración de la consciencia

  • Convulsión tónico-clónica focal a bilateral

Cuando se desconoce si las convulsiones son focales o generalizadas, se clasifican como:

  • Se desconoce si es focal o generalizada: convulsión con conciencia preservada

  • Se desconoce si es focal o generalizada: convulsión con conciencia alterada

  • Se desconoce si es focal o generalizada: convulsión tónico-clónica bilateral

Convulsiones de inicio generalizado

En las convulsiones de inicio generalizado, estas se originan en redes de ambos hemisferios. La consciencia suele estar deteriorada, y generalmente se pierde. Las convulsiones de inicio generalizado se deben con mayor frecuencia a trastornos metabólicos y, a veces, a trastornos genéticos.

Las convulsiones de inicio generalizado se clasifican en motoras (convulsiones tónico-clónicas generalizadas y otras convulsiones generalizadas) y no motoras (ausencias). Nótese, sin embargo, que las convulsiones no motoras pueden presentar alguna actividad motora muy focalizada (como parpadeos). En las convulsiones motoras de inicio generalizado, la actividad motora suele ser bilateral desde el inicio. Cuando el inicio bilateral de la actividad motora es asimétrico, puede ser difícil determinar si el inicio es focal o generalizado.

Las convulsiones tónico-clónicas generalizadas pueden clasificarse a su vez según el tipo de convulsión:

  • Sacudidas mioclónicas que evolucionan rápidamente a convulsión tónico-clónica

  • Crisis de ausencia que evolucionan a convulsión tónico-clónica

Otras convulsiones generalizadas pueden clasificarse a su vez según el tipo de convulsión:

  • Convulsiones tonicoclónicas (antes crisis de gran mal)

  • Convulsiones clónicas generalizadas (sacudidas rítmicas sostenidas con pérdida de consciencia)

  • Convulsiones tónicas generalizadas (rigidez generalizada en todos los miembros y sin sacudidas rítmicas)

  • Crisis atónicas generalizadas (pérdida del tono muscular)

  • Convulsiones mioclónicas generalizadas (sacudidas rítmicas breves sin pérdida de consciencia)

  • Convulsiones mioclónicas negativas generalizadas (interrupción abrupta de la actividad muscular en ese momento)

  • Convulsiones mioclónicas-atónicas generalizadas (sacudidas mioclónicas seguidas de atonía)

  • Espasmos epilépticos generalizados (antes, espasmos infantiles)

Las crisis de ausencia (convulsiones no motoras de inicio generalizado) pueden clasificarse a su vez según el tipo de convulsión (definido por la primera característica prominente):

  • Crisis de ausencia atípicas

  • Crisis de ausencia atípica (p. ej., con inicio o terminación menos bruscos o con cambios anormales en el tono)

  • Crisis de ausencia mioclónica (sacudidas mioclónicas precedidas por una breve alteración de la consciencia [ausencia])

  • Mioclonía palpebral con o sin ausencia

Todas las convulsiones de tipo ausencia son de inicio generalizado. Las siguientes características de las crisis de ausencia pueden ayudar a distinguirlas de las convulsiones focales con deterioro de la consciencia, aunque las distinciones no son absolutas:

  • Las crisis de ausencia tienden a ocurrir en personas más jóvenes.

  • Tienden a comenzar y terminar más repentinamente.

  • Por lo general, los automatismos son menos complejos en las crisis de ausencia que en las convulsiones focales con deterioro de la consciencia.

Convulsiones de inicio focalizado

Las convulsiones de inicio focal se originan en redes de un hemisferio y pueden originarse en estructuras subcorticales. Las convulsiones pueden localizarse en sitios específicos o estar distribuidas en un área más amplia.

Las convulsiones de inicio focal se pueden clasificar según el nivel de consciencia:

  • Convulsiones focales con preservación de la consciencia (antes denominadas convulsiones parciales simples, convulsiones focales conscientes)

  • Convulsiones focales con deterioro de la consciencia (antes denominadas convulsiones parciales complejas, convulsiones con deterioro de la consciencia)

Si se deteriora la consciencia durante cualquier momento de la convulsión, esta se clasifica como una convulsión focal con deterioro de la consciencia.

Las convulsiones motoras de inicio focalizado pueden clasificarse según el tipo de convulsión:

  • Automatismos (actividad motora repetitiva, coordinada, sin propósito)

  • Atónica (pérdida focalizada del tono muscular)

  • Clónica (movimientos sacádicos rítmicos focalizados)

  • Espasmos epilépticos (flexión focal o extensión de los brazos y flexión del tronco)

  • Hipercinética (que causa movimientos de pedaleo o hipergesticulación)

  • Mioclónica (irregular, movimientos sacádicos breves focalizados)

  • Tónica (rigidez focal sostenida de un miembro o un lado del cuerpo)

El nivel de consciencia generalmente no se especifica para las convulsiones atónicas o los espasmos epilépticos.

En las convulsiones tónicas de inicio focal, la rigidez involucra solo un miembro o un lado del cuerpo, por lo general sin pérdida de la consciencia. La electroencefalografía (EEG) puede mostrar alteraciones epileptiformes focales contralaterales. Por el contrario, en las convulsiones tónicas de inicio generalizado, la rigidez involucra todos los miembros, con o sin pérdida de la consciencia, y el EEG puede mostrar anomalías epileptiformes bilaterales.

Las convulsiones no motoras de inicio focal pueden subclasificarse en función de la característica prominente más antigua:

  • Disfunción autonómica (efectos autonómicos como sensaciones gastrointestinales [GI], sensación de calor o frío, sofocos, excitación sexual, piloerección y palpitaciones)

  • Acinética (cese del movimiento y falta de respuesta como la característica principal de toda la convulsión)

  • Disfunción cognitiva (deterioro del lenguaje u otros dominios cognitivos o características positivas tales como déjà vu, alucinaciones, ilusiones o distorsiones perceptivas)

  • Disfunción emocional (que se manifiesta con cambios emocionales, como ansiedad, miedo, alegría, otras emociones o signos afectivos sin emociones subjetivas)

  • Disfunción sensorial (que causa sensaciones somatosensoriales, olfativas, visuales, auditivas, gustativas o vestibulares o sensación de calor o frío)

Las convulsiones de inicio focal pueden evolucionar a una convulsión tonicoclónica de inicio generalizado (lo que se denomina convulsión tonicoclónica focal a bilateral; antes denominada convulsión generalizada secundaria), que produce pérdida de la consciencia. Las convulsiones tonicoclónicas focalizadas a bilaterales ocurren cuando una convulsión de inicio focal se propaga y activa todo el cerebro en forma bilateral. La activación puede ocurrir tan rápidamente que la crisis inicial de inicio focal no llegue ni siquiera a ser clínicamente evidente o que sea muy breve.

Convulsiones de origen desconocido (ya sean focales o generalizadas)

Las convulsiones, ya sean focales o generalizadas, generalmente se clasifican como de inicio desconocido cuando falta información sobre su inicio. Si los médicos adquieren más información sobre las convulsiones, estas pueden reclasificarse como de inicio focalizado o generalizado.

Las convulsiones de inicio desconocido pueden ser motoras o no motoras.

Las convulsiones no motoras de inicio desconocido pueden clasificarse además como

  • Convulsión con consciencia preservada

  • Convulsión con deterioro de consciencia

Las convulsiones tónico-clónicas de inicio confuso a menudo se clasifican como convulsiones de inicio desconocido. Las convulsiones que luego se identifican como espasmos epilépticos o convulsiones acinéticas pueden clasificarse inicialmente como convulsiones de inicio desconocido.

La monitorización detallada del videoEEG puede ayudar a aclarar si el inicio es focalizado o generalizado; hacerlo es importante porque si el inicio es focalizado, la causa puede ser tratable.

Referencia de la clasificación

  1. 1. Beniczky S, Trinka E, Wirrell E, et al. Updated classification of epileptic seizures: Position paper of the International League Against Epilepsy. Epilepsia. 2025;66(6):1804-1823. doi:10.1111/epi.18338

Síntomas y signos de los trastornos convulsivos

Un aura es una convulsión focal con conciencia preservada que puede ocurrir por sí sola, pero también puede preceder (y progresar a) una convulsión con conciencia alterada o una convulsión focal a tónico-clónica bilateral. Aura describe cómo se sienten los pacientes cuando comienza una convulsión. Las auras pueden consistir en actividad motora o sensaciones sensitivas, autonómicas o psíquicas (p. ej., parestesias, una sensación epigástrica creciente, un sentimiento de miedo, una sensación de algo ya visto o jamás visto). En el jamás visto ("jamais vu"), un lugar o una experiencia familiar se sienten muy poco familiares—lo contrario del ya visto ("déjà vu"). En la mayoría de los casos, el aura que los pacientes describen es parte de una convulsión focal con consciencia preservada.

La mayoría de las crisis terminan espontáneamente en 1 a 2 min.

Un estado posictal suele ocurrir después de convulsiones de inicio generalizado; se caracteriza por sueño profundo, cefalea, confusión y dolor muscular. El estado posictal dura de minutos a horas. A veces, el estado posictal incluye la parálisis de Todd (un déficit neurológico transitorio, habitualmente debilidad, de la extremidad contralateral al foco epiléptico).

La mayoría de los pacientes parecen normales en términos neurológicos entre las convulsiones, aunque las dosis elevadas de fármacos utilizados para tratar los trastornos epilépticos, en particular los antiepilépticos sedantes, pueden atenuar su estado de vigilia. El deterioro mental progresivo, si ocurre, suele estar relacionado con el trastorno neurológico que dio lugar a las crisis más que con ellas mismas.

Pocas veces las crisis no remiten, como en el estado de mal epiléptico.

Convulsiones de inicio focalizado

Las convulsiones de inicio focalizado pueden ser

  • Convulsiones focales con preservación de la consciencia (antes denominadas convulsiones parciales simples, convulsiones focales conscientes)

  • Convulsiones focales con deterioro de la consciencia (antes denominadas convulsiones parciales complejas, convulsiones focales con alteración de la consciencia)

Durante una convulsión focal con preservación de la consciencia, la consciencia está intacta. Si la consciencia se altera durante cualquier parte de la convulsión, esta se clasifica como convulsión focal con alteración de la consciencia; la consciencia puede verse alterada pero no perderse por completo.

Las convulsiones focales con consciencia preservada causan síntomas motores, sensitivos o psicomotores. Sus síntomas específicos reflejan el área afectada del encéfalo (véase tabla ). En las crisis jacksonianas, los síntomas motores focales comienzan en una mano, luego ascienden por el brazo (marcha jacksoniana). Otras crisis de inicio focal afectan primero la cara, luego se propagan hacia el brazo y a veces a una pierna. Algunas crisis motoras de inicio focal comienzan con una elevación del brazo y un giro de la cabeza hacia el brazo elevado (lo que se llama postura de esgrima).

Tabla
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La epilepsia parcial continua, un trastorno poco frecuente, es una convulsión motora focal continua con consciencia preservada. Suele afectar el brazo, la mano o un lado de la cara; las convulsiones se repiten cada pocos segundos o minutos durante días a años ininterrumpidamente. La causa habitual es la siguiente:

  • En los adultos: una lesión estructural (p. ej., accidente cerebrovascular, tumor)

  • En los niños: un proceso inflamatorio cortical cerebral focal (p. ej., encefalitis de Rasmussen), posiblemente causado por una infección viral crónica o un proceso autoinmunitario.

Perlas y errores

  • Considerar la posibilidad de crisis de inicio focal en pacientes con anormalidades transitorias, inexplicables y recurrentes que parecen psiquiátricas (p. ej., alucinaciones, automatismos de comportamientos complejos, detención del habla, disminución de la capacidad de respuesta con la mirada fija).

Las convulsiones focales con alteración de la consciencia son precedidas a menudo por auras. Durante la crisis, los pacientes pueden tener la mirada perdida. La consciencia está alterada, pero se conserva un cierto conocimiento del medio (p. ej., se apartan resueltamente de los estímulos nocivos). También puede presentarse lo siguiente:

  • Automatismos bucales (masticar o lamerse los labios involuntariamente)

  • Automatismos de las extremidades (p. ej., movimientos sin propósitos automáticos de las manos)

  • Utterance of unintelligible sounds

  • Resistencia a la asistencia

  • Posturas tónicas o distónicas de la extremidad contralateral al foco epileptógeno

  • Desviación de la cabeza y los ojos, habitualmente en una dirección contralateral al foco epileptógeno

  • Movimientos de andar en bicicleta o pedalear de las piernas cuando la convulsión se origina en las regiones cefálicas frontal u orbitofrontal

Los síntomas motores ceden después de 1 a 2 min, pero la confusión y la desorientación pueden continuar durante otro minuto o dos. Es frecuente la amnesia posictal. Los pacientes pueden arremeter dando golpes si se los sujeta con ataduras durante la crisis o mientras recobran la consciencia después de una crisis generalizada. Sin embargo, es infrecuente que haya un comportamiento agresivo no provocado.

Las crisis del lóbulo temporal izquierdo pueden producir alteraciones de la memoria verbal; las crisis del lóbulo temporal derecho pueden producir alteraciones de la memoria espacial visual.

Convulsiones de inicio generalizado

La consciencia suele alterarse o perderse y la función motora es anormal desde el comienzo. Las convulsiones de inicio generalizado se clasifican como convulsiones no motoras (ausencias), convulsiones tónico-clónicas generalizadas u otras convulsiones generalizadas.

Las crisis de ausencia típicas (antes denominadas crisis de pequeño mal) consisten en la pérdida de la consciencia durante 10 a 30 segundos con vibración de los párpados; el tono de la musculatura axial puede desaparecer o no. Los pacientes no se caen ni entran en convulsión; interrumpen bruscamente sus actividades y a continuación las reanudan con la misma brusquedad, sin síntomas posictales ni conocimiento de que haya ocurrido una crisis. Las crisis de ausencia son genéticas y afectan sobre todo a los niños. Por lo general, comienzan entre los 5 y los 15 años y no continúan hasta la edad adulta. Sin tratamiento, es probable que aparezcan muchas veces al día. A menudo, las convulsiones se producen cuando los pacientes están sentados tranquilamente. Pueden ser precipitadas por la hiperventilación y pocas veces ocurren durante el ejercicio. Los resultados del examen neurológico y cognoscitivo suelen ser normales.

Las crisis de ausencia atípicas suelen ocurrir como parte del síndrome de Lennox-Gastaut, una forma grave de epilepsia. Difieren de las crisis de ausencia típicas en lo siguiente:

  • Son más prolongadas.

  • Pueden producirse sacudidas o movimientos automáticos.

  • La pérdida de consciencia es menos completa.

Muchos pacientes tienen antecedentes de una alteración neurológica: retraso del desarrollo, resultados anormales en el examen neurológico y otros tipos de crisis. Por lo general, las crisis de ausencia atípicas continúan en la edad adulta.

El síndrome de Lennox-Gastaut es una forma grave de epilepsia que causa varios tipos de convulsiones; el trastorno suele comenzar antes de los 4 años y puede continuar hasta la edad adulta. Los períodos de convulsiones frecuentes pueden alternar con períodos relativamente libres de convulsiones. La función intelectual y/o el procesamiento de la información están alterados en la mayoría de los pacientes con síndrome de Lennox-Gastaut; el desarrollo puede retrasarse y pueden producirse problemas de conducta. Las causas del síndrome de Lennox-Gastaut incluyen malformaciones cerebrales, esclerosis tuberosa, asfixia perinatal, traumatismo craneoencefálico grave, infección del sistema nervioso central y trastornos genéticos y degenerativos o metabólicos hereditarios. A veces no se identifica una causa.

En las convulsiones de ausencia mioclónicas, los brazos y los hombros se sacuden rítmicamente (3 veces/segundo), provocando un levantamiento progresivo de los brazos. En forma típica, estas convulsiones duran 10 a 60 s. La alteración de la consciencia puede no ser evidente. Las convulsiones de ausencia mioclónicas son causadas por varios trastornos genéticos; a veces la causa es desconocida.

La mioclonía palpebral con o sin ausencias consiste en sacudidas mioclónicas de los párpados y desviación hacia arriba de los ojos, a menudo precipitadas por el cierre de los ojos o por la luz. La mioclonia del párpado puede ocurrir en las convulsiones motoras y no motoras.

Las crisis atónicas ocurren más a menudo en los niños, habitualmente como parte del síndrome de Lennox-Gastaut. Las crisis atónicas se caracterizan por la pérdida breve y completa del tono muscular y la consciencia. Los niños caen o se derrumban, con peligro de sufrir un traumatismo, sobre todo uno de cráneo.

Las crisis tónicas ocurren más a menudo durante el sueño, habitualmente en los niños. La causa suele ser el síndrome de Lennox-Gastaut. La contracción tónica (sostenida) de los músculos axiales puede comenzar brusca o gradualmente y luego puede propagarse a los músculos proximales de las extremidades. El cuello suele estar rígido. Las crisis tónicas suelen durar 10 a 15 s. En las crisis tónicas más prolongadas, pueden presentarse algunas sacudidas clónicas rápidas cuando termina la fase tónica.

En las convulsiones clónicas, se producen sacudidas rítmicas sostenidas de los miembros a ambos lados del cuerpo y, a menudo, de la cabeza, el cuello, la cara y el tronco. Las convulsiones clónicas suelen ocurrir en los lactantes y deben distinguirse de los temblores o los ataques con escalofríos. Las convulsiones clónicas son mucho menos comunes que las tónico-clónicas.

Las crisis tonicoclónicas pueden ser

  • Inicio generalizado (antes principalmente generalizado)

  • Tónico-clónicas focalizadas a bilaterales (antes denominadas secundariamente generalizadas)

Las convulsiones tonicoclónicas de inicio generalizado suelen comenzar con un grito; continúan con pérdida de la consciencia y caída, seguidas por la contracción tónica y luego el movimiento clónico (contracción y relajación alternadas en forma rápida) de los músculos de los miembros, el tronco y la cabeza. A veces hay incontinencia urinaria y fecal, y también se emite espuma por la boca. Este episodio suele durar 1-2 min. No existe aura.

Las convulsiones tónico-clónicas focales a bilaterales comienzan con una convulsión focal con consciencia preservada o alterada y luego progresan y se asemejan a otras convulsiones tónico-clónicas de inicio generalizado.

Las crisis mioclónicas son sacudidas breves como relámpagos de una extremidad, varias extremidades o el tronco. Pueden ser repetitivas y dar lugar a una crisis tonicoclónica. Las sacudidas pueden ser bilaterales o unilaterales. A diferencia de las demás crisis con movimientos motores bilaterales, no se pierde la consciencia a menos que la crisis mioclónica progrese a una crisis tónico-clónica generalizada.

En las convulsiones mioclónico-atónicas, las extremidades o el tronco se sacuden brevemente y luego se vuelven flácidos (crisis de caída). Las convulsiones generalmente comienzan a la edad de 6 meses a 6 años. En dos tercios de los niños, las convulsiones febriles y las convulsiones de inicio generalizado preceden a la convulsión mioclónico-atónica. Estas convulsiones son más comunes entre los hombres (2:1). El desarrollo y la cognición suelen ser normales, pero pueden deteriorarse cuando comienzan las convulsiones o después.

Las crisis mioclónicas negativas se caracterizan por una interrupción abrupta y breve de la actividad muscular tónica sin evidencia de mioclonías previas. Las convulsiones se manifiestan con breves pérdidas de tono que interfieren con la coordinación motora y pueden causar caídas o la caída de objetos de las manos.

El término espasmos epilépticos ha sustituido al término espasmos infantiles, aunque espasmos infantiles puede usarse para los espasmos epilépticos que ocurren durante la lactancia. El inicio de los espasmos epilépticos puede ser focal, generalizado o desconocido. Se caracterizan por la flexión y aducción súbitas de los brazos y la flexión hacia adelante del tronco. Las crisis duran algunos segundos y se repiten muchas veces al día. Sólo suceden durante los 5 primeros años de vida y a continuación se ven sustituidas por otros tipos de convulsiones. Normalmente, hay malformaciones congénitas.

La epilepsia mioclónica juvenil es un tipo de crisis mioclónico-tónico-clónica generalizada caracterizada por convulsiones mioclónicas, tónico-clónicas y de ausencia. En los casos típicos, surgen durante la adolescencia. Las crisis comienzan con unas cuantas sacudidas mioclónicas sincrónicas bilaterales, seguidas en el 90% de los casos por crisis tonicoclónicas generalizadas. A menudo ocurren por la mañana al despertarse, en especial tras la privación de sueño o el consumo de alcohol (1). Las crisis de ausencia ocurren en alrededor de un tercio de los pacientes.

Las convulsiones febriles, por definición, ocurren con fiebre y en ausencia de una infección intracraneal; se las considera un tipo de crisis provocada. Afectan a alrededor del 4% de los niños de 3 meses a 5 años (2). Las convulsiones febriles benignas son crisis tonicoclónicas breves, solitarias y generalizadas. Las convulsiones febriles complicadas son focales, duran > 15 min, o se repiten 2 veces en < 24 h. En total, el 2% de los pacientes con convulsiones febriles desarrolla un trastorno convulsivo posterior. Sin embargo, la incidencia de trastornos convulsivos y el riesgo de crisis febriles recurrentes son mucho mayores entre los niños con alguno de los siguientes:

  • Convulsiones febriles complicadas

  • A veces, otras alteraciones neurológicas

  • Comienzo antes del año

  • Antecedentes familiares de crisis convulsivas

El síndrome de Dravet (epilepsia mioclónica grave de la lactancia) aparece durante la primera infancia; tiene componentes focales y generalizados (y por lo tanto no es claramente un tipo de crisis de inicio generalizado o focal). Las convulsiones focales inducidas por la fiebre predominan durante el primer año de vida; hacia los 2 años las convulsiones evolucionan a convulsiones mioclónicas generalizadas. Las convulsiones mioclónicas generalizadas se caracterizan por frecuentes sacudidas mioclónicas bilaterales con predominio axial que se acompañan de estallidos de actividad de ondas y espigas bisincrónicas en el EEG. Otros tipos de convulsiones que se presentan en el síndrome de Dravet incluyen las crisis de ausencia atípica y las convulsiones clónicas, atónicas y tónico-clónicas. El desarrollo psicomotor se detiene o involuciona durante el segundo año de vida. Las mutaciones en el gen de la subunidad alfa-1 del canal de sodio (SCN1A) aparecen en > 80% de los pacientes con síndrome de Dravet (3).

Estado de mal epiléptico

El estado de mal epiléptico es una actividad convulsiva continua; el inicio puede ser generalizado o focalizado. El estado de mal epiléptico tiene 2 formas:

  • Convulsivo (con síntomas motores prominentes)

  • No convulsivo (sin síntomas motores prominentes)

El estado de mal epiléptico convulsivo generalizado comprende al menos 1 de los siguientes:

  • Actividad convulsiva tónico-clónica que dura > 5 minutos (4)

  • 2 crisis entre las cuales los pacientes no recuperan totalmente la consciencia

Una definición más antigua de una duración de > 30 minutos fue modificada para fomentar una identificación y un tratamiento más rápidos. Las crisis generalizadas sin tratar que duran > 60 min pueden causar una lesión cerebral permanente; si se dilatan más en el tiempo, existe el peligro de que sean mortales. Aumenta la frecuencia cardíaca y la temperatura. El estado de mal epiléptico convulsivo generalizado tiene muchas causas, entre ellas, el accidente cerebrovascular, las alteraciones metabólicas, la infección, las encefalopatías hipóxicas, el traumatismo de cráneo y la suspensión brusca de los fármacos anticonvulsivos.

El estado de mal epiléptico no convulsivo incluye el estado de mal epiléptico de inicio focalizado y el estado de mal epiléptico de ausencias. Estas convulsiones a menudo se manifiestan como episodios prolongados de confusión del estado mental. Puede ser necesario el EEG para el diagnóstico.

Muerte súbita inesperada en la epilepsia

La muerte súbita inexplicada en la epilepsia (SUDEP) es una rara complicación de las convulsiones. Se desconoce la causa, pero se cree que implica una combinación de arritmias cardíacas, anomalías respiratorias y disfunción cerebral (5).

La muerte súbita inesperada en la epilepsia generalmente ocurre a la noche o durante el sueño.

El riesgo de muerte súbita inesperada en la epilepsia es más alto en los pacientes que tienen convulsiones frecuentes, especialmente convulsiones tónico-clónicas generalizadas. Ninguna medida ha demostrado disminuir el riesgo de muerte súbita inesperada en la epilepsia, pero se recomienda el mejor control posible de las convulsiones.

Referencias de los signos y síntomas

  1. 1. Yetkin O, Zarowski M, Baykan B. Sleep in juvenile myoclonic epilepsy: A systematic review. Seizure. 2024;120:61-71. doi:10.1016/j.seizure.2024.05.014

  2. 2. Nelson KB, Ellenberg JH. Prognosis in children with febrile seizures. Pediatrics. 61 (5):720–727, 1928. https://doi.org/10.1542/peds.61.5.720

  3. 3. He Z, Li Y, Zhao X, Li B. Dravet syndrome: Advances in etiology, clinical presentation, and treatment. Epilepsy Res.188:10704, 20221. doi: 10.1016/j.eplepsyres.2022.107041

  4. 4. Trinka E, Cock H, Hesdorffer D, et al. A definition and classification of status epilepticus: Report of the ILAE (International League Against Epilepsy) Task Force on Classification of Status Epilepticus. Epilepsia. 56 (10):1515–1523, 2015. doi: 10.1111/epi.13121 Epub 2015 Sep 4.

  5. 5. Manolis TA, Manolis AA, Melita H, Manolis AS. Sudden unexpected death in epilepsy: The neuro-cardio-respiratory connection. Seizure. 2019;64:65-73. doi:10.1016/j.seizure.2018.12.007

Diagnóstico de los trastornos convulsivos

  • Anamnesis y examen físico

  • Para las crisis de inicio reciente: estudios de neuroimagen, pruebas de laboratorio y EEG

  • Para los trastornos convulsivos conocidos, concentraciones de fármacos anticonvulsivos

La evaluación debe determinar si el evento fue una crisis convulsiva u otra causa de obnubilación (p. ej., un evento no epiléptico psicógeno, síncope), y luego identificar las posibles causas o desencadenantes. El examen de los pacientes con crisis de inicio reciente debe realizarse en un departamento de emergencias; a veces, puede dárseles de alta tras someterse a una evaluación minuciosa. Aquellos que sufren un trastorno convulsivo conocido pueden ser evaluados en el consultorio de un médico.

Anamnesis

Se debe preguntar a los pacientes que han tenido una convulsión acerca de sensaciones inusuales que sugieran un aura y, por lo tanto, una crisis convulsiva de inicio focal, y sobre las manifestaciones convulsivas típicas. Los pacientes normalmente no recuerdan las crisis de inicio generalizado, por lo que una descripción de la propia convulsión se debe obtener de los testigos.

Las manifestaciones de otros trastornos, como la isquemia encefálica global súbita (p. ej., debida a una arritmia ventricular) o el síncope convulsivo, pueden asemejarse a las de una crisis convulsiva, que incluyen la pérdida de consciencia y algunas sacudidas mioclónicas.

Perlas y errores

  • En los pacientes que súbitamente pierden la consciencia, considerar la isquemia encefálica global (p. ej., debida a una arritmia ventricular) o el síncope, incluso si los observadores describen sacudidas mioclónicas.

La anamnesis debe contener información sobre la primera crisis y las siguientes (p. ej., duración, frecuencia, evolución secuencial, intervalo más largo y más corto entre las crisis, aura, estado posictal, factores precipitantes). Se debe interrogar a los pacientes sobre los factores de riesgo para las crisis:

  • Traumatismo de cráneo o infección del sistema nervioso central previos

  • Trastornos neurológicos conocidos

  • Consumo o abstinencia de sustancias, en particular drogas ilícitas

  • Abstinencia alcóholica

  • Falta de consumo de los antiepilépticos

  • Antecedentes familiares de crisis convulsivas o trastornos neurológicos

Todos los pacientes deben ser interrogados sobre desencadenantes raros (p. ej., sonidos repetitivos, luces parpadeantes, videojuegos, tocar ciertas partes del cuerpo) y sobre la privación del sueño, que pueden descender el umbral convulsivo.

Examen físico

En pacientes que han perdido la consciencia, la mordedura de lengua, la incontinencia (p. ej., orina o heces en la ropa) o una confusión prolongada después de la pérdida de la consciencia sugieren una convulsión.

En las crisis no epilépticas psicógenas, la actividad muscular generalizada y la falta de respuesta a los estímulos verbales pueden sugerir a primera vista crisis tonicoclónicas generalizadas. Sin embargo, habitualmente pueden diferenciarse de las crisis epilépticas por las características clínicas:

  • Las crisis no epilépticas psicógenas suelen durar más (varios minutos o más).

  • Suele faltar la confusión posictal.

  • No suele ocurrir una actividad típica de la fase tónica, seguida por la fase clónica.

  • La progresión de la actividad muscular no se corresponde con los patrones de las convulsiones verdaderas (p. ej., los movimientos de las crisis no epilépticas psicógenas pueden incluir sacudidas que pasan de un lado al otro y viceversa, y movimientos pélvicos exagerados).

  • La intensidad puede aumentar y disminuir.

  • Los signos vitales, incluida la temperatura, suelen mantenerse normales.

  • Los pacientes a menudo resisten activamente la apertura ocular pasiva.

El examen físico pocas veces indica la causa cuando las convulsiones son idiopáticas, pero puede proporcionar pistas cuando las crisis son sintomáticas (véase tabla ).

Tabla
Tabla

Estudios complementarios

Se realizan de rutina estudios complementarios, pero los resultados normales de las pruebas no excluyen necesariamente un trastorno convulsivo. Por lo tanto, el diagnóstico puede basarse en última instancia en la anamnesis y el examen físico. La elección de los estudios complementarios depende de los resultados de la anamnesis y el examen neurológico.

Si los pacientes tienen un trastorno convulsivo conocido y los resultados del examen son normales o no muestran cambios, hacen falta pocas pruebas excepto la medición de las concentraciones de anticonvulsivos en sangre. Sin embargo, si los pacientes tienen síntomas o signos de un posible trastorno nuevo (p. ej., traumatismo, infección, trastorno metabólico), se indican pruebas adicionales.

Cuando las crisis son de inicio reciente o los resultados del examen son anormales por primera vez, se necesitan neuroimágenes. Los pacientes con crisis comiciales de inicio reciente o manifestaciones atípicas requieren también pruebas de laboratorio, que incluyen pruebas de sangre (electrólitos séricos, nitrógeno ureico en sangre [BUN] y concentraciones de creatinina, glucosa, calcio, magnesio y fosfato), y pruebas de función hepática.

Pueden realizarse otros estudios sobre la base de los trastornos que se sospechan clínicamente:

  • Meningitis o infección del sistema nervioso central con resultados normales en neuroimágenes: se necesita una punción lumbar.

  • Consumo no declarado de drogas ilícitas que pueden producir las crisis o contribuir a ellas: se puede realizar un examen de detección de drogas, aunque esta práctica es controvertida porque los resultados positivos no indican causalidad y las conclusiones de las pruebas pueden ser inexactas.

  • Epilepsia criptogénica: se deben considerar las pruebas para detectar anticuerpos antirreceptor de NMDA, especialmente en mujeres jóvenes; un resultado positivo sugiere encefalitis por anticuerpos antirreceptor de NMDA.

  • Síncope que simula convulsiones (p. ej., con sacudidas mioclónicas): el ECG puede detectar arritmias cardíacas no sospechadas.

Las neuroimágenes (típicamente TC de cráneo, pero a veces RM) por lo general se realizan de inmediato para descartar una masa o una hemorragia. La TC puede postergarse y posiblemente evitarse en los niños con convulsiones febriles típicas cuyo estado neurológico retorna rápidamente a la normalidad.

Cuando la TC es negativa se recomienda una RM de seguimiento. La resonancia magnética ofrece mejor resolución de los tumores y abscesos encefálicos y puede detectar displasias corticales, trombosis venosa cerebral y encefalitis herpética. Una RM de cerebro con protocolo para epilepsia utiliza secuencias T1 y T2 coronales de alta resolución, que pueden detectar atrofia o esclerosis del hipocampo. La RM puede detectar algunas causas frecuentes de crisis, como malformaciones del desarrollo cortical en niños pequeños y esclerosis temporal mesial, gliosis traumática y tumores pequeños en adultos.

La electroencefalografía (EEG) es fundamental en el diagnóstico de las crisis epilépticas, sobre todo de las crisis focales con alteración de la consciencia o del estado de mal epiléptico de ausencia, cuando el EEG puede ser el indicio más definitivo de una crisis. Este estudio puede detectar alteraciones epileptiformes (puntas, ondas lentas, complejos punta-onda lenta, complejos polipunta-onda lenta). Las alteraciones epileptiformes pueden ser bilaterales, simétricas y sincrónicas en los pacientes con convulsiones de inicio generalizado y pueden ser localizadas en los pacientes con convulsiones de inicio focalizado.

Los hallazgos en el EEG pueden incluir los siguientes:

  • Alteraciones epileptiformes en focos del lóbulo temporal entre las crisis (interictales) en las crisis focales con alteración de la consciencia que se originan en el lóbulo temporal

  • Descargas simétricas bilaterales interictales de actividad epileptiforme de 4 a 7 Hz en las crisis tonicoclónicas generalizadas

  • Descargas epileptiformes focalizadas en las convulsiones tonicoclónicas focalizadas a bilaterales

  • Descargas de punta-onda lenta que aparecen bilateralmente a una frecuencia de 3/seg y habitualmente actividad EEG basal normal en las crisis de ausencia típicas

  • Descargas de punta-onda lenta por lo general con una frecuencia < 2,5/seg, típicamente con desorganización interictal de la actividad de fondo y ondas lentas difusas, en las crisis de ausencia atípicas

  • En la epilepsia mioclónica juvenil, una anomalía de polipunta-onda lenta con una frecuencia de 4 a 6 Hz

Sin embargo, un EEG normal no puede excluir el diagnóstico de las crisis epilépticas, que debe realizarse clínicamente. El EEG tiene menos probabilidades de detectar una alteración cuando las crisis son poco frecuentes. El EEG inicial puede detectar una alteración epileptiforme sólo en el 30 al 55% de los pacientes con un trastorno epiléptico conocido (1). El EEG seriado puede detectar alteraciones epileptiformes hasta en un 80 a 90% de estos pacientes (1). En general, el EEG seriado con tiempos de registro prolongados y con pruebas realizadas después de la privación de sueño aumenta mucho la posibilidad de detectar alteraciones epileptiformes en los pacientes con crisis epilépticas.

La monitorización combinada con video y EEG, por lo general durante 2 a 7 días, registra simultáneamente la actividad del EEG y el comportamiento clínico. Es la prueba de EEG más sensible disponible y, por lo tanto, es útil para diferenciar las crisis epilépticas de las no epilépticas.

El EEG ambulatorio se puede realizar en el domicilio de los pacientes. Puede ser útil si las convulsiones se repiten en pacientes que no pueden ingresar al hospital por un período prolongado.

Cuando se considera la resección quirúrgica de áreas de focos epilépticos, se encuentan disponibles las pruebas de imágenes avanzadas para identificar estas áreas en los centros para epilepsia:

  • La RM funcional puede identificar la corteza funcionante y guiar la resección quirúrgica.

  • Cuando el EEG y la RM no identifican claramente el foco epileptógeno, la magnetoencefalografía con EEG (denominada imágenes con fuente magnética) puede localizar la lesión y evitar así la necesidad de procedimientos de mapeo intraoperatorio masivo.

  • La TC por emisión de fotón único (SPECT) durante el período ictal puede detectar un aumento de la perfusión en el foco epiléptico y ayudar a localizar el área que se extirpará quirúrgicamente. Como se necesita una inyección de contraste en el momento en que el sujeto sufre la crisis, los pacientes deben ser internados para la monitorización continua de video-EEG cuando se realiza la SPECT durante el período ictal.

Las pruebas neuropsicológicas pueden ayudar a identificar déficits funcionales antes y después de la cirugía y ayudar a predecir el pronóstico social y psicológico y la capacidad de rehabilitación.

Referencia del diagnóstico

  1. 1. Greenblatt AS, Beniczky S, Nascimento FA. Pitfalls in scalp EEG: Current obstacles and future directions. Epilepsy Behav. 2023;149:109500. doi:10.1016/j.yebeh.2023.109500

Tratamiento de los trastornos convulsivos

  • Eliminar la causa siempre que sea posible

  • Evitar situaciones en las que la pérdida de conciencia podría poner en peligro la vida, o tomar precauciones durante dichas situaciones

  • Fármacos para controlar las crisis

  • Cirugía cuando 2 fármacos en dosis terapéuticas no controlan las crisis

Para obtener información sobre medicamentos anticonvulsivos específicos, véase Medicamentos anticonvulsivos.

El tratamiento óptimo de las convulsiones consiste en eliminar la causa siempre que sea posible.

Si la causa no se puede corregir ni identificar, a menudo se requieren medicamentos anticonvulsivos, sobre todo después de una segunda crisis. La utilidad de los medicamentos anticonvulsivos después de una única crisis es controvertida, y deben discutirse con el paciente los riesgos y beneficios. Como el riesgo de una crisis posterior es bajo, puede diferirse el uso de fármacos hasta que ocurra una segunda crisis, sobre todo en los niños, en quienes ciertos fármacos anticonvulsivos causan problemas importantes de conducta y aprendizaje.

Medidas generales

Durante una crisis tonicoclónica generalizada, es posible prevenir las lesiones aflojando la ropa que rodea el cuello y colocando una almohada debajo de la cabeza. Es inútil intentar proteger la lengua y es probable que se dañen los dientes del paciente o los dedos de la persona que lo atienda. Los pacientes deben ser girados y colocados sobre su lado para prevenir la aspiración. Estas medidas deben ser enseñadas a los familiares y compañeros de trabajo del paciente.

Como las crisis de inicio focal pueden convertirse en generalizadas, los pacientes corren riesgo de perder el conocimiento y, por lo tanto, se les debe aconsejar que adopten ciertas precauciones. Hasta que no se controlen las crisis, los pacientes deben asbtenerse de cualquier actividad en la que la pérdida de la consciencia pueda poner en peligro la vida (p. ej., bucear, nadar, escalar, operar herramientas de potencia, bañarse en una bañera). Una vez que las crisis han sido completamente controladas (típicamente, durante > 6 meses), muchas de estas actividades pueden reanudarse cuando se empleen las protecciones oportunas (p. ej., un salvavidas), y habría que animar a los pacientes para que lleven una vida normal, que incluya ejercicio y actividades sociales.

En unos pocos estados de los Estados Unidos, los médicos deben notificar al Departamento de Vehículos Motorizados sobre los pacientes con convulsiones. La mayoría de los estados permite la conducción de un automóvil después de que los pacientes hayan estado libres de convulsiones durante un plazo de 6 meses a 1 año.

Se debe aconsejar a los pacientes que eviten el consumo de cocaína y otras drogas ilícitas que pueden desencadenar crisis (p. ej., fenciclidina, anfetaminas), así como el alcohol. Algunos fármacos (p. ej., haloperidol, fenotiazinas) pueden descender el umbral convulsivo y deben evitarse siempre que sea posible.

Los miembros de la familia deben aprender unos criterios de sentido común en su relación con el paciente. La sobreprotección debe reemplazarse por un apoyo comprensivo hacia el paciente para mitigar los sentimientos negativos (p. ej., de inferioridad o de timidez); hay que suprimir cualquier trato como inválidos hacia ellos.

La atención institucional rara vez es aconsejable y debe reservarse para pacientes con deterioro cognitivo grave y para pacientes con convulsiones tan frecuentes y violentas, a pesar del tratamiento con medicamentos anticonvulsivos, que no pueden ser atendidos en otro lugar.

Estado de mal epiléptico convulsivo generalizado

La mayoría de las convulsiones tonicoclónicas de inicio generalizado y de focalizado a generalizado remiten espontáneamente en varios minutos y no requieren un tratamiento farmacológico de urgencia. Sin embargo, la mayoría de las crisis que duran > 5 min (p. ej., estado de mal epiléptico) requieren fármacos para detenerlas, con monitorización del estado respiratorio. Es necesaria la intubación endotraqueal si existe algún indicio de alteración en las vías aéreas.

Cuanto antes se inicien los medicamentos anticonvulsivos para el estado de mal epiléptico, mejor y más fácilmente se controlan las crisis.

Debe obtenerse rápidamente una vía intravenosa y administrarse a los pacientes una benzodiazepina intravenosa (lorazepam, midazolam o diazepam) de la siguiente manera:

  • Lorazepam 0,05 a 0,1 mg/kg IV (por lo general en una dosis de 4 mg IV en adultos) a una velocidad de 2 mg/min. A veces hay que recurrir a una dosis mayor.

  • Midazolam 0,2 mg/kg hasta 10 mg.

  • Diazepam en bolo IV de 0,15 a 0,2 mg/kg hasta 10 mg.

Después de administrar la benzodiazepina, está indicado un segundo medicamento anticonvulsivo de acción más prolongada.

No hay consenso o guía basada en la evidencia que indique qué fármaco de acción más prolongada se prefiere (1). Muchos expertos eligen uno de los siguientes:

  • Fosfenitoína

  • Fenitoína

  • Levetiracetam (2)

  • Valproato

Cuando no puede obtenerse un acceso IV, las opciones incluyen fosfenitoína IM y benzodiazepinas sublinguales o rectales.

El estado de mal epiléptico refractario se define como las crisis que persisten después de usar lorazepam y fenitoína (u otro segundo fármaco anticonvulsivo).

Las recomendaciones para un tercer fármaco anticonvulsivo varían e incluyen lacosamida, fenobarbital, propofol, midazolam, levetiracetam y valproato.

En este momento, si el estado de mal no ha cedido, son necesarias la intubación y la anestesia general. El anestésico óptimo a utilizar es controvertido, pero muchos médicos usan propofol o pentobarbital. Las infusiones deben continuarse durante al menos 24 horas y luego detenerse para poder repetir y reevaluar el EEG. Pocas veces se utilizan anestésicos inhalatorios.

Después del tratamiento inicial, debe identificarse y tratarse la causa del estado de mal epiléptico.

Síndrome de Dravet

El síndrome de Dravet es un síndrome epiléptico poco frecuente que generalmente comienza en la lactancia y se caracteriza por convulsiones refractarias de múltiples tipos y problemas del neurodesarrollo. Se trata con valproato (o divalproex), clobazam, topiramato y zonisamida, pero las convulsiones a menudo son refractarias a estos fármacos (3). Otros medicamentos para el tratamiento complementario de las convulsiones en el síndrome de Dravet incluyen solución oral de cannabidiol, stiripentol con clobazam y fenfluramina. La carbamazepina, la fenitoína y la lamotrigina pueden empeorar la mioclonía y exacerbar las convulsiones.

Convulsiones postraumáticas

Si un traumatismo de cráneo produce una lesión estructural importante (p. ej., contusiones grandes o hematomas, laceración encefálica, fractura de cráneo deprimida) o si el puntaje en la Escala de Coma de Glasgow es < 10, se administran anticonvulsivos de forma profiláctica. Estos fármacos reducen el riesgo de convulsiones durante la primera semana después del traumatismo, pero no previenen la epilepsia postraumática permanente meses o años más tarde. Deben ser suspendidos después de 1 semana a menos que aparezcan convulsiones.

Cuando las convulsiones comienzan > 1 semana después del traumatismo de cráneo, es necesario el tratamiento farmacológico a largo plazo.

Calculadora clínica

Terapia anticonvulsiva a largo plazo

Los medicamentos anticonvulsivos pueden ser necesarios por tiempo indefinido en pacientes con epilepsia mioclónica juvenil y en pacientes que requieren múltiples anticonvulsivos para el control de las convulsiones. Sin embargo, muchos tipos de crisis (p. ej., la mayoría de las convulsiones febriles, las convulsiones debido a la abstinencia alcohólica, las convulsiones que no se repiten) no requieren tratamiento con antiepilépticos.

Ningún anticonvulsivo aislado controla todos los tipos de crisis epilépticas, y cada paciente requiere fármacos diferentes. Algunos necesitan múltiples fármacos. Los agentes preferidos varían según el tipo de crisis epiléptica (véase tabla ). Para obtener información más detallada sobre el tratamiento, véase Elección de la medicación para el tratamiento a largo plazo.

Cirugía

Hasta el 40% de los pacientes con epilepsia de reciente comienzo tendrán convulsiones que se volverán refractarias al tratamiento médico; estos pacientes pueden ser candidatos para la cirugía convencional de la epilepsia (4). Cuando las crisis se originan en un área focal resecable del encéfalo, la resección del foco epiléptico habitualmente mejora mucho el control de las crisis. Si el foco está en el lóbulo temporal anteromesial, la resección elimina las crisis en aproximadamente el 60% de los pacientes (5). Después de la resección quirúrgica, algunos pacientes permanecen libres de convulsiones sin recibir medicamentos anticonvulsivos. Sin embargo, muchos aún requieren medicación, pero en dosis reducidas y posiblemente como monoterapia.

Dado que la cirugía requiere evaluaciones extensas y monitorización, es mejor tratar a estos pacientes en centros especializados en epilepsia.

Estimulación del nervio vago

La estimulación eléctrica intermitente del nervio vago con un dispositivo implantado semejante a un marcapasos (estimulador del nervio vago) se utiliza como coadyuvante del tratamiento farmacológico en pacientes con crisis intratables que no son candidatos para la cirugía de la epilepsia convencional. Este procedimiento reduce el número de convulsiones de inicio focal en 50% en alrededor del 40% de los pacientes (6). Una vez programado el dispositivo, los pacientes pueden activarlo con un imán para abortar una crisis inminente.

Los efectos adversos de la estimulación del nervio vago incluyen que la voz se vuelve más grave durante la estimulación, tos y ronquera. Las complicaciones son mínimas.

La duración de su eficacia no está clara.

Neuroestimulación sensible del encéfalo

El sistema de neuroestimulación responsiva es un dispositivo neuroestimulador programable que se implanta dentro del cráneo y se conecta a electrodos de tira cortical que se colocan quirúrgicamente en hasta 2 focos epileptógenos del encéfalo (5). Cuando el sistema detecta actividad epileptiforme, estimula directamente el foco de las convulsiones, con el objetivo de interrumpir la actividad epileptiforme antes de que se desarrolle una convulsión. Es un tratamiento quirúrgico adyuvante para reducir la frecuencia de las convulsiones en adultos con convulsiones de inicio focalizado que no responden al tratamiento médico cuando no son candidatos para la cirugía de epilepsia convencional.

La neuroestimulación cerebral responsiva ha sido eficaz para el tratamiento de diferentes tipos de convulsiones farmacorresistentes (7, 8, 9). En 1 estudio, la neuroestimulación responsiva redujo las convulsiones en un 75% (mediana) en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal mesial o neocortical durante un período de seguimiento medio de 7,5 años, y en un 35% de los casos la frecuencia de las crisis se redujo en ≥ 90% (8).

Referencias del tratamiento

  1. 1. Kapur J, Jordan Elm J, Chamberlain JM, et al. Randomized trial of three anticonvulsant medications for status epilepticus. N Engl J Med. 381 (22):2103–2113, 2019. doi: 10.1056/NEJMoa1905795

  2. 2. Chamberlain JM, Kapur J, Shinnar S, et al. Efficacy of levetiracetam, fosphenytoin, and valproate for established status epilepticus by age group (ESETT): A double-blind, responsive-adaptive, randomised controlled trial. Lancet. 395 (10231):1217–1224, 2020. doi: 10.1016/S0140-6736(20)30611-5

  3. 3. Wheless JW, Fulton SP, Mudigoudar BD. Dravet Syndrome: A Review of Current Management. Pediatr Neurol. 2020;107:28-40. doi:10.1016/j.pediatrneurol.2020.01.005

  4. 4. Engel J Jr. The current place of epilepsy surgery, Curr Opin Neurol. 31 (2):192–197, 2018. doi: 10.1097/WCO.0000000000000528

  5. 5. Dalio MTRP, Velasco TR, Feitosa IDF, et al. Long-term outcome of temporal lobe epilepsy surgery in 621 patients with hippocampal sclerosis: Clinical and surgical prognostic factors. Front Neurol. 13:833293, 2022. doi: 10.3389/fneur.2022.833293

  6. 6. Toffa DH, Touma L, El Meskine T, et al. Learnings from 30 years of reported efficacy and safety of vagus nerve stimulation (VNS) for epilepsy treatment: A critical review. Seizure. 83:104–123, 2020. doi: 10.1016/j.seizure.2020.09.027

  7. 7. Bergey GK, Morrell MJ, Mizrahi EM et al. Long-term treatment with responsive brain stimulation in adults with refractory partial seizures. Neurology. 84:810–817, 2015. doi: 10.1212/WNL.0000000000001280

  8. 8. Nair, DR, Laxer KD, Weber PB, et al. Nine-year prospective efficacy and safety of brain-responsive neurostimulation for focal epilepsy. Neurology. 95 (9):e1244-e1256, 2020. doi: 10.1212/WNL.0000000000010154

  9. 9. Geller EB, Skarpaas TL, Gross RE, et al. Brain-responsive neurostimulation in patients with medically intractable mesial temporal lobe epilepsy. Epilepsia. 58 (6):994–1004, 2017. doi: 10.1111/epi.13740

Pronóstico de los trastornos convulsivos

Con el tratamiento farmacológico, aproximadamente el 60% de los pacientes quedan libres de convulsiones (1). Alrededor del 60% de los pacientes cuyas crisis están bien controladas con los fármacos pueden interrumpir finalmente el tratamiento y permanecer sin crisis (2).

Se considera que los ataques epilépticos están resueltos cuando los pacientes han estado libres de crisis durante 10 años y no han tomado medicamentos anticonvulsivos durante los últimos 5 años de ese período.

Referencias del pronóstico

  1. 1. Manford M. Recent advances in epilepsy. J Neurol. 2017;264(8):1811-1824. doi:10.1007/s00415-017-8394-2

  2. 2. Specchio LM, Tramacere L, La Neve A, Beghi E. Discontinuing antiepileptic drugs in patients who are seizure free on monotherapy. J Neurol Neurosurg Psychiatry. 2002;72(1):22-25. doi:10.1136/jnnp.72.1.22

Conceptos clave

  • Las causas comunes de convulsiones incluyen lesiones del parto, trastornos neurológicos hereditarios o congénitos y trastornos metabólicos en niños < 2 años; trastornos convulsivos idiopáticos en niños de 2 a 14 años; traumatismo craneoencefálico, abstinencia alcohólica, tumores, accidentes cerebrovasculares y causas desconocidas (en el 50%) en adultos; además de tumores y accidentes cerebrovasculares en las personas mayores.

  • La pérdida del conocimiento es probable que sea causada por convulsiones si los pacientes se han mordido la lengua, están incontinentes (p. ej., orina o heces en la ropa) o están confundidos durante mucho tiempo después de la pérdida de la consciencia.

  • Evaluar los pacientes con crisis comiciales para signos de posibles causas (p. ej., fiebre, rigidez de nuca, déficits neurológicos focales, irritabilidad neuromuscular e hiperreflexia, edema de papila), y realizar las pruebas complementarias en consecuencia.

  • Evaluar todos los pacientes que tienen crisis nuevas o inexplicables con neuroimágenes, EEG y pruebas de sangre.

  • Hablar con los pacientes sobre cómo evitar o minimizar los desencadenantes de las crisis y cómo reducir el riesgo sus complicaciones (p. ej., al no conducir y no nadar solo).

  • Los antiepilépticos pueden requerirse por tiempo indefinido, pero muchos tipos de crisis (p. ej., la mayoría de las convulsiones febriles, las convulsiones debido a la abstinencia alcohólica, las convulsiones que no se repiten) no requieren tratamiento con antiepilépticos.

  • Considerar la posibilidad de la cirugía si las dosis terapéuticas de ≥ 2 antiepilépticos no controlan las convulsiones.

  • Considere la estimulación del nervio vago o el sistema de neuroestimulación sensible si los pacientes tienen convulsiones que no responden al tratamiento médico y es posible que no sean candidatos para procedimientos neuroquirúrgicos.

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